lunes, 1 de septiembre de 2014

¿QUE ES LA ARQUITECTURA?

Aprender versus enseñas… O…
¿Qué coño es eso de la arquitectura?
- Alberto López -


Un análisis con conocimiento de causa.
(Nota del blog)

Será que la arquitectura ha ido perdiendo su esencia hasta acabar diseñando edificios faltos de esa estética que por ejemplo le imprimieron en la antigua Grecia a sus edificios. O en tiempos modernos arquitectos como Frank Owen Gehry, Antoni Gaudí, Richard Meier, Frank Lloyd Wright, Ludwig Mies van der Rohe, Le Corbusier, William Morris, Philip Johnson, Walter Gropius, Norman Foster, por mensionar a los más destacados arquitectos del siglo XX. 

Y si la arquitectura es como dicen algunos arquitectos estrella, la poesía de la construcción… ¿se puede enseñar, como algunos pretender enseñar a hacer versos o a escribir novelas, en esos cursos de creación literaria que imparten escritores de segunda con aires de primera…

La arquitectura se dice tiene su propio lenguaje y se pone como ejemplo el lenguaje (los lenguajes) clásico (Sumerson) pero ese lenguaje no va más allá de un simple repertorio de formas o de elementos (columna, friso, etc.) que se combinan entre sí como un repertorio decorativo más.
Otros hablan de un lenguaje del espacio pero solo es retórica, pues el espacio como concepto es algo muy reciente, y es igualmente reciente el entendimiento de la arquitectura como espacio.

No se puede pues enseñar arquitectura como se enseña un lenguaje porque no tiene reglas, y porque la arquitectura como hecho artístico, si las tiene, siempre pretende romperlas. Solo es posible hablar de lenguaje en sentido académico, cuando una academia lo sistematiza desde la institución, esto es desde el poder, como cuando la academia de san Fernando aprobaba los dibujos de los edificios públicos.

Enseñar y aprender son procesos diferentes. Para enseñar hay que saber y para aprender, hay que estar en posición de aprender, además de tener unos conocimientos básicos para comprender algunos rudimentos de la materia tratada. Para enseñar arquitectura no solo hay que saber de arquitectura, sino también de cómo enseñar arquitectura.

Es verdad que la materia condiciona en parte el campo del enseñar, pero queda todavía una parte, sustantiva, propia, de conocimientos específicos del hecho general del enseñar, que se hace preciso dominar para proceder a transmitir los conocimientos de una materia.
Toda disciplina tiene un objeto sustantivo que la define, y tiene también un método propio que la caracteriza para poder ser trasmitida. Objeto y método de enseñanza son indisociables. La disciplina se convierte en tal, en la medida en que puede enseñarse. Una disciplina que no puede mostrarse, que carece de método para enseñarse, es inviable, se vuelve invisible, inexistente. Y si hace falta además de dominar la disciplina, un método para poder enseñar, no es menos cierto que hace falta también un método para aprender.

Todo esto y lo que a continuación expondremos parecen obviedades, y probablemente lo sean, pero es que el mundo académico, la universidad y su cerrado circulo de intereses, unido a la organización de la profesión de arquitecto en nuestra sociedad, con todos sus mitos artísticos y sociales, con su vertiente espectacular de los stars system y de los medios de comunicación, han desvirtuado todos los contenidos, hasta los mas obvios, pretendiendo mantener este mal llamado mundo de la arquitectura dentro del espíritu de lo sagrado, cuando en la realidad, enmarcado dentro del sector de la construcción, resulta de lo más prosaico.

Por otra parte, aunque estas reflexiones tienen por objeto la arquitectura, pueden ser de aplicación a otros quehaceres artísticos, tales como literatura. Así que pienso que estas reflexiones pueden ser de interés para un ámbito de lectores que va más allá de los arquitectos.
La primera pregunta que se alza ante nosotros es ¿cómo se enseña arquitectura? Y la duda que se nos plantea de inmediato es si nos referimos a la arquitectura o a las arquitecturas, esto es a una disciplina ¿científica o artística?)…o a una práctica social resultado de la síntesis de diversos conocimientos o quizás al resultado de esta práctica… a los edificios… a las arquitecturas. Porque… ¿de qué se trata… de enseñar arquitectura o de enseñar arquitecturas?).

Pero quizás debiéramos de preguntarnos antes que nada por el lugar donde se enseña tal disciplina o práctica y por la institución encargada de ello. La pregunta de entrada parece ociosa, pues cualquier ciudadano medio contestaría que la arquitectura se enseña en las escuelas de arquitectura. ¿Pero esto es en verdad así?... En las escuelas de arquitectura solo he visto, (desde que se abandono el clásico sistema de las escuelas de beaux arts, dentro de las que se incardinaba la arquitectura, la ingeniería, la pintura, la escultura etc.) enseñar disciplinas aisladas (las llaman cátedras) que no se cruzan entre sí, más allá que cuando los catedráticos se saludan en el pasillo entre una clase y otra. Disciplinas como dibujo y geometría descriptiva, matemáticas y física, técnicas de construcción, estructuras y su cálculo, resistencia de materiales, instalaciones, algunas máquinas como los ascensores y cosas así.

También enseñaban algo de las leyes y códigos vigentes en la construcción, y como se calcula lo que valen algunos materiales y las cosas que se emplean para hacer un edificio. Por ultimo como detritus de la época anterior todavía quedaban en mi época de estudiante, historia del arte y de la arquitectura, estética, con unas pinceladas de filosofía (el arquitecto, se nos decía, tiene que saber de todo porque la arquitectura es síntesis generalista y el arquitecto desde el Renacimiento requiere de una visión universal) y composición de edificios, una disciplina ya residual que desde la geometría adquirió gran protagonismo a partir del siglo XVIII francés , como armazón de la enseñanza de la arquitectura a lo largo del periodo beaux arts, pero que se mantenía con el solo título de composición, sin el epíteto “de edificios”, incorporando las experiencias abstractas herederas de la escuela Bauhaus.

¿Pero esto es enseñar arquitectura?... ¿La suma de estas cosas (no sé cómo llamarlas) es la arquitectura?, o todavía mas sencillamente ¿pueden dar juntas como resultado un edificio? Parece que evidentemente no, que la suma de lo que se consideran las partes, una vez más, no dan un todo y la arquitectura se escapa entre ellas como el agua, por un cesto de mimbres.

Pero si las escuelas de arquitectura no enseñan arquitectura, entonces ¿que enseñan?... Pues ya lo hemos dicho, una serie de técnicas y disciplinas que se emplean de manera cambiante según el momento de la organización productiva del sector de la construcción, un sector que se transforma o se estanca en cuanto a su organización y tecnologías, dependiendo de sus intereses económicos, que no son otros que los que crea la demanda inducida por las grandes empresas de la construcción y el capital financiero. En todo esto la arquitectura no aparece por ningún sitio, con la lógica excepción de la presencia manifiesta de los edificios construidos. Y es que en las escuelas de arquitectura se enseña, todo lo más, construcción o mejor dicho técnicas de construcción…Pero construcción no es sinónimo arquitectura, por eso los arquitectos académicos se oponen a que las escuelas de arquitectura se llamen de construcción.

Esta disgregación en partes de la arquitectura en cuanto a enseñanza, se ha intentado conjurar, en sustitución de la antigua asignatura de composición de edificios, con la enseñanza del “Proyecto” en tanto que disciplina sintética integradora de las distintas partes y disciplinas (convertidas en asignaturas en términos académicos) esto es, de cómo se hace para proyectar un futuro edificio. Este cambio de objeto de la enseñanza en las escuelas de arquitectura resulta relevante, ya que se ha pasado de intentar enseñar arquitectura a intentar enseñar a proyectar arquitectura (¿arquitectura, arquitecturas, edificios?) lo que se ha hecho, sin cambiar el nombre a la escuela que sigue siendo de arquitectura.

Pero un proyecto evidentemente tampoco es arquitectura, y aprender ha hacer proyectos, lo mismo que a hacer planos, no es aprender arquitectura .Es algo productivista, con el que se trata de elaborar de antemano, una herramienta guía para hacer o producir (fabricar) algo: un coche, una carretera, una plantación de árboles un edificio... Producción que es cosa cambiante, pues depende de lo que en cada momento sea o requiera la industria de la construcción en tanto que sector productivo, en el que los profesionales del proyecto son una pieza más y cada vez, por cierto, menos relevante, pues la organización de la producción, la mecanización y la informática acaban llegando (a pesar de la reticencia de los propios arquitectos) a todas partes.

Algunos sitúan el aprendizaje de la arquitectura constriñéndolo al aprendizaje del arte de la arquitectura, para el que, precisan, no todo el mundo esta dotado. Estos son los que diferencian, arquitectura de construcción y edificio de arquitectura. Claro esta, aunque el mundo esta plagado de edificios, para ellos la arquitectura es algo puntual, cosa que se da en este o aquel edificio y no en otros. La arquitectura es para ellos arte grande. Entre la escritura y la literatura los que así opinan se quedarían con la poesía. En sus escuelas no se enseñaría a escribir ni siquiera a redactar, sino a hacer versos. Por todo esto quizás, la arquitectura se esta convirtiendo en nuestra sociedad en algo tan prescindible como la poesía. .

A la vista de lo expuesto, enseñar arquitectura parece una algo complejo, incluso de definir y por tanto de transmitir su conocimiento. Sin embargo, resulta algo evidente si nos situamos frente a las cosas y a los objetos con una mirada limpia, sin la interferencia del sistema académico y profesional…es decir, frente a las cosas tal cual son. En este sentido, lo primero que sería preciso enseñar y aprender es a mirar… ¿Pero cómo se enseña a mirar?... Pues mostrando simplemente la arquitectura. Lo que se hace como siempre se ha hecho, esto es, poniendo al alumno delante del edificio y señalándolo con el dedo a la vez que se le dice: “he ahí la arquitectura”. Pero claro está, para esto, no hace falta escuelas, ni cátedras especializadas en todas aquellas disciplinas que más arriba hemos mencionado. Para eso solo hace falta saber escoger lo que se mira y enseñar a mirar, lo que obviamente solo se aprende con entrenamiento, esto es… mirando.

Las escuelas hoy en día, son centros de capacitación profesional, producen proyectistas de edificios o especialistas en partes de estos, y técnicos en construcción para encargarse de la ejecución de las obras. Esto responde lógicamente a lo que requiere la actual organización administrativa y el sector de la construcción, que ha dividido definitivamente la producción de un edificio, en una primera fase de planificación, el proyecto, y una segunda de desarrollo, la construcción. Que en la confección de los proyectos haya una intencionalidad estética (conseguida o no) nada cambia desde la óptica del aprendizaje de la arquitectura (que es otra cosa) ni convierte por ello a los alumnos en conocedores de arquitectura.

Y es que a las escuelas no se va a aprender arquitectura si no a aprender a hacer proyectos. A las escuelas se va a formarse como profesional para trabajar en el sector de la construcción haciendo edificios. Pero no es verdad que se requiera aprender a hacer edificios para aprender arquitectura, ni que aprender arquitectura sea sinónimo de aprender a hacer proyectos. Aprender para entender de arquitectura estudiando la disciplina de hacer proyectos, parece tan disparatado como tener que aprender solfeo o composición musical para comprender, entender y disfrutar de la música. Según esta visión, solo los arquitectos profesionales pueden entender de arquitectura ya que en ella no cabe el diletantismo…

El problema es cómo explicar a un diletante ilustrado como Alberti que nunca proyecto ni construyó nada y sin embargo escribió un tratado de arquitectura que se convertiría en un clásico, o a Piranesi, quién por una parte, se limitó a dibujar edificios y ruinas romanas y por otra desató su imaginación en grabados con visiones de cárceles imposibles.
Sin embargo, el asunto es mucho más sencillo. Solo se requiere mirar edificios con alguien entrenado en verlos, sea o no arquitecto. Solo hace falta que el profesor sepa arquitectura y que la sepa mostrar. Y para aprender solo hace falta entrenamiento.

La arquitectura se enseña y se aprende por tanto, como siempre se ha hecho, con un profesor al que acompañan los alumnos para ver edificios .Y es que el gusto por el conocimiento de la arquitectura, es un gusto propio de mirones. El placer por la arquitectura se colma viendo buenos edificios y ¡hay tantos buenos ejemplos!

Resulta sin embargo sorprendente que, para saber de arquitectura, las escuelas obliguen a los alumnos a pasar por el calvario de aprender a proyectar edificios. Es como si para saber y gozar de la poesía hubiere que seguir un curso de aprender a hacer versos o conocer cuantas estrofas tiene un soneto, que es una onomatopeya, o de que tipo de oración se trata y cual es el predicado. Y es como si la institucionalización de todas las cosas fuera una obligación, algo a lo que en esta sociedad se esta abocado. De ahí, que se confunda arquitectura con proyecto, música con solfeo o literatura con análisis gramatical.

En las escuelas de arquitectura, al menos en mi época, solía haber una tienda en la que los alumnos se proveían de material de trabajo como lápices laminas y cosas así. Supongo que seguirá existiendo (con el predominio de las computadoras quizás no). Pues bien soy de la opinión de que si lo que se enseñara en las escuelas fuera en verdad arquitectura, lo que debiera de haber, antes que aquella tienda e incluso antes que despachos, laboratorios y cosas así, es una agencia de viajes, que pusiera a disposición de los alumnos todo tipo de rutas y visitas programadas para ver edificios, con circuitos de autores, de estilos, de épocas, de tipologías etc. Una parte importante del trabajo de los profesores seria el de maestros-guías de manera similar a la de los guías turísticos. A estos cursos de visitas guiadas podrían asistir todo tipo de personas, fueran estudiantes o no, orientados hacia el ejercicio profesional, a la cultura en general o a la simple afición diletante. La única condición estaría el de su interés por la arquitectura.

Estos viajes yo he empezado a hacerlos muchos años después de acabados mis estudios académicos, con el antropólogo e historiador Caro Baroja quien me enseñó las villas medievales vascas, con el arquitecto Feduchi quien me ayudo a entender la arquitectura popular de la cornisa cántabra o con el también arquitecto I.M.Pei con quien recorrí el Louvre.

Para el verdadero estudiante de arquitectura que quiere conocer y saber de arquitectura, hay en el mundo ya suficientes edificios y ciudades de interés, como para ni en diez vidas poder verlos y disfrutar de todos. Entonces desde la perspectiva del conocimiento de la arquitectura…¿quién necesita de más edificios si no tenemos ni el espíritu, ni el tiempo para mirarlos y mucho menos la paciencia para verlos y pensarlos.

Es algo parecido a lo que sucede con los libros y la industria editorial. ¡Hay tantos libros por leer, que carece de sentido seguir lanzando libros al mundo!
Solo al que en verdad no le gusta la arquitectura, al que se la toma como una profesión, se puede dedicar ha proyectar edificios, a no ser que se trate de un loco o un incauto que todavía persigue la disparatada ambición de echar otro edificio al mundo con la esperanza de que sea algo nuevo.
El que es sabio en arquitectura en lugar de proyectar mira y calla, porque sabe que todo nuevo edificio es siempre un edificio de más. Solo cuando esta acompañado por un estudiante en verdad interesado, levanta el brazo y señala con el dedo a un edificio, se pone en camino lo rodea y penetra en su interior para recorrerlo. Pero esto más que una profesión, es una afición como la de leer libros, subir a las montañas o coleccionar sellos. No tiene ninguna trascendencia social. Por eso no se enseña en las escuelas ni en las universidades. Por eso no interesa más que a algunos arquitectos jubilados y a algunos locos, a los que por cierto en ocasiones sucede que son detenidos cuando se pasan mucho tiempo delante de un edificio mirando sus ventanas. La policía suele tender a pensar, que se trata de observadores o informadores de alguna banda terrorista, o en mejor de los casos viciosos mirones enganchados al sexo.

La enseñanza de la arquitectura, como la de la música o la de la literatura, cuando se centra en el mejor de los casos en la obra, ha venido en los últimos tiempos lastrada por el exceso en la interpretación. La experiencia única de la visita directa al edificio, percibiendo el espacio como totalidad, se ha sustituido por los planos, las perspectivas infográficas o el reportaje fotográfico de la revista especializada.


Susan Sontag
Susan Sontag (1964) ha advertido certeramente contra el exceso de interpretación que ha terminado por envenenar, domesticar y banalizar la complejidad de las obras de arte. Como en literatura, la lectura de la novela o del poema, en arquitectura nada sustituye a la visita directa al edificio. Por ello, para la enseñanza de la arquitectura, no se trata tanto de reforzar la interpretación como de olvidarse de ella bañándose directamente en las obras.
La crítica y el análisis arquitectónico, tendrían que centrarse en describir esta experiencia, advirtiendo que en cualquier caso nunca la sustituyen y que cualquier juicio es siempre algo limitativo y en ocasiones injusto.

El esfuerzo analítico de la arquitectura a partir de los sesenta derivo en dos caminos, uno critico que se relacionaba con las posiciones que ponían en cuestión el sistema y que hoy malvive en las cavernas esperando tiempos mejores, y otro más pragmático (más realista y disciplinar se decía) aunque aderezado con un gran y refinado bagaje cultural, que reforzaba la autonomía de la arquitectura entendida como disciplina pretendidamente ensimismada, pero que se acabaría orientándose, como no podía ser de otra manera, a fundamentar la enseñanza de la arquitectura, no en cuanto tal, sino como practica proyectual, legitimadora de la función social de la profesión de Arquitecto.

De entonces a hoy las cosas han cambiado mucho, aunque de enseñar y aprender arquitectura apenas si se sigue ocupando nadie. Pero el neoliberalismo reinante en los últimos años, ya casi como una nueva manera de ser y de vivir, ha llevado como en tantos otros aspectos, a una situación de total confusión en el mundo de la arquitectura, en donde todo vale si viene avalado por una firma reconocida del stars system, en donde es condición indispensable para el éxito de una obra su contenido en sorpresa y espectáculo. La arquitectura como parte de la sociedad del espectáculo, de la que hablaba a finales de los sesenta Guy Debord está más presente que nunca. Esto ha llevado a la reflexión teórica y a la crítica de las obras, a coincidir con la mera práctica profesional, en la que los textos explicativos fundamentales son los elaborados por los propios autores de los proyectos en la confección de estos, situación que ha convertido la critica, el análisis y la teoría, en algo casi inexistente. Del exceso en la interpretación, contra el que en los años sesenta advertía Susan Sontag, hemos pasado, en la mayoría de las actuales revistas de arquitectura, a la simple exposición de las imágenes de las obras sin otro texto que el pie de foto que referencia a la obra, y como no, al autor.

Casa de Le Corbusier 
De la arquitectura casi militante de autor de los sesenta, con la que se quería poner de relieve las obras ejemplares frente a la zafiedad de la mayor parte de la producción arquitectónica, gobernada por la mas rabiosa especulación inmobiliaria, se ha pasado al copyright del autor estrella, que pronto acabara cobrando derechos de imagen, no solo por su obra, sino también por su persona.
Así ha sido, hasta que ha llegado la crisis capitalista a los países desarrollados y se han implantado las políticas de ajuste y recortes económicos, que han considerado a la arquitectura del espectáculo como un gasto prescindible y ha mandado a la profesión de los arquitectos al paro. Ahora los cantos de sirena vuelven a llamar a la racionalidad en la construcción, a la sencillez, al ahorro, a acabar con el despilfarro inmobiliario. EL capital quiere ahora arquitectos responsables, modestos y buenos profesionales, alejados de las estrellas de los años recientes que empresas, bancos e instituciones encumbraron y ahora ponen en la picota y del que puede ser un ejemplo paradigmático el valenciano Calatrava.

Si en los últimos años en las escuelas de arquitectura se enseñaba a proyectar edificios brillantes y espectaculares (aunque fueran poco menos que inconstruibles)…si las escuelas estaban orientadas a producir genios…yo me pregunto… ¿qué enseñarán ahora?

domingo, 31 de agosto de 2014

LA TOMATERA



Encontré en la calle hace una semana una minúscula mata de tomate, aferrándose a una grieta y luchando por su vida. Maltrecha pero llena de optimismo en su labor de afincar sus raíces en la poca tierra donde por algún motivo cayó su semilla madre.

La tomé y la sembré en el patio de la casa. No había visto antes tanto deseo de vivir, sus hojas no se marchitaron a pesar del proceso de un trasplante poco ortodoxo, al contrario se irguieron como tomando aire para reponerse.

Al día siguiente el redrojo que había rescatado se había transformado en una vigorosa y verde planta que casi se podía ver crecer. Pero la sorpresa fue cuando pocos días después ya estaba floreciendo y hoy muestra una hermosa fruta, como si estuviera retribuyendo mi desinteresada acción. Pronto estará maduro su fruto, cual regalo envuelto en su ya tupido follaje. La naturaleza nos habla, y solo espera que nos demos la oportunidad de escucharla.

lunes, 18 de agosto de 2014

UN VIOLINISTA EN EL METRO


Un hecho aislado ocurrido en el Metro de Medellín a comienzos de agosto suscitó una gran polémica.  Un sector del  gremio de músicos de la ciudad protestó porque, según ellos, hubo discriminación y exceso de fuerza cuando se retiró de un carro del Metro a un violinista que no atendió una norma que rige para todos los usuarios del metro que no permite esas manifestaciones sin autorización previa.
El hecho de que en otros países no estén regulados estos eventos no significa que sean buenos o deseables, no veo que sea malo viajar en un sistema tranquilo y limpio.

Entiendo que los que no vivan en la ciudad encuentren en las imágenes del video algo que pueden calificar de un abuso de autoridad, pero para los que vimos nacer y florecer esta gran obra que nos entregó  una solución de transporte, rápido, tranquilo y seguro, cosa que nos produjo un sentimiento de pertenencia, la lectura del hecho es otra muy diferente que explicaré más adelante.

El joven músico declaró que había sido tratado con mucha violencia y que había sufrido varias lesiones, eso no se ve en el video, lo que haya ocurrido en la oficina a la que luego fue conducido habrá que esperar lo que diga la investigación.


Los que padecimos el obsoleto sistema de buses, antes de existir el Metro, si sabemos lo que era viajar en vehículos carentes de espacio y seguridad. “La guerra del centavo”  ponía en riesgo a los pasajeros en esa feroz batalla por conseguir un pasajero más, pues los conductores obtenían las ganancias de su trabajo con el porcentaje de los pasajes diarios, fuera de que no tenían sueldo básico ni prestaciones sociales.

Vimos con gran alegría paso a paso como se iba construyendo el Metro durante muchos años, contra viento y marea, pues como siempre no faltaron los que decían que aquello era un elefante blanco y que más bien esos recursos se deberían usar en la construcción de escuelas y hospitales, cosa que por lo demás es cierta hasta cierto punto pero que no objetaba su construcción. Claro que necesitamos más escuelas y hospitales de calidad, pero igual la ciudad urgía un nuevo sistema de movilidad que afortunadamente tenemos operando desde el 30 de noviembre de 1995 y que se justifica con creces.

Desde su inauguración fueron divulgadas las normas del sistema, y todos estuvimos de acuerdo, pasados ya casi 19 años continuamos aceptándolo, hasta ese día de agosto alguien, por desconocimiento o a sabiendas, se le ocurrió tantear el ambiente y subirse a uno de los vagones a interpretar el violín. Tal vez no fue el primero y de seguro no será el último, ya antes algunos habrían sido retirados por intentar vender comestibles o recurrir a la caridad pública, cosa muy común en los buses, pero esos intentos no pasaron de ser incidentes fortuitos ante los que nadie salió a protestar ni a esgrimir argumentos como si ha pasado ahora. Siempre en la sociedad habrá quienes no acaten las normas, pero estas siempre estarán para resguardar nuestros derechos y deberes y deben cumplirse, de lo contrario el mundo sería un caos.

Volviendo al caso del violinista, les aseguro que si hubiese visto en él algún asomo de exceso de fuerza no estaría hablando en este tono y mis argumentos serían otros muy diferentes. Pero una cosa es una cosa y otra cosa, otra.
Limitémonos a los hechos y miremos el video desapasionadamente, como si no supiéramos nada del asunto.
Podemos ver que el título del video ya está algo segado.


El hecho explicado con plastilina.

Es sorprendente la reacción que ha causado el video del violinista en el metro de Medellín. Las opiniones están divididas, unos dicen que hubo exceso de fuerza y otros que simplemente se hizo cumplir la norma. Así la cosa lo más recomendado para ser objetivos es ver el video completo y no quedarse solo con el encabezado. El video podría dividirse en varios capítulos.

1. El violinista interpreta un tema popular.
2. Algunas personas graban este inusual hecho.
3. Al parar en la estación un funcionario y varios patrulleros le informan al músico sobre la norma que no permite estas manifestaciones dentro del tren.
4. El violinista no acata la observación y por el contrario continúa haciendo su función corriendo hacia el fondo del vagón.
5. Los patrulleros ejerciendo su función tratan de detenerlo.
6. El violinista tercamente ingresa a otro carro deteniendo la marcha del tren.
Los trenes tiene un itinerario programado que cumple con el protocolo de seguridad.
7. El violinista ha roto la norma y el diálogo y se empeña en seguir desconociendo el reglamento y causando un retaso en el viaje de todos los pasajeros de ese tren y de todos los demás de la ruta, o sea de miles de usuarios.
8. Finalmente los agentes lo someten y lo sacan del tren.
9. Allí no se ejerció ningún acto violento por parte de la autoridad, solo se ve que cumplieron con su función de la única forma que les quedaba, sin golpearlo ni usar macanas ni pistolas eléctricas.
10. Los trenes retoman su marcha y todo vuelve a la normalidad.
No hubo allí ninguna discriminación contra los músicos como algunos pretenden, ni impedimento al libre ejercicio del derecho de expresión o al trabajo. Solo un hecho fortuito que fue solucionado a tiempo y adecuadamente. 

No se entiende ni es justo que se recrimine a unos patrulleros que solo cumplieron con su deber.

Hay que reconocer también que en el sistema Metro si se han hecho muchas actividades culturales, muchos conciertos y exposiciones hemos visto en sus estaciones e igual concursos literarios, proyecciones de cine y concursos de cuento y novela, como dicen sus directivos todos los espacios están abiertos con la debida concertación.

Otro servicio es la BiblioMetro, idea surgida en Santiago de Chile que ha sido replicada en otras tres ciudades del mundo: Madrid (ES), Valencia (ES) y Medellín (COL).

Las BiblioMetro del Metro de Medellín fomentan la Cultura Metro con el programa de lecturas de ida y vuelta "Palabras Rodantes", que consiste en un voto de confianza que el Metro pone en sus usuarios ofreciendo en la mayoría de las estaciones pequeños libros de autores antioqueños que pueden ser extraídos gratuitamente y sin registros desde buzones destinados para ello, con el compromiso de devolverlo a cualquier buzón cuando haya sido leído y compartido. Además algunas estaciones ofrecen acceso gratuito a Internet.

La BiblioMetro de Medellín ha hecho cientos de miles de préstamos de libros
Ahora espero que este hecho luego de tanta polémica y tantas opiniones encontradas quede en lo que realmente fue, un hecho fortuito. Y los más importante, que podamos seguir disfrutando de nuestro viaje en el tren metropolitano con la seguridad y tranquilidad como lo hemos hecho hasta ahora. Si por algún motivo o razón se permiten estas manifestaciones, habrá que buscar otro medio de transporte más amable, la bicicleta por ejemplo.

lunes, 11 de agosto de 2014

LA TOMA PERFECTA

"Es intentando lo imposible como se realiza lo posible"
- Henri Barbusse -

Afiebrado no sé si más a la pesca o a la fotografía, yo diría que igual por ambas cosas, pues las sabe y hace muy bien. Lucas Ríos en su rol de camarógrafo ha logrado plasmar lo más bello de Antioquia y de otros lugares del mundo a través de varios documentales. Como pescador nos mantiene al tanto de este maravilloso deporte y sobre todo de la pesca deportiva, eso de pescar y liberar, comparable con la cacería con cámara fotográfica.

Radioaficionado desde su adolescencia Lucas fue siempre un buen colega de la radio, muy apreciado y recordado. He visto sus videos, tanto documentales como los de la pesca deportiva, todos muy didácticos y de gran calidad. Ahora como buen paisa ha incursionado en el comercio al abrir una papelería en La Ceja, Antioquia.

Pero las aficiones son parte de su espíritu y sigue ejerciéndolas ahora de forma independiente. Tanto así que ahora nos sorprende con un hermoso video en el que vemos un avión en el momento exacto en que atraviesa la redondez de la superluna que vimos en la noche del pasado 10 de agosto, esta superluna estuvo 30% más brillante y 14% más grande de la que vimos el pasado mes de enero de este mismo año 2014.


Igualmente otra ventaja que aprovechó Lucas con su toma fue que esa noche del 10 de agosto, la luna estaba en su máximo acercamiento a la tierra, (Perigeo), la distancia a la luna ese día se redujo  a 351.307 Kilómetros.

Pero el asunto no es sencillo, no es solo cosa de montar la cámara en el tripié, enfocar y disparar, no.

Tenía que ser en una noche de luna llena, contar con un cielo despejado y esperar a que un avión pasara exactamente a través del disco lunar. Esto sin contar que había que acertar con la correcta configuración de la cámara en el tema de apertura de diafragma, profundidad de campo etc.

Siete meses habían transcurrido desde que la familia Ríos Osorio llegó a La Ceja, el mismo tiempo desde que Lucas inició la cacería de su toma perfecta,  la oportunidad de cristalizar un  momento que ya visualizaba en su imaginación, un avión atravesando el círculo lunar en una noche despejada. (Imaginar es ver).

Así nos lo cuenta Lucas:

“Había intentado mes a mes en luna llena hacer la toma, el frente de mi casa coincide con  el corredor de aproximación de los aviones al aeropuerto internacional José María Córdoba. Cada mes las condiciones eran diferentes, nubes o lluvia. Los intentos les cuento fueron aproximadamente 150, pasaban arriba o debajo de la luna, hasta que anoche fue el momento indicado: Buen clima, cielo despejado, la posición de la luna y mi posición en tierra exacta. Esa noche me acompañaban, como cada mes, mi esposa Gloria Osorio, mi hijo Nicolás Ríos y mis sobrinos Alejandra y José Daniel Osorio que estaban de visita. Utilicé una cámara de video HD Canon”.

El resultado de esta lucha por plasmar un instante fue al fin logrado, los gritos de alegría de los presentes nos contagian la emoción de esa noche, en la que Lucas Ríos, logró La toma perfecta.
(Lucas Ríos)

Disfrutemos del video, cortesía de Lucas.

jueves, 7 de agosto de 2014

LA MODA SÍ INCOMODA

Mirando el desfile de autos antiguos de la feria de las flores en Medellín vi a algunos participantes conduciendo sus coches con atuendos acordes con el modelo que exhibían.

Así fue que recordé que en los años setentas llegó la moda de los pantalones de terlete con bota campana. Tal vez esa fue una de esas ocasiones en las que aprendí que uno debe vestirse, no por lo que la moda impone, sino con lo que uno se sienta cómodo.

De una u otra forma en cierta ocasión mientras compraba ropa cedí ante las recomendaciones de mis acompañantes: “Que hay que estar a la moda, que tienes que estar acorde con los tiempos, etc.”, argumentos que en ese momento me sonaron medio coherentes. Prácticamente fueron mis consejeros quienes escogieron un horroroso pantalón de terlete color beige claro con una bota tan ancha que parecía una bandera.

Pero ahí no terminó la cosa, era que dicho atuendo exigía el uso de unos zapatos de plataforma, otro adefesio de los caprichos de la moda.

Ya en la casa me vestí con el susodicho pantalón y me calcé los estrafalarios zapatos. Desde el principio me sentí muy incómodo con esa rara pinta, pero los elogios y aprobación de los presentes corroboraban que era yo quien de alguna forma estaba fuera del contexto, así que me aguanté y esperé que pasado algún rato desapareciera esa rara sensación

Como tenía que hacer una diligencia en el centro de la ciudad me atreví a salir con lo que al decir de todos era una hermosa vestimenta. Camino a la parada de buses sentía que todos me miraban de forma extraña mientras el viento hacía ondear las botas de mi pantalón, pero no, seguramente era algo de paranoia debida a mi inicial animadversión a este cambio tan radical en mi forma de vestir.

El otro asunto era la lucha para manejar esos zapatos que parecían montados en dos bloques y que aumentaban mi estatura a unos dos metros, de hecho mi panorama visual había cambiado sustancialmente y tenía que tener mucho cuidado para no dar un mal paso y acabar tendido en el piso.

Subirme al bus fue un verdadero tormento, tuve que agachar la cabeza para no golpearme con la puerta y como no había sillas libres me tocó ir de pie y agachado durante todo ese trayecto que me pareció una eternidad.

Mientras caminaba hacia el sitio al que debía ir pensé que a lo mejor mis amigos tenían razón y me estaba quedando en la edad de piedra en los asuntos de la moda, y que si me miraban mucho debía ser por mi elegante forma de vestir. Pero ese cuento no me lo creía ni yo mismo y apuré el paso mientras las descomunales botas de mi pantalón batían con fuerza golpeándose entre ellas produciendo un fastidioso ruido de banderas ondeantes.

Mientras crucé la plaza de Cisneros una negra vendedora de pescado me gritó algo que por fortuna no entendí, pero que de seguro no debió ser nada bueno dado a las risas burlonas de los demás transeúntes. Sentí una profunda indignación y un desprecio infinito por mis consejeros de imagen, ya sabrían de mí cuando los viera.

En resumen, mi debut en el mundo de la actualidad del vestuario fue lo que tenía que ser, un tremendo fracaso, es que eso de ponerse cosas que no vayan con el gusto y la personalidad es un total desacierto, decreté que desde ese día en adelante solo usaría lo que a mí me diera la gana, y lo he cumplido. Más vale estar contento con uno mismo que darle gusto a los demás.

De regreso me quité esos mal recordados pantalones y los hice pedazos antes de tirarlos a la basura, lo mismo iba a hacer con los zapatos pero las súplicas de los presentes me hicieron cambiar de opinión y acepté que los tomaran para que se los regalaran a alguien que quisiera hacer el ridículo de ponérselos.

Tal vez ahora seguiré siendo un retrógrado en asuntos de moda, pero les aseguro que eso me hace muy feliz, y cuando alguien intente aconsejarme que actualice mi guardarropa mejor que se guarde su opinión, porque yo solo me visto como me da la gana.

sábado, 2 de agosto de 2014

EL TESTAMENTO DEL PAISA

Sin duda tenemos en nuestra tierra paisa un filón de historias, dichos, cuentos y leyendas que aún no terminan de contarse y escribirse. Tomás Carrasquilla - (Tomás Carrasquilla Naranjo - Santo Domingo, provincia de Antioquia, República de la Nueva Granada, 17 de enero de 1858 - Medellín, 19 de diciembre de 1940 - recogió mucho de esta cosecha y la plasmó en sus magistrales obras como: La marquesa de Yolombó, frutos de mi tierra, Simón el mago, Grandeza, A la diestra de Dios Padre, etc. Al comienzo su obra fue catalogada de forma casi peyorativa como costumbrista y provinciana, hasta que en los años cincuentas Kurt Levy escribió su tesis doctoral sobre la obra de Carrasquilla, cosa que le granjeó el reconocimiento internacional.

Gregorio Gutiérrez González fue otro gran intérprete de la cultura paisa, basta leer su poema “Memoria sobre el cultivo del maíz”:

¡Salve, segunda trinidad bendita!
¡Salve, frisoles, mazamorra, arepa!
Con nombraros no más se siente hambre.
¡No muera yo sin que otra vez os vea!
(Fragmento)

Pero creo que quien rescató la tradición oral de Antioquia con más acierto fue Agustín Jaramillo Londoño (1923 - 2010). Y lo hizo de forma rigurosa, sin muchos añadidos, como solo puede hacerlo quien viaja por los pueblos y las veredas de nuestra tierra para hablar directamente con los protagonistas de las historias, o al menos con sus descendientes. Y eso es lo que uno siente al leer El testamento del paisa, ese libro que parece tener las olorosas esencias de nuestro himno.

Me gusta como llama a los capítulos de su libro: “Moliendas”.  Son entonces cinco capítulos o moliendas que nos trasladan al pasado de Antioquia y que nos describen una gran cantidad de historias, cual si fuera el antiguo testamento del pueblo paisa. De ñapa, luego de las moliendas siguen un arrume de versos o folclor poético, El último viajao (Refranes y dichos), Monte pa´brir (Folclor ecológico), Santo remedio (Folclor médico), La comedia cotidiana (Folclor social), y finalmente: Palabras y palabras (Folclor lingüístico).


Leer El testamento del paisa es como comerse una humeante bandeja paisa sentado en la mesa del mirador de la finca de los abuelos, y eso sí, sentado en un viejo taburete de cuero peludo.

Voy a reseñar aquí algunos fragmentos de esta obra no sin antes agradecerle a Don Agustín el habernos legado esta obra que debería ser texto recomendado en escuelas, colegios y universidades, porque un pueblo que conoce y respeta su historia no lo para nada ni nadie.

Aquí irán apareciendo fragmentos de este maravilloso libro.

SARTAL DE CHISTES

PAISA CON TRAGOS

Estaba un paisa borracho, regao en la plaza del pueblo desafiando a todo el mundo y rastrillando la peinilla en el empedrao. En esas hubo un temblor de tierra y el paisa gritó:
- Tate quieto mundo, no temblés que la cosa no es con vos.

VENGA ACÁ

Una señora le mandó decir a un cura del pueblo que si le podía prestar un librito, como la vida de un santo o algo así, para leer en los raticos que le quedaban.
- Vea mijo, contestó el cura. Dígale a su mamá que yo no presto libros porque no me los devuelven, pero que cuando quiera que bien pueda venir a leerlos aquí.

Pasó el tiempo. Un día que había visita del obispo anunciada y el cura andaba en las carreras de arreglar todo. Y le mandó razón a la señora para que le prestara una escoba:
- Vea mi´hijito, dígale al padre que yo no presto las escobas porque no me las devuelven, pero que cuando quiera barrer, que bien pueda venir aquí.



UN MONTÓN DE CASOS Y CHISPAZOS

Así es aquí.

"A mí me criaron con aguardiente y rejo", dijo una vez el Mono Marita (Alejandro Uribe) de Sonsón.

APÉRESE.

- ¿Qué se necesita para ir de aquí a Manizales? - Preguntaba un forastero en Andes. Y la respuesta fue: Una mula y dos culos.


BUEN TRATAMIENTO

Del doctor Ricardo Jaramillo Arango, ilustre médico sonsoneño que ejercía su apostolado en Manizales donde se ganó el corazón del pueblo, se cuentan varios cuentos con mucha sal.

Una noche lo llamaron de una casa para que viera a la sirvienta que estaba enferma.
El doctor Jaramillo entró a examinarla y mandó salir a todo el mundo del cuarto.
Cuando estuvieron a solas le dijo la sirvienta:

-Yo no tengo nada, doctor, es que no quiero trabajar porque me deben tres meses atrasados...

- ¿A, si?..., contestó el doctor. Entonces correte pal rincón yo también me acuesto, que a mí hace dos años no me pagan.

SE NOS SALE EL VASCO.

Se cuenta de  Roberto Marulanda, que siendo el gobernador de Caldas, recibió una llamada urgente de larga distancia y que al ponerse al aparato oyó la voz excitada de un alcalde de pueblo que le decía:
- ¡Doctor, por Dios! ¡En esta ciudad acaba de estallar una revuelta! Llamo a pedir instrucciones.
Y  Don Roberto dizque le contestó pausadamente:
- Vea hombre: Ni yo soy doctor… ni eso allá es ciudad… Ni hay tal revuelta; si hay cuatro o cinco borrachitos molestando, métalos a la cárcel.
Y colgó.



LOS ENCARGOS

Hace cuarenta o cincuenta años un viaje a Europa era empresa difícil y arriesgada. Había que comenzar por hacer el testamento: Tantos eran los peligros que esperaban al viajero. Por lo tanto eran muy escasos los vajeros.
Cuando alguno arreglaba viaje, debía de cuerdo a la buena educación de la ´poca, "Pedir órdenes" a todo el mundo y desde meses antes comenzaban los encargos; y como aún no había industria nacional de importancia, eran muchos.

En cierta ocasión un señor arregló viaje para Europa y comenzaron a lloverle los encarguitos:
- Don Juan, ¿Me trae un galápago pa yegua mora?
-_Si, demás.
- Y a mí un relojito fino de oro.
- _ Si demás.
- Y a mi un corte de paño café oscuro con rayitas rojas.
_ Si, claro.
Y los encargos seguían.
El día que el señor montó en su mula para iniciar el viaje, y estando rodeado de todos los que salían a despedirlo y a recomendarle que no olvidara sus encargos, se acercó un chiquillo se seis o siete años y le dijo:
- Don Juan, ¿Me quiere traer un pitico? Y tome los diez centavos pa que me lo compre.

El buen hombre recibió la moneda, la guardó en su bolsillo, y en tono solemne exclamó:
_ Hijo mío, ¡Tu pitarás!.
Desde ese momento, el verbo "pitar" empezó a tener un significado más en Antioquia: Dar dinero cuando se exige algo.



miércoles, 30 de julio de 2014

COMO MORIR GRATIS SIN PERECER EN EL INTENTO

Encontré un recorte del periódico El Colombiano del 24 de mayo de 1980, por esa época alguien me lo había dado para publicarlo en la Revista Radio Ondas que en ese tiempo editábamos un grupo de radioaficionados de Medellín, cosa que nunca se hizo. Pero el destino conspiró cuando pasaba las hojas de un libro olvidado y de repente encontré el recorte de prensa.

Allí estaba un texto del escritor Álvaro Salom Becerra (Bogotá 1922- 1987), maestro de la sátira inteligente.
Pues bien aquí doy cumplimiento al encargo aunque sea después de tantos años y en otro medio. Como dato curioso y de referencia les cuento que en Colombia el salario mínimo en 1980, año en que apareció la publicación era de $4.500


Lección de anatomía - Melitón Rodriguez, 1892 Medellín

COMO MORIRSE GRATIS
Álvaro Salom Becerra.

Teniendo en cuenta el cada vez más alto costo de la vida, y que no es menos alto que el costo de la muerte, actualmente resulta dificilísimo vivir y casi imposible morir. Porque si,  por una parte, el costo de sobrevivir el alquiler de una modesta casa o de un diminuto apartamento cuesta $30.000, un mercado pobre y escaso $5.000, un traje de paño nacional $10.000, un par de zapatos $2.500 y las pensiones de dos estudiantes de primaria y uno de secundaria $15.000. Un entierro, si es de tercera nos vale $30.000 y el de primera $90.000. En conclusión  nos queda la paradoja de que no teniendo con que vivir, tampoco tenemos con que morir.

Hace aproximadamente doce años tuve, a este propósito, un problema gravísimo. Estaba escribiendo la vida de un personaje típico de la clase media: Don Simeón Torrente, que nunca había tenido dinero suficiente para atender a su propia subsistencia ni la de los suyos. Su vida había sido una continua cadena de deudas. Pero tenía que matar al personaje y enterrarlo.  ¿Cómo resolver esta situación en mi libro? si mi personaje no tenía ni donde caer muerto ni como cubrir los costos de su propio entierro. Es que morirse sale carito. Que el valor del ataúd, el de los cirios, el de los oficios religiosos, el de los derechos de velación y el alquiler de nuestra última morada. Definitivamente morirse no es un buen negocio.

Resolví pues convencer al personaje para que le donara su cadáver a la facultad de medicina y lo persuadí para que escribiera y firmara la siguiente carta:

SEÑOR
Rector de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional

Cuando usted reciba esta carta, quien la firma habrá ya muerto. He resuelto donarle mi cadáver a la Facultad que usted dirige. Prefiero que sea pasto de los estudiantes a que lo sea de los gusanos.

Ya que en vida solo me sirvió para alimentarlo y vestirlo, y que algunos órganos, como los genitales, solo contribuyeron a aumentar mis problemas, que sirva ahora para que los alumnos de esa Facultad realicen sobre él sus investigaciones.

El cadáver que pongo a sus órdenes está compuesto por los siguientes aparatos:

Digestivo, circulatorio, respiratorio, urinario, un sistema nervioso central y otro periférico.
213 huesos correspondientes a la columna vertebral, la caja torácica, la cabeza y los miembros superiores e inferiores. También incluye los músculos del cuello, los brazos, las piernas, etc. Todo esto en regular estado y con los normales deterioros por sus sesenta años de uso.
Sería muy conveniente, y así me permito sugerirlo, que se examine mi cerebro y se establezca por qué razón jamás se me ocurrió para obtener dinero nada distinto a pedírselo prestado a los demás.

Se suscribe de usted, más muerto que vivo.
Simeón Torrente.

Y de esta forma solucioné el insoluble problema del entierro de mi personaje.

Recientemente un Magistrado de la Suprema Corte de Justicia, alérgico a las pompas y vanidades del mundo, imitando el ejemplo de Don Simeón le prohibió a sus parientes que le hicieran honras fúnebres y los instruyó para cuando muriera le entregaran su cadáver a la Facultad de Medicina.

Mi fórmula en consecuencia, comenzó a abrirse paso y tengo la esperanza que en el futuro, se imponga definitivamente.

¿Padece usted de una enfermedad incurable pero ha aplazado su muerte por carecer de dinero para el entierro? o ¿Está desesperado con su vida pero no le ha puesto fin porque sabe que su familia no tiene para el entierro?

En el primer supuesto, no aplace el asunto por más tiempo, muérase tranquilo ahora mismo.
En la segunda hipótesis, no lo piense más y suicídese ya. En uno o en otro caso, dónele su cadáver a la Facultad de Medicina previamente por medio de una carta igual o parecida a la transcrita con anterioridad.
Es la fórmula ideal para morir gratuitamente.

Si para vivir mediocremente tuvo usted que gastar tanto dinero, no cometa la misma pendejada de seguir gastando después de muerto.