domingo, 14 de septiembre de 2014

QUE ES ESO DE LA ARQUITECTURA
Y van dos

Carpintería de Manuel Moral “El Hornerillo” 

EL ECLIPSE DE LA ARQUITECTURA

En los años de la emigración del campo a la ciudad, siendo todavía un chaval que andaba enredando entre las maderas del taller, recuerdo que llegaban continuamente ebanistas y carpinteros pidiendo trabajo. Mi padre, patrón y maestro, para considerar si les contrataba, no les interrogaba sobre los conocimientos y experiencia que tenían y sobre lo que sabían hacer, (tal y como ahora se hace en las llamadas entrevistas de trabajo) sino que se limitaba a pedirles que abrieran la maleta de herramientas que traían en la mano. Por entonces, en el taller, imperaba todavía un modo de producción bastante artesanal, donde había unas pocas máquinas básicas y donde a cada oficial se le asignaba un banco de trabajo, en el que disponía las herramientas, que todavía seguían siendo de su propiedad.
Según las herramientas que la maleta contuviera, su estado, conservación y afilado, mi padre se hacía una composición sobre quien tenía delante, a efectos de contratarlo o no. Decía que la maleta hablaba sola.

En cierta ocasión llegó un hombre grande (a mí me pareció poco menos que un gigante) con un enorme maletón a escala de su corpulencia. Era un emigrante más, procedente de un pequeño pueblo de Las Hurdes, que llegaba a la ciudad con la familia a cuestas, escapando del hambre. Cuando abrió su maletón, aparecieron una serie de herramientas que en su mayor parte eran desconocidas para el resto de los trabajadores del taller. Solo mi padre conocía el empleo y destino de aquella serie de hachas, azuelas, achuelas, sierras de arco, mazas, cuñas de acero y algunas otras cosas, a cual más obsoleta, desde la óptica de una carpintería de ciudad. Cuando mi padre le preguntó a que se dedicaba en el pueblo, respondió que hacía carros.

Con aquel instrumental nada podía hacer allí, pero mi padre, que era un sentimental, le tomo de peón y siguió con nosotros trabajando muchos años, hasta que se jubiló. Era nuestro Hércules particular, siempre dispuesto a levantar, como si tal cosa, el tablón más pesado con el que no podían los demás. Al principio los obreros se rieron de él, pero finalmente todos le acabamos cogiendo un gran cariño. Era tan noble como fuerte. Su hijo y yo fuimos compañeros de escuela. Por entonces el taller tenía todavía mucho de organización medieval, donde el patrón no era solo el jefe, sino también el trabajador que más sabía, que estaba siempre en primera fila dando el callo, y que atendía los problemas de los trabajadores como si se tratara de una gran familia. Mi padre, un hombre sin apenas estudios, era allí, sin reclamarlo, don Jacinto.

Me preguntaba en un escrito anterior, sobre lo que se enseñará en los años venideros en nuestras desorientadas escuelas de arquitectura. Porque cuando una disciplina, arte, ciencia, o práctica social ya no sabe ni que enseñar, está abocada a morir y a desaparecer, o a repetirse eternamente, que es otra manera de morir. Suele ser entonces cuando para salvarse busca refugio en la Academia, sin saber que está entrando en su propia tumba.

Hay muchas disciplinas que el paso del tiempo y el cambio de las formas y de las relaciones de producción las ha convertido en obsoleta e inútiles, porque el conocimiento que abrigaban dejo de ser socialmente aplicable. Y sin entrar en valoraciones, diré, que otro tanto sucede con los idiomas, las costumbres y las profesiones.

En arquitectura desaparecieron los maestros canteros, los especialistas en los trazados de la piedra, en su geometría, que por entonces se llamaba estereotomía y a la que se tenía tanto respeto y veneración como hoy pueda tenerse a la microbiología o a la nanotecnología.

Con ellos desaparecieron los plateros, los doradores, los forjadores de hierro, los fundidores, los carpinteros de armar, los estucadores y tantos otros artesanos que durante siglos recorrieron los caminos de Europa levantando sus imponentes catedrales. Y con ellos desaparecieron también sus instrumentos de trabajo, sus conocimientos y su oficio, hasta el punto que, hoy en día, resultaría totalmente imposible levantar uno solo de aquellos imponentes templos de piedra y vidrio que se elevaban al cielo desafiando la gravedad, impulsados por la fuerza de una fe que, hoy por hoy, resulta totalmente desconocida.

La arquitectura actual, perdida su tradicional identidad, se ve sometida a la dictadura de la imagen, del espectáculo, de la moda y del márquetin. La coherencia de la estructura portante sometida a las leyes de la estática y de los sistemas constructivas basados en la lógica y en la experiencia, contrastan con la superficialidad de la imagen final de los edificios, casi siempre gratuita, caprichosa, efectista, sometida a la demanda de la moda y del espectáculo, a la que el arquitecto se pliega por oportunismo o por la simple presión económica del cliente.

La exitosa doctrina de: la forma sigue a la función, que predicaron las vanguardias de entreguerras, dejo tras de sí no solo una ciudad sin alma, sino también un enorme vació cultural que ha sido ocupado por el todo vale de los estilos entendidos como repertorio y del que el postmoderno es su epígono.

La tradición de la arquitectura como coherencia entre construcción, espacio y forma ha desaparecido. Las modernas tecnologías de la construcción, se han desarrollado al margen de la formalización del espacio. Con ellas hoy se puede hacer, coherentemente o no, cualquier cosa. La imagen del edificio, y su formalización espacial hoy no deben nada al sistema estructural y constructivo. La imagen del edificio es autónoma y es diseñada como tal por los arquitectos, como si se tratara de un diseño gráfico en tres dimensiones. La imagen es previa a la tecnología, que viene después de aquella, como auxiliar y soporte de su realidad.

Esto se ha venido agudizando por el empleo a todos los niveles de los llamados programas de diseño por ordenador, verdaderos video juegos virtuales de geometrías que, desconocen todo sobre la materia con que se construye la forma y sobre las leyes físicas que le dan cuerpo y la sustentan.

Los nuevos arquitectos, como los niños que matan marcianitos en sus videojuegos, saben cada vez menos de la realidad. Cada vez más jóvenes y virtuosos, su habilidad consiste en obtener sugerentes, llamativas y espectaculares formas a través del manejo de los videojuegos de arquitectura. Antes a un niño se le regalaba un juego de arquitectura consistente en unas piezas de madera de colores con geometrías sencillas para, poniéndolas unas encima de otras imaginar construcciones. Ahora se les regala un videojuego como puerta al futuro programa de arquitectura.

Hoy los programas informáticos de arquitectura ya no son ni programas de dibujo, como lo fue en el cercano pasado, el ya vetusto y universalmente conocido AutoCAD, sino herramientas combinatorias de entidades en 3D con la que se juega en el espacio de una forma totalmente abstracta.
 El AutoCAD elimino a los delineantes tradicionales del proceso de dibujo de los edificios. Los nuevos programas están llevando a desaparecer al arquitecto en tanto que conocedor de los distintos procesos, elementos y partes de la construcción de un edificio. Para concebir un edificio ya no hay que saber cómo se construye. Para eso ya están las nuevas consultorías e ingenierías que se encargan de mover y sustentar el negocio.

Antes se decía que en arquitectura no había mózares, refiriéndose con ello al hecho de que es una profesión que requiere de una amplia experiencia y madurez de conocimientos que solamente se adquieren con el tiempo. Se decía que un arquitecto empieza a saber de arquitectura a los cincuenta años. Ahora los arquitectos son tan jóvenes como los tenistas y a esa edad, si no han triunfado, se jubilan. Como en el mundo de la alta costura en la arquitectura quedan cada vez menos grandes modistas. Ahora en la arquitectura como en el vestir, mandan los jóvenes.

Las escuelas de arquitectura, al menos en los últimos años, son fábricas de genios que crean increíbles arquitecturas virtuales pero que nada saben del mundo real. Su nivel cultural, cuando no se trata de imágenes, se encuentra bajo mínimos. Cuando abren la boca para explicar sus proyectos, parecen futbolistas opinando sobre el partido del próximo domingo. Solo los políticos que les contratan, parecen estar a su altura. Viven en la irrealidad, del juego, de la diversión y del espectáculo. Son genios de la imagen.

Como sus maestros, los bufones del poder, Gehry, Calatrava, Hadid, Meier, Nouvel… cuyos discursos al hablar de sus proyectos, son tan prosaicos o tan obtusos que hacen enrojecer a cualquier persona cultivada libre de complejos. Claro que no es el caso de las masas de papanatas, (orientadas por los llamados medios de comunicación, que gobiernan actualmente la cultura) que los adoran como si se tratara de cantantes pop, o en términos bíblicos, de becerros de oro.

ALBERTO LÓPEZ

miércoles, 10 de septiembre de 2014

LA PRIMERA VEZ

Nada es fácil ni difícil, solo atrévete y la próxima vez lo harás mejor.

Definitivamente todos nacemos sin experiencia,  pero la vida nos ofrecerá cada instante un nuevo desafío. Aprender y hacer es la consigna desde el momento en que nacemos.

El bebé luego del parto debe aprender a respirar, es la primera decisión trascendental que toma en su primer segundo de vida, descubre que el aire es el que le da aliento, y llora con todas sus fuerzas para que se dilaten sus pulmones.

Aunque aún no tiene control de su cuerpo no duda en agarrarle un seno a su madre y localizar la fuente de su primer alimento, cosa complicada que luego de pocos minutos domina a la perfección.

Después viene el aprendizaje  de gatear, ponerse en pié y caminar, otro de los grandes desafíos, y lo logra a pesar de que la estructura humana parece no haber sido diseñada para andar erguido. En esa etapa también descubre por primera vez el dolor y el bienestar, la alegría y la tristeza, en general comienza a descubrir los sentimientos, el calor y el frío, el amor y el sexo. Que curioso, pero si parece una programación binaria.

El primer día en el jardín infantil puede ser angustioso, pero le hace vislumbrar que el mundo es grande y se extiende más allá de las paredes de su hogar. Y siguen la escuela, el colegio, la universidad, el trabajo. Se hace cada día más grande en edad y experiencias.

Pero siempre habrá una primera vez, un nuevo desafío a superar. Y qué bueno que sea así. Un día en el que no aprendamos algo nuevo, que no nos sorprenda algo por primera vez, será un día desperdiciado.

Como decía Séneca: “Debes aprender mientras dure tu ignorancia"; Y si creemos al dicho, eso será mientras dure tu vida.

Para muestra un botón, este hombre nativo de Papúa Nueva Guinea aún descubre a su edad un nuevo desafío al ver por primera vez una escalera eléctrica. Resume su actitud la esencia del Aprender y hacer.

Nada es fácil ni difícil, solo atrévete y la próxima vez lo harás mejor.



domingo, 7 de septiembre de 2014

SALUDCOOP - HISTORIA DE UN ASALTO

Jorge Enrique Robledo Castillo (n. Ibagué, Tolima, 11 de febrero de 1950) es un arquitecto, profesor y político colombiano. Es miembro del Polo Democrático Alternativo y ha sido elegido por voto popular para integrar el Senado de Colombia.

Robledo se ha caracterizado por ser uno de los miembros de la oposición más críticos con el gobierno del expresidente Álvaro Uribe y el actual presidente Juan Manuel Santos, ha liderado desde su partido la oposición a los Tratados de Libre Comercio entre Colombia y diferentes potencias mundiales. Su labor en el Senado lo ha llevado a ser considerado en varías ocasiones como el mejor senador del país por parte de líderes de opinión y de sus colegas senadores.

SALUDCOOP: EL MAYOR ASALTO AL PATRIMONIO PÚBLICO

Transcripción de la intervención del senador Jorge Enrique Robledo, plenaria del Senado, 2 de septiembre de 2014

1,4 billones y aún más de la salud de los colombianos están por perderse El ministro de salud Gaviria debe renunciar

 La demanda penal por defraudación contra el cartel de las EPS duerme el sueño de los justos. El fiscal general de la Nación, encargado de investigar el robo, hizo contratos con Saludcoop por más de 5 mil millones de pesos. Está comprobado que, con la Ley 100, el sistema de salud de Colombia no tiene arreglo. Según la Contraloría, el Minsalud ha incumplido lo ordenado por la Corte Constitucional sobre la UPC. Sigue habiendo corrupción con los recobros del Fosyga. Más de 6 billones les deben las EPS a hospitales y clínicas. De 955 ESE existentes en Colombia, 430 se encuentran en alto riesgo financiero y 568, en riesgo entre alto y medio. Según la Defensoría, hubo en 2013 casi 300 mil denegaciones de servicios de salud.

Según la Defensoría, en Colombia se presenta una tutela cada cuatro minutos, la mayor parte con exigencias en salud. Ilegalmente, con la plata de la UPC, Saludcoop compró 28 clínicas, 14 lotes, una inversión en el Río Grande Country Club, la Lavandería Impecable y Saludcoop México. Según la Contraloría, Saludcoop le adeuda 1,4 billones de pesos al sistema de salud, porque se los apropió ilegalmente. También les debe 583 mil millones a las IPS. Saludcoop ha incurrido en causal de disolución y liquidación. Y el gobierno no hace nada. Entre el 2010 y el 2013, la cartera vencida de las EPS con las IPS pasó de 1.9 a 4.2 billones de pesos. El ministro y el superintendente deben renunciar. El sistema de salud requiere alta cirugía y cambios de fondo, no paños de agua tibia.

 Empiezo expresando mi voz de solidaridad con los ibaguereños y tolimenses que hoy padecen un desastre con su principal hospital, el del departamento, el Federico Lleras, sumido en una crisis gravísima. Y vamos a ver en el debate cómo hay muchas crisis más en la red pública. Lo quiero poner como un ejemplo para ilustrar en qué momento estamos adelantando este debate.

 Recordemos que en 2011 hice un debate que de alguna manera es el antecedente de este otro. Lo que advertimos en ese momento es lo que ha pasado a lo largo de estos casi tres años. Y voy a explicar cómo las cosas, lejos de haberse resuelto, se han incluso empeorado, tanto en lo relacionado con el funcionamiento general del sistema de salud, como en lo que tiene que ver con el caso Saludcoop, un asunto sobre el que me detuve en detalle aquella vez. Apoyado en decisiones de la Superintendencia de Industria y Comercio, denuncié que las principales EPS del país habían montado un cartel, fue la palabra que usó la Superindustria, para defraudar, para robarse, usando un lenguaje coloquial, los recursos de la salud. Señalé también cómo Saludcoop había inflado sus cuentas de medicamentos en 800 mil millones de pesos. Poco después, la viceministra de Salud les interpuso una demanda penal, que duerme el sueño de los justos. Hablamos de las manipulaciones con los recobros del Fosyga y cómo se pagaban medicamentos a unos precios absolutamente escandalosos, de los horrores de la integración vertical como instrumento para defraudar el sistema, de las inmensas deudas de las EPS a las IPS y de la crisis hospitalaria tanto pública como privada. Demostramos cómo la auditoría del Estado a las cuentas del cartel defraudador era prácticamente inexistente, porque las EPS informaban lo que querían y, en cierto sentido, también hacían lo que querían.

 Mencioné específicamente que me parecía un gran desacierto haber nombrado como fiscal General de la Nación a quien venía de tener contratos por más de 5 mil millones de pesos con Saludcoop, empresa fuertemente cuestionada en ese momento. Precisé que, de acuerdo con la Superintendencia de Salud, Saludcoop se había embolsillado ilegalmente, o robado, digamos para usar un lenguaje más directo, 600 mil millones de pesos de recursos de la salud. En ese momento la decisión estaba impugnada, pero ya era una decisión de la Superintendencia de Salud. Expliqué que la salud de los colombianos era terriblemente mala. Y señalé por último que con la Ley 100, el sistema de salud de Colombia no tendría arreglo.

 La idea, colegas, es volver a mirar qué ha pasado, qué es lo nuevo y cómo vamos. Y comienzo por hacer una advertencia. Este no es un debate contra el cooperativismo, no tengo nada contra esa respetable actividad de los seres humanos. Tampoco es un debate contra los trabajadores de Saludcoop. El pleito es con algunos de los directivos de Saludcoop, de ninguna manera contra los trabajadores y mucho menos contra los pacientes de Saludcoop, en buena medida víctimas de este desastre.

 Voy a partir mi intervención en dos grandes temas. El primero, qué pasa con el sistema de salud en Colombia. El segundo, de qué se trata el caso Saludcoop. Y voy a concluir señalando que las cosas andan de mal en peor. Voy a señalar mi insatisfacción por las explicaciones que me han dado tanto el ministro de Salud, el doctor Gaviria, como el superintendente de Salud. Y dependiendo de las explicaciones que oiga hoy, es probable que concluya pidiendo renuncias, porque pienso que alguien tiene que responder por las cosas cuando no funcionan de manera adecuada.

Para leer la transcripción completa utilice el siguiente vínculo: Ver la nota completa

sábado, 6 de septiembre de 2014

ASTROPUERTA SEPTIEMBRE 2014

Este es el informe Astropuerta de septiembre 2014 que nos envía mes a mes Germán Puerta Restrepo desde el planetario de Bogotá.

Hola:

Los cometas C/2014 E2 (Jacques), C/2012 X1 (LINEAR) y C/2013 V5 (Oukaimeden) se pueden observar este mes con binoculares y telescopios pequeños. El más brillante es el cometa Jacques que se encuentra en los cielos del Norte entre la constelación Cassiopeia y la estrella Deneb de Cygnus.
Ver mapas en
Meteoros y meteoritos en Facebook
En Planetario de Bogotá se encuentra una nueva Tienda de Productos de astronomía y ciencias. Se pueden solicitar materiales por correo. Ver
ASTROMANÍA
Enseguida los eventos del mes.
Saludos
Germán Puerta
www.astropuerta.com 
En Twitter
@astropuerta

1. Principales eventos celestes de Septiembre 2014

Martes 2 – Luna en cuarto creciente
Martes 9 – Luna llena
Lunes 15 – Conjunción de la Luna y la estrella Aldebaran en Scorpio
Martes 16 – Luna en cuarto menguante
Martes 23 – Equinoccio
Miércoles 24 – Luna nueva
Domingo 28 – Conjunción de la Luna y Saturno

2. Principales efemérides históricas de Septiembre 2014

Lunes 1 – 1979: La nave Pioneer 11 envía las primeras imágenes cercanas de Saturno
Miércoles 3 – 1976: La nave Viking 2 aterriza en Marte
Lunes 8 – 2004: La sonda Genesis se estrella en Utah, Estados Unidos, con muestras de viento solar
Jueves 11 – 1822: El Santo Oficio en Roma anuncia que las teorías de Copernico pueden enseñarse libremente
Viernes 12 – 1758: Charles Messier observa la nebulosa del Cangrejo, M 1 en su catálogo
Sánado 13 – 1959: Lunik 2, primera nave en impactar otro mundo, la Luna
Domingo 14 – 1769: Nace Alexander von Humboldt
Jueves 18 – 1980: Arnaldo Tamayo, cubano, primer latinoamericano en el espacio
Domingo 21 – 2003: La nave Galileo entra en la atmósfera de Júpiter
Martes 23 – 1846: Johann Galle descubre el planeta Neptuno
Sábado 27 – 2008: El Taikonauta Zhai Zhigang, primer chino en realizar una caminata espacial
Martes 30 – 1880: Primera fotografía de la Nebulosa de Orión



lunes, 1 de septiembre de 2014

¿QUE ES LA ARQUITECTURA?

Aprender versus enseñar… 
¿Qué coño es eso de la arquitectura?
- Alberto López -


Un análisis con conocimiento de causa.
(Nota del blog)

Será que la arquitectura ha ido perdiendo su esencia hasta acabar diseñando edificios faltos de esa estética que por ejemplo le imprimieron en la antigua Grecia a sus edificios. O en tiempos modernos arquitectos como Frank Owen Gehry, Antoni Gaudí, Richard Meier, Frank Lloyd Wright, Ludwig Mies van der Rohe, Le Corbusier, William Morris, Philip Johnson, Walter Gropius, Norman Foster, por mensionar a los más destacados arquitectos del siglo XX. 

Y si la arquitectura es como dicen algunos arquitectos estrella, la poesía de la construcción… ¿se puede enseñar, como algunos pretender enseñar a hacer versos o a escribir novelas, en esos cursos de creación literaria que imparten escritores de segunda con aires de primera…

La arquitectura se dice tiene su propio lenguaje y se pone como ejemplo el lenguaje (los lenguajes) clásico (Sumerson) pero ese lenguaje no va más allá de un simple repertorio de formas o de elementos (columna, friso, etc.) que se combinan entre sí como un repertorio decorativo más.
Otros hablan de un lenguaje del espacio pero solo es retórica, pues el espacio como concepto es algo muy reciente, y es igualmente reciente el entendimiento de la arquitectura como espacio.

No se puede pues enseñar arquitectura como se enseña un lenguaje porque no tiene reglas, y porque la arquitectura como hecho artístico, si las tiene, siempre pretende romperlas. Solo es posible hablar de lenguaje en sentido académico, cuando una academia lo sistematiza desde la institución, esto es desde el poder, como cuando la academia de san Fernando aprobaba los dibujos de los edificios públicos.

Enseñar y aprender son procesos diferentes. Para enseñar hay que saber y para aprender, hay que estar en posición de aprender, además de tener unos conocimientos básicos para comprender algunos rudimentos de la materia tratada. Para enseñar arquitectura no solo hay que saber de arquitectura, sino también de cómo enseñar arquitectura.

Es verdad que la materia condiciona en parte el campo del enseñar, pero queda todavía una parte, sustantiva, propia, de conocimientos específicos del hecho general del enseñar, que se hace preciso dominar para proceder a transmitir los conocimientos de una materia.
Toda disciplina tiene un objeto sustantivo que la define, y tiene también un método propio que la caracteriza para poder ser trasmitida. Objeto y método de enseñanza son indisociables. La disciplina se convierte en tal, en la medida en que puede enseñarse. Una disciplina que no puede mostrarse, que carece de método para enseñarse, es inviable, se vuelve invisible, inexistente. Y si hace falta además de dominar la disciplina, un método para poder enseñar, no es menos cierto que hace falta también un método para aprender.

Todo esto y lo que a continuación expondremos parecen obviedades, y probablemente lo sean, pero es que el mundo académico, la universidad y su cerrado circulo de intereses, unido a la organización de la profesión de arquitecto en nuestra sociedad, con todos sus mitos artísticos y sociales, con su vertiente espectacular de los stars system y de los medios de comunicación, han desvirtuado todos los contenidos, hasta los mas obvios, pretendiendo mantener este mal llamado mundo de la arquitectura dentro del espíritu de lo sagrado, cuando en la realidad, enmarcado dentro del sector de la construcción, resulta de lo más prosaico.

Por otra parte, aunque estas reflexiones tienen por objeto la arquitectura, pueden ser de aplicación a otros quehaceres artísticos, tales como literatura. Así que pienso que estas reflexiones pueden ser de interés para un ámbito de lectores que va más allá de los arquitectos.
La primera pregunta que se alza ante nosotros es ¿cómo se enseña arquitectura? Y la duda que se nos plantea de inmediato es si nos referimos a la arquitectura o a las arquitecturas, esto es a una disciplina ¿científica o artística?)…o a una práctica social resultado de la síntesis de diversos conocimientos o quizás al resultado de esta práctica… a los edificios… a las arquitecturas. Porque… ¿de qué se trata… de enseñar arquitectura o de enseñar arquitecturas?).

Pero quizás debiéramos de preguntarnos antes que nada por el lugar donde se enseña tal disciplina o práctica y por la institución encargada de ello. La pregunta de entrada parece ociosa, pues cualquier ciudadano medio contestaría que la arquitectura se enseña en las escuelas de arquitectura. ¿Pero esto es en verdad así?... En las escuelas de arquitectura solo he visto, (desde que se abandono el clásico sistema de las escuelas de beaux arts, dentro de las que se incardinaba la arquitectura, la ingeniería, la pintura, la escultura etc.) enseñar disciplinas aisladas (las llaman cátedras) que no se cruzan entre sí, más allá que cuando los catedráticos se saludan en el pasillo entre una clase y otra. Disciplinas como dibujo y geometría descriptiva, matemáticas y física, técnicas de construcción, estructuras y su cálculo, resistencia de materiales, instalaciones, algunas máquinas como los ascensores y cosas así.

También enseñaban algo de las leyes y códigos vigentes en la construcción, y como se calcula lo que valen algunos materiales y las cosas que se emplean para hacer un edificio. Por ultimo como detritus de la época anterior todavía quedaban en mi época de estudiante, historia del arte y de la arquitectura, estética, con unas pinceladas de filosofía (el arquitecto, se nos decía, tiene que saber de todo porque la arquitectura es síntesis generalista y el arquitecto desde el Renacimiento requiere de una visión universal) y composición de edificios, una disciplina ya residual que desde la geometría adquirió gran protagonismo a partir del siglo XVIII francés , como armazón de la enseñanza de la arquitectura a lo largo del periodo beaux arts, pero que se mantenía con el solo título de composición, sin el epíteto “de edificios”, incorporando las experiencias abstractas herederas de la escuela Bauhaus.

¿Pero esto es enseñar arquitectura?... ¿La suma de estas cosas (no sé cómo llamarlas) es la arquitectura?, o todavía mas sencillamente ¿pueden dar juntas como resultado un edificio? Parece que evidentemente no, que la suma de lo que se consideran las partes, una vez más, no dan un todo y la arquitectura se escapa entre ellas como el agua, por un cesto de mimbres.

Pero si las escuelas de arquitectura no enseñan arquitectura, entonces ¿que enseñan?... Pues ya lo hemos dicho, una serie de técnicas y disciplinas que se emplean de manera cambiante según el momento de la organización productiva del sector de la construcción, un sector que se transforma o se estanca en cuanto a su organización y tecnologías, dependiendo de sus intereses económicos, que no son otros que los que crea la demanda inducida por las grandes empresas de la construcción y el capital financiero. En todo esto la arquitectura no aparece por ningún sitio, con la lógica excepción de la presencia manifiesta de los edificios construidos. Y es que en las escuelas de arquitectura se enseña, todo lo más, construcción o mejor dicho técnicas de construcción…Pero construcción no es sinónimo arquitectura, por eso los arquitectos académicos se oponen a que las escuelas de arquitectura se llamen de construcción.

Esta disgregación en partes de la arquitectura en cuanto a enseñanza, se ha intentado conjurar, en sustitución de la antigua asignatura de composición de edificios, con la enseñanza del “Proyecto” en tanto que disciplina sintética integradora de las distintas partes y disciplinas (convertidas en asignaturas en términos académicos) esto es, de cómo se hace para proyectar un futuro edificio. Este cambio de objeto de la enseñanza en las escuelas de arquitectura resulta relevante, ya que se ha pasado de intentar enseñar arquitectura a intentar enseñar a proyectar arquitectura (¿arquitectura, arquitecturas, edificios?) lo que se ha hecho, sin cambiar el nombre a la escuela que sigue siendo de arquitectura.

Pero un proyecto evidentemente tampoco es arquitectura, y aprender ha hacer proyectos, lo mismo que a hacer planos, no es aprender arquitectura .Es algo productivista, con el que se trata de elaborar de antemano, una herramienta guía para hacer o producir (fabricar) algo: un coche, una carretera, una plantación de árboles un edificio... Producción que es cosa cambiante, pues depende de lo que en cada momento sea o requiera la industria de la construcción en tanto que sector productivo, en el que los profesionales del proyecto son una pieza más y cada vez, por cierto, menos relevante, pues la organización de la producción, la mecanización y la informática acaban llegando (a pesar de la reticencia de los propios arquitectos) a todas partes.

Algunos sitúan el aprendizaje de la arquitectura constriñéndolo al aprendizaje del arte de la arquitectura, para el que, precisan, no todo el mundo esta dotado. Estos son los que diferencian, arquitectura de construcción y edificio de arquitectura. Claro esta, aunque el mundo esta plagado de edificios, para ellos la arquitectura es algo puntual, cosa que se da en este o aquel edificio y no en otros. La arquitectura es para ellos arte grande. Entre la escritura y la literatura los que así opinan se quedarían con la poesía. En sus escuelas no se enseñaría a escribir ni siquiera a redactar, sino a hacer versos. Por todo esto quizás, la arquitectura se esta convirtiendo en nuestra sociedad en algo tan prescindible como la poesía. .

A la vista de lo expuesto, enseñar arquitectura parece una algo complejo, incluso de definir y por tanto de transmitir su conocimiento. Sin embargo, resulta algo evidente si nos situamos frente a las cosas y a los objetos con una mirada limpia, sin la interferencia del sistema académico y profesional…es decir, frente a las cosas tal cual son. En este sentido, lo primero que sería preciso enseñar y aprender es a mirar… ¿Pero cómo se enseña a mirar?... Pues mostrando simplemente la arquitectura. Lo que se hace como siempre se ha hecho, esto es, poniendo al alumno delante del edificio y señalándolo con el dedo a la vez que se le dice: “he ahí la arquitectura”. Pero claro está, para esto, no hace falta escuelas, ni cátedras especializadas en todas aquellas disciplinas que más arriba hemos mencionado. Para eso solo hace falta saber escoger lo que se mira y enseñar a mirar, lo que obviamente solo se aprende con entrenamiento, esto es… mirando.

Las escuelas hoy en día, son centros de capacitación profesional, producen proyectistas de edificios o especialistas en partes de estos, y técnicos en construcción para encargarse de la ejecución de las obras. Esto responde lógicamente a lo que requiere la actual organización administrativa y el sector de la construcción, que ha dividido definitivamente la producción de un edificio, en una primera fase de planificación, el proyecto, y una segunda de desarrollo, la construcción. Que en la confección de los proyectos haya una intencionalidad estética (conseguida o no) nada cambia desde la óptica del aprendizaje de la arquitectura (que es otra cosa) ni convierte por ello a los alumnos en conocedores de arquitectura.

Y es que a las escuelas no se va a aprender arquitectura si no a aprender a hacer proyectos. A las escuelas se va a formarse como profesional para trabajar en el sector de la construcción haciendo edificios. Pero no es verdad que se requiera aprender a hacer edificios para aprender arquitectura, ni que aprender arquitectura sea sinónimo de aprender a hacer proyectos. Aprender para entender de arquitectura estudiando la disciplina de hacer proyectos, parece tan disparatado como tener que aprender solfeo o composición musical para comprender, entender y disfrutar de la música. Según esta visión, solo los arquitectos profesionales pueden entender de arquitectura ya que en ella no cabe el diletantismo…

El problema es cómo explicar a un diletante ilustrado como Alberti que nunca proyecto ni construyó nada y sin embargo escribió un tratado de arquitectura que se convertiría en un clásico, o a Piranesi, quién por una parte, se limitó a dibujar edificios y ruinas romanas y por otra desató su imaginación en grabados con visiones de cárceles imposibles.
Sin embargo, el asunto es mucho más sencillo. Solo se requiere mirar edificios con alguien entrenado en verlos, sea o no arquitecto. Solo hace falta que el profesor sepa arquitectura y que la sepa mostrar. Y para aprender solo hace falta entrenamiento.

La arquitectura se enseña y se aprende por tanto, como siempre se ha hecho, con un profesor al que acompañan los alumnos para ver edificios .Y es que el gusto por el conocimiento de la arquitectura, es un gusto propio de mirones. El placer por la arquitectura se colma viendo buenos edificios y ¡hay tantos buenos ejemplos!

Resulta sin embargo sorprendente que, para saber de arquitectura, las escuelas obliguen a los alumnos a pasar por el calvario de aprender a proyectar edificios. Es como si para saber y gozar de la poesía hubiere que seguir un curso de aprender a hacer versos o conocer cuantas estrofas tiene un soneto, que es una onomatopeya, o de que tipo de oración se trata y cual es el predicado. Y es como si la institucionalización de todas las cosas fuera una obligación, algo a lo que en esta sociedad se esta abocado. De ahí, que se confunda arquitectura con proyecto, música con solfeo o literatura con análisis gramatical.

En las escuelas de arquitectura, al menos en mi época, solía haber una tienda en la que los alumnos se proveían de material de trabajo como lápices laminas y cosas así. Supongo que seguirá existiendo (con el predominio de las computadoras quizás no). Pues bien soy de la opinión de que si lo que se enseñara en las escuelas fuera en verdad arquitectura, lo que debiera de haber, antes que aquella tienda e incluso antes que despachos, laboratorios y cosas así, es una agencia de viajes, que pusiera a disposición de los alumnos todo tipo de rutas y visitas programadas para ver edificios, con circuitos de autores, de estilos, de épocas, de tipologías etc. Una parte importante del trabajo de los profesores seria el de maestros-guías de manera similar a la de los guías turísticos. A estos cursos de visitas guiadas podrían asistir todo tipo de personas, fueran estudiantes o no, orientados hacia el ejercicio profesional, a la cultura en general o a la simple afición diletante. La única condición estaría el de su interés por la arquitectura.

Estos viajes yo he empezado a hacerlos muchos años después de acabados mis estudios académicos, con el antropólogo e historiador Caro Baroja quien me enseñó las villas medievales vascas, con el arquitecto Feduchi quien me ayudo a entender la arquitectura popular de la cornisa cántabra o con el también arquitecto I.M.Pei con quien recorrí el Louvre.

Para el verdadero estudiante de arquitectura que quiere conocer y saber de arquitectura, hay en el mundo ya suficientes edificios y ciudades de interés, como para ni en diez vidas poder verlos y disfrutar de todos. Entonces desde la perspectiva del conocimiento de la arquitectura…¿quién necesita de más edificios si no tenemos ni el espíritu, ni el tiempo para mirarlos y mucho menos la paciencia para verlos y pensarlos.

Es algo parecido a lo que sucede con los libros y la industria editorial. ¡Hay tantos libros por leer, que carece de sentido seguir lanzando libros al mundo!
Solo al que en verdad no le gusta la arquitectura, al que se la toma como una profesión, se puede dedicar ha proyectar edificios, a no ser que se trate de un loco o un incauto que todavía persigue la disparatada ambición de echar otro edificio al mundo con la esperanza de que sea algo nuevo.
El que es sabio en arquitectura en lugar de proyectar mira y calla, porque sabe que todo nuevo edificio es siempre un edificio de más. Solo cuando esta acompañado por un estudiante en verdad interesado, levanta el brazo y señala con el dedo a un edificio, se pone en camino lo rodea y penetra en su interior para recorrerlo. Pero esto más que una profesión, es una afición como la de leer libros, subir a las montañas o coleccionar sellos. No tiene ninguna trascendencia social. Por eso no se enseña en las escuelas ni en las universidades. Por eso no interesa más que a algunos arquitectos jubilados y a algunos locos, a los que por cierto en ocasiones sucede que son detenidos cuando se pasan mucho tiempo delante de un edificio mirando sus ventanas. La policía suele tender a pensar, que se trata de observadores o informadores de alguna banda terrorista, o en mejor de los casos viciosos mirones enganchados al sexo.

La enseñanza de la arquitectura, como la de la música o la de la literatura, cuando se centra en el mejor de los casos en la obra, ha venido en los últimos tiempos lastrada por el exceso en la interpretación. La experiencia única de la visita directa al edificio, percibiendo el espacio como totalidad, se ha sustituido por los planos, las perspectivas infográficas o el reportaje fotográfico de la revista especializada.


Susan Sontag
Susan Sontag (1964) ha advertido certeramente contra el exceso de interpretación que ha terminado por envenenar, domesticar y banalizar la complejidad de las obras de arte. Como en literatura, la lectura de la novela o del poema, en arquitectura nada sustituye a la visita directa al edificio. Por ello, para la enseñanza de la arquitectura, no se trata tanto de reforzar la interpretación como de olvidarse de ella bañándose directamente en las obras.
La crítica y el análisis arquitectónico, tendrían que centrarse en describir esta experiencia, advirtiendo que en cualquier caso nunca la sustituyen y que cualquier juicio es siempre algo limitativo y en ocasiones injusto.

El esfuerzo analítico de la arquitectura a partir de los sesenta derivo en dos caminos, uno critico que se relacionaba con las posiciones que ponían en cuestión el sistema y que hoy malvive en las cavernas esperando tiempos mejores, y otro más pragmático (más realista y disciplinar se decía) aunque aderezado con un gran y refinado bagaje cultural, que reforzaba la autonomía de la arquitectura entendida como disciplina pretendidamente ensimismada, pero que se acabaría orientándose, como no podía ser de otra manera, a fundamentar la enseñanza de la arquitectura, no en cuanto tal, sino como practica proyectual, legitimadora de la función social de la profesión de Arquitecto.

De entonces a hoy las cosas han cambiado mucho, aunque de enseñar y aprender arquitectura apenas si se sigue ocupando nadie. Pero el neoliberalismo reinante en los últimos años, ya casi como una nueva manera de ser y de vivir, ha llevado como en tantos otros aspectos, a una situación de total confusión en el mundo de la arquitectura, en donde todo vale si viene avalado por una firma reconocida del stars system, en donde es condición indispensable para el éxito de una obra su contenido en sorpresa y espectáculo. La arquitectura como parte de la sociedad del espectáculo, de la que hablaba a finales de los sesenta Guy Debord está más presente que nunca. Esto ha llevado a la reflexión teórica y a la crítica de las obras, a coincidir con la mera práctica profesional, en la que los textos explicativos fundamentales son los elaborados por los propios autores de los proyectos en la confección de estos, situación que ha convertido la critica, el análisis y la teoría, en algo casi inexistente. Del exceso en la interpretación, contra el que en los años sesenta advertía Susan Sontag, hemos pasado, en la mayoría de las actuales revistas de arquitectura, a la simple exposición de las imágenes de las obras sin otro texto que el pie de foto que referencia a la obra, y como no, al autor.

Casa de Le Corbusier 
De la arquitectura casi militante de autor de los sesenta, con la que se quería poner de relieve las obras ejemplares frente a la zafiedad de la mayor parte de la producción arquitectónica, gobernada por la mas rabiosa especulación inmobiliaria, se ha pasado al copyright del autor estrella, que pronto acabara cobrando derechos de imagen, no solo por su obra, sino también por su persona.
Así ha sido, hasta que ha llegado la crisis capitalista a los países desarrollados y se han implantado las políticas de ajuste y recortes económicos, que han considerado a la arquitectura del espectáculo como un gasto prescindible y ha mandado a la profesión de los arquitectos al paro. Ahora los cantos de sirena vuelven a llamar a la racionalidad en la construcción, a la sencillez, al ahorro, a acabar con el despilfarro inmobiliario. EL capital quiere ahora arquitectos responsables, modestos y buenos profesionales, alejados de las estrellas de los años recientes que empresas, bancos e instituciones encumbraron y ahora ponen en la picota y del que puede ser un ejemplo paradigmático el valenciano Calatrava.

Si en los últimos años en las escuelas de arquitectura se enseñaba a proyectar edificios brillantes y espectaculares (aunque fueran poco menos que inconstruibles)…si las escuelas estaban orientadas a producir genios…yo me pregunto… ¿qué enseñarán ahora?

domingo, 31 de agosto de 2014

LA TOMATERA



Encontré en la calle hace una semana una minúscula mata de tomate, aferrándose a una grieta y luchando por su vida. Maltrecha pero llena de optimismo en su labor de afincar sus raíces en la poca tierra donde por algún motivo cayó su semilla madre.

La tomé y la sembré en el patio de la casa. No había visto antes tanto deseo de vivir, sus hojas no se marchitaron a pesar del proceso de un trasplante poco ortodoxo, al contrario se irguieron como tomando aire para reponerse.

Al día siguiente el redrojo que había rescatado se había transformado en una vigorosa y verde planta que casi se podía ver crecer. Pero la sorpresa fue cuando pocos días después ya estaba floreciendo y hoy muestra una hermosa fruta, como si estuviera retribuyendo mi desinteresada acción. Pronto estará maduro su fruto, cual regalo envuelto en su ya tupido follaje. La naturaleza nos habla, y solo espera que nos demos la oportunidad de escucharla.

lunes, 18 de agosto de 2014

UN VIOLINISTA EN EL METRO


Un hecho aislado ocurrido en el Metro de Medellín a comienzos de agosto suscitó una gran polémica.  Un sector del  gremio de músicos de la ciudad protestó porque, según ellos, hubo discriminación y exceso de fuerza cuando se retiró de un carro del Metro a un violinista que no atendió una norma que rige para todos los usuarios del metro que no permite esas manifestaciones sin autorización previa.
El hecho de que en otros países no estén regulados estos eventos no significa que sean buenos o deseables, no veo que sea malo viajar en un sistema tranquilo y limpio.

Entiendo que los que no vivan en la ciudad encuentren en las imágenes del video algo que pueden calificar de un abuso de autoridad, pero para los que vimos nacer y florecer esta gran obra que nos entregó  una solución de transporte, rápido, tranquilo y seguro, cosa que nos produjo un sentimiento de pertenencia, la lectura del hecho es otra muy diferente que explicaré más adelante.

El joven músico declaró que había sido tratado con mucha violencia y que había sufrido varias lesiones, eso no se ve en el video, lo que haya ocurrido en la oficina a la que luego fue conducido habrá que esperar lo que diga la investigación.


Los que padecimos el obsoleto sistema de buses, antes de existir el Metro, si sabemos lo que era viajar en vehículos carentes de espacio y seguridad. “La guerra del centavo”  ponía en riesgo a los pasajeros en esa feroz batalla por conseguir un pasajero más, pues los conductores obtenían las ganancias de su trabajo con el porcentaje de los pasajes diarios, fuera de que no tenían sueldo básico ni prestaciones sociales.

Vimos con gran alegría paso a paso como se iba construyendo el Metro durante muchos años, contra viento y marea, pues como siempre no faltaron los que decían que aquello era un elefante blanco y que más bien esos recursos se deberían usar en la construcción de escuelas y hospitales, cosa que por lo demás es cierta hasta cierto punto pero que no objetaba su construcción. Claro que necesitamos más escuelas y hospitales de calidad, pero igual la ciudad urgía un nuevo sistema de movilidad que afortunadamente tenemos operando desde el 30 de noviembre de 1995 y que se justifica con creces.

Desde su inauguración fueron divulgadas las normas del sistema, y todos estuvimos de acuerdo, pasados ya casi 19 años continuamos aceptándolo, hasta ese día de agosto alguien, por desconocimiento o a sabiendas, se le ocurrió tantear el ambiente y subirse a uno de los vagones a interpretar el violín. Tal vez no fue el primero y de seguro no será el último, ya antes algunos habrían sido retirados por intentar vender comestibles o recurrir a la caridad pública, cosa muy común en los buses, pero esos intentos no pasaron de ser incidentes fortuitos ante los que nadie salió a protestar ni a esgrimir argumentos como si ha pasado ahora. Siempre en la sociedad habrá quienes no acaten las normas, pero estas siempre estarán para resguardar nuestros derechos y deberes y deben cumplirse, de lo contrario el mundo sería un caos.

Volviendo al caso del violinista, les aseguro que si hubiese visto en él algún asomo de exceso de fuerza no estaría hablando en este tono y mis argumentos serían otros muy diferentes. Pero una cosa es una cosa y otra cosa, otra.
Limitémonos a los hechos y miremos el video desapasionadamente, como si no supiéramos nada del asunto.
Podemos ver que el título del video ya está algo segado.


El hecho explicado con plastilina.

Es sorprendente la reacción que ha causado el video del violinista en el metro de Medellín. Las opiniones están divididas, unos dicen que hubo exceso de fuerza y otros que simplemente se hizo cumplir la norma. Así la cosa lo más recomendado para ser objetivos es ver el video completo y no quedarse solo con el encabezado. El video podría dividirse en varios capítulos.

1. El violinista interpreta un tema popular.
2. Algunas personas graban este inusual hecho.
3. Al parar en la estación un funcionario y varios patrulleros le informan al músico sobre la norma que no permite estas manifestaciones dentro del tren.
4. El violinista no acata la observación y por el contrario continúa haciendo su función corriendo hacia el fondo del vagón.
5. Los patrulleros ejerciendo su función tratan de detenerlo.
6. El violinista tercamente ingresa a otro carro deteniendo la marcha del tren.
Los trenes tiene un itinerario programado que cumple con el protocolo de seguridad.
7. El violinista ha roto la norma y el diálogo y se empeña en seguir desconociendo el reglamento y causando un retaso en el viaje de todos los pasajeros de ese tren y de todos los demás de la ruta, o sea de miles de usuarios.
8. Finalmente los agentes lo someten y lo sacan del tren.
9. Allí no se ejerció ningún acto violento por parte de la autoridad, solo se ve que cumplieron con su función de la única forma que les quedaba, sin golpearlo ni usar macanas ni pistolas eléctricas.
10. Los trenes retoman su marcha y todo vuelve a la normalidad.
No hubo allí ninguna discriminación contra los músicos como algunos pretenden, ni impedimento al libre ejercicio del derecho de expresión o al trabajo. Solo un hecho fortuito que fue solucionado a tiempo y adecuadamente. 

No se entiende ni es justo que se recrimine a unos patrulleros que solo cumplieron con su deber.

Hay que reconocer también que en el sistema Metro si se han hecho muchas actividades culturales, muchos conciertos y exposiciones hemos visto en sus estaciones e igual concursos literarios, proyecciones de cine y concursos de cuento y novela, como dicen sus directivos todos los espacios están abiertos con la debida concertación.

Otro servicio es la BiblioMetro, idea surgida en Santiago de Chile que ha sido replicada en otras tres ciudades del mundo: Madrid (ES), Valencia (ES) y Medellín (COL).

Las BiblioMetro del Metro de Medellín fomentan la Cultura Metro con el programa de lecturas de ida y vuelta "Palabras Rodantes", que consiste en un voto de confianza que el Metro pone en sus usuarios ofreciendo en la mayoría de las estaciones pequeños libros de autores antioqueños que pueden ser extraídos gratuitamente y sin registros desde buzones destinados para ello, con el compromiso de devolverlo a cualquier buzón cuando haya sido leído y compartido. Además algunas estaciones ofrecen acceso gratuito a Internet.

La BiblioMetro de Medellín ha hecho cientos de miles de préstamos de libros
Ahora espero que este hecho luego de tanta polémica y tantas opiniones encontradas quede en lo que realmente fue, un hecho fortuito. Y los más importante, que podamos seguir disfrutando de nuestro viaje en el tren metropolitano con la seguridad y tranquilidad como lo hemos hecho hasta ahora. Si por algún motivo o razón se permiten estas manifestaciones, habrá que buscar otro medio de transporte más amable, la bicicleta por ejemplo.