miércoles, 22 de marzo de 2017

CONTAMINACIÓN EN MEDELLÍN II

Siderúrgica de Medellín, SIMESA 1970
Como vimos en la primera parte de este tema, la contaminación no es algo nuevo en la ciudad, solo ha variado acorde a las épocas, crecimiento y transformación de la urbe.

Muchos recordamos la época en la que las fábricas SOFASA y Cementos Argos estaban activas en el sur de Medellín, fuimos testigos de las emanaciones de sus chimeneas, que oscurcían una gran área de ese sector. Y solo menciono estas dos, pues había otra gran cantidad de factorías allí.

La contaminación atmosférica ya se había iniciado en los albores de la industralización a comienzos del siglo XX y ha tenido sus períodos de complejidad en varias ocasiones. La diferencia radica en la forma en que ahora se pone en conocimiento de la población a través de los medios de comunicación.

Inicios del monitoreo atmosférico.

El Ministerio de Salud sé unió en noviembre de 1967 a la Red de Muestreo Normalizado de la Calidad del Aire PANAIRE, promovida por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que a su vez era parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que era dirigida desde Washington. Para el año de 1969 Colombia ya contaba con diecinueve estaciones instaladas en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Barranquilla y Cartagena; y para el año de 1973 América Latina y el Caribe ya contaban con ochenta y ocho estaciones, distribuidas en veintiséis ciudades, cuatro de ellas ubicadas en Medellín.


Los datos emitidos por REDAIRE sobre la calidad del aire en las ciudades colombianas prendieron una alarma, principalmente en la ciudad de Medellín, ya que esta se presentó como la ciudad más contaminada de Colombia, sobrepasando a la capital Bogotá. 

Los datos mostraron que Medellín, entre 1967 y 1974, excedió en 267 ocasiones los niveles que exigía la OPS, mientras que Bogotá, con seis estaciones mostró un exceso en 225 ocasiones, lo que aumentó la mala reputación que venía adquiriendo Medellín de ser la ciudad más contaminada de Colombia.

En diciembre de 1972, el concejo de Medellín autorizó la creación de la dependencia de Control de Contaminación Ambiental, la cual estuvo a cargo del ingeniero sanitario Jorge Ivan Zapata.

 Por primera vez, el control de las emisiones de los vehículos automotores hizo parte del control público en la ciudad. Además esta dependencia tenía entre sus deberes expedir patentes de contaminación y dar el visto bueno para la obtención del certificado sobre contaminación atmosférica que exigía el Ministerio de Salud Pública, mostrando una relación directa con las nuevas políticas que se venían ejerciendo desde el gobierno nacional con respecto a la calidad del aire.

Las funciones relacionadas con el control de la contaminación y la administración de los recursos naturales que estuvieron manejadas por diferentes divisiones de la AlcaldíaMunicipal de Medellín, pasaron a ser abordadas por una entidad regional llamada “ÁreaMetropolitana del Valle de Aburrá” en 1980. 


Pero el problema de las fábricas en la zona suroccidental de Medellín durante los años setenta fue más complejo. Un caso concreto es el vivenciado en el sector de Guayabal a raíz de la expulsión de dióxido de azufre (SO2) por una fábrica productora de ácido sulfúrico llamada Sulfácidos.

En 1976, la Corte Suprema de Justicia declaró la responsabilidad civil de la empresa Sulfácidos S.A. ubicada en el suroccidente de la ciudad, por arrojar gases sulfurosos a la atmósfera, dañar los bienes materiales de la empresa Hilanderías Medellín S.A. y afectar la salubridad de los habitantes de los barrios circundantes.

Este caso es señalado como uno de los antecedentes más relevantes en la historia de la jurisprudencia colombiana en asuntos de contaminación ambiental.
El tema de la salubridad del aire no era nuevo, ni mucho menos, para la academia en Antioquia y Medellín para los setenta, pues la Facultad de Medicina de la Universidad deAntioquia y la Academia de Medicina de Medellín, fundadas en 1871 y 1887 respectivamente, ya le habían dado interés desde sus comienzos a los aires, las influencias y los miasmas.

Las enfermedades epidémicas y endémicas que podían producir la descomposición de residuos orgánicos y la evaporación de aguas estancadas y pútridas representaban los temores atmosféricos del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en Medellín. Las preocupaciones médicas, en el caso de Medellín sobre la atmósfera, no correspondían en principio a la inhalación o al contacto de sus habitantes con humos provenientes de la incineración de madera o carbón para usos fabriles, industriales, domésticos o agrarios, sino al posible contagio de enfermedades por medio de los miasmas generados por el estancamiento y la putrefacción de aguas y residuos orgánicos como focos de infección.


A finales del siglo XIX y principios del siglo XX la quebrada Santa Elena representó un serio problema sanitario para la sociedad medellinense, ya que era el principal vertedero de desechos sólidos y líquidos de la ciudad. Manuel Uribe Ángel, reconocido médico, geógrafo e historiador, quien a su vez fue profesor de la Universidad de Antioquia y miembro fundador de la Academia de Medicina de Medellín, señaló en 1890 respecto a los microbios y el aire que emanaba la quebrada Santa Elena que:

[…] todo o la mayor parte del producto de las letrinas cae directamente sobre esas aguas; que se deposita, se disuelve o se suspende en ellas para ir luego a mezclarse con las del río Medellín, o quedan en montones reunidos con la basura que vecinos incautos arrojan sobre ella, para formar masas considerables que, expuestas al calor del sol y a la humedad, fermentan, se evaporan, saturan el aire y constituyen focos de peligrosa y deletérea naturaleza. Oxido de carbono, hidrogeno carbonado, gas, ácido sulfhídrico, hidrogeno fosforado, acido sulfuroso, millones de millones de microbios y muchos agentes más, perniciosos todos ellos, que tienen allí su origen y de allí se derraman para ponerse en contacto con hombres y animales que los multiplican sin guarismo.

En 1968, se instauró en la Universidad de Antioquia la primera carrera de ingeniería sanitaria en el Departamento de Antioquia, carrera que incluiría a partir de 1978 una materia llamada Contaminación Atmosférica. Además, en 1975 se creó el Centro de Investigaciones Ambientales como una apuesta de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Antioquia por afrontar las manifestaciones del deterioro ambiental. Esta iniciativa contó desde su comienzo con un laboratorio para medir los niveles de diferentes tipos de contaminaciones (hídrica, atmosférica y de suelos). 


Una descripción de la industria en Medellín, realizada por Sert y Wiener en un informe de 1950, muestra la desorganizada y no planeada ubicación de la industria de Medellín para mediados de siglo, señalando que la ciudad no había considerado las condiciones geográficas y eólicas del Valle de Aburrá para la organización de sus industrias:

La industria está regada por completo en el Área Metropolitana. Ningún criterio consistente se ha seguido para su localización. En muchas ciudades sin planeamiento, se ha agrupado a lo largo de las carreteras principales. En Medellín, este no es el caso.

En los tiempos pasados, no se han tomado en consideración los vientos prevalecientes para escoger los sitios de la industria. El humo, los gases, el ruido y los peligros del tráfico, han invadido las áreas residenciales vecinas. Las zonas mixtas prevalecen, y se levanta toda clase de industria, comercio y diferentes tipos de edificios residenciales, sin un plan lógico.

Una descripción de la industria en Medellín, realizada por Sert y Wiener en un informe de 1950, muestra la desorganizada y no planeada ubicación de la industria de Medellín para mediados de siglo, señalando que la ciudad no había considerado las condiciones geográficas y eólicas del Valle de Aburrá para la organización de sus industrias:

La industria está regada por completo en el Área Metropolitana. Ningún criterio consistente se ha seguido para su localización. En muchas ciudades sin planeamiento, se ha agrupado a lo largo de las carreteras principales. En Medellín, este no es el caso.

En los tiempos pasados, no se han tomado en consideración los vientos prevalecientes para escoger los sitios de la industria. El humo, los gases, el ruido y los peligros del tráfico, han invadido las áreas residenciales vecinas. Las zonas mixtas prevalecen, y se levanta toda clase de industria, comercio y diferentes tipos de edificios residenciales, sin un plan lógico.

A pesar de estos diagnósticos, el Plano Regulador diseñado por Sert y Weinner convirtió la margen suroccidental del Río Medellín en una zona mixta (industrial y residencial), separada únicamente por la Avenida Guayabal, que estaba contemplada como una avenida-jardín, ya que contaba con una pequeña franja de árboles entre la calle con sentido sur y la calle con sentido norte. De esta forma, la cercanía de los nuevos barrios obreros con la industria serviría para que las empresas del sector tuvieran a sus alrededores la mano de obra (obreros) con sus familias a una corta distancia, facilitando la movilidad de estos a la empresa, sin necesidad de pagar sobrecostos por transporte. 

La construcción de barrios obreros no era una dinámica nueva para la ciudad de Medellín. Desde finales del siglo XIX la ciudad y el Valle de Aburrá ya se perfilaban para ser un territorio industrial. Refiriéndose a la primera mitad del siglo XX Fernando Botero anotó que:

El proceso de industrialización y la necesidad de estabilizar una clase obrera que carecía de vivienda, así como el éxodo de campesinos a la ciudad generado por el atractivo del empleo fabril y por la búsqueda de mejores oportunidades en la ciudad planteó, durante las primeras décadas del siglo XX un problema a los empresarios y a la municipalidad. Este periodo se caracterizó, desde el punto de vista urbanístico, por el gran auge de las urbanizaciones y el surgimiento de barrios obreros, en su mayoría realizados por iniciativa privada.

EL PROTOCOLO AMBIENTAL

Archivo Valores Simesa
En realidad el Plan Parcial Gran Manzana Simesa es innovador porque creó una manera completamente nueva de hacer las cosas, que estuvo basada en lo que se conoce como protocolo ambiental. Este mecanismo es un acuerdo entre las partes de respetar unos parámetros y unos procesos ambientales, para que se pueda dar la colindancia y la convivencia de usos, en principio incompatibles.

La oposición inicial de los industriales de la zona estaba justificada en gran parte por el temor de entrar en conflictos con los nuevos habitantes del sector por sus impactos ambientales, así que para mitigar esos temores se realizaron mediciones muy precisas durante más de un año de la contaminación real del sector en cuanto a ruido, material particulado y hollín en el aire. 

Los resultados arrojados por el estudio concluyeron que la contaminación del aire y de ruido que aportaban las fábricas no era tan significativa en relación con el impacto producido por el transporte público de la autopista y de la avenida Las Vegas.

Con los resultados de esas mediciones se dio paso a la negociación del plan parcial que, además, determinó la distancia entre las industrias y la vivienda a través de la creación de tres parques, Parque de las Flores, Parque de Simesa y Parque de los Colores, como parte del aislamiento y de mitigación de impactos ambientales entre las zonas industriales y las zonas con nuevos desarrollos.

Archivo Valores Simesa

Pautas publicitarias de industrias y empresas nacionales y locales con mensajes de protección y compromiso con el medio ambiente en la revista Contaminación Ambiental, 1977-1979.


Bibliografía: Una historia social y ambiental de la contaminación atmosférica en la ciudad de Medellín durante los años setenta.
David Sierra Márquez.
Monografía para obtener el título de historiador
Asesor: Sebastián Gómez González
Universidad de Antioquia
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Departamento de Historia
Medellín, Colombia, 2014

lunes, 20 de marzo de 2017

LAS VISITAS DE VICKY

"Nadie logra el éxito sin la ayuda de los demás. El sabio y el confiado reconoce esta ayuda con gratitud". 
Alfred North Whitehead.

Vicky, foto deTony Tovar Comunicaciones
Esperanza Acevedo Ossa, más conocida como Vicky, fue una gran cantante y compositora nacida en Ansermanuevo, Valle del Cauca en 1947. Los que vivimos la época de El Club del Clan fuimos testigos de sus inicios como como estrella de este programa, creado en su versión colombiana por Guillermo Hinestroza Izasa en los años sesentas. Poco a poco y gracias a sus hermosas composiciones fue ganándose el corazón se sus seguidores.

Mucha tristeza causó su fallecimiento el pasado 15 de marzo en la ciudad de Bogotá. Lo que de seguro no morirán son sus canciones, pues han quedo prensadas en el alma del pueblo. Gracias Vicky por todo.

AGRADECIDA.

No se conoce mucho esta faceta de Vicky, y es que hablaba poco de eso. Nunca olvidó su difícil comienzo en los medios musicales, algo bien complicado. Ella siempre recordó que el gestor de muchos cantantes que alcanzaron el éxito era Guillermo Hinestroza, a quién nunca dejó de visitar, aún en sus últimos años cuando estaba pasando por difíciles momentos económicos y de salud. 

Esto lo supe cuando tuve oportunidad de hablar con don Guillermo en la modesta casa que habitaba en el sector de Niquitao en Medellín. Eso fue el 8 de agosto del año 2009. Mientras le hacíamos una entrevista para el blog le pregunté sobre su relación con los actores de El Club del Clan. 

Sin pensarlo dos veces nos dijo que los que nunca dejaron de visitarlo fueron Oscar Golden y Vicky, por los que sentía un inmenso cariño. Claro que en ese momento ya Oscar Golden había fallecido un mes antes, el 29 de julio del 2008.

Nos dijo que Vicky segúia visitándolo con frecuencia, llenando su casa de alegría y algunos regalos. "Esa muchacha llega y comienza a cantar a todo pulmón, varias veces los vecinos se quejaron, pero nada, ella es así y me alegra mucho cuando viene".

Sin duda Vicky era una mujer agradecida, con la vida y con la gente que fue buena con ella.


sábado, 18 de marzo de 2017

Ramón Alberto Mejía Bohórquez


Un paisa de pura sepa, de esos que quedan pocos, fue el que tuve la suerte de entrevistar en su librería del barrio Prado de Medellín. Promotor cultural y social, conferencista, periodista y escritor. A sus 77 años aún sigue activo, escribiendo, dictando conferencias y asesorando empresarios para que jalonen la productividad y la oferta de empleos dignos que tanto necesita el país. 

De una memoria prodigiosa que atesora gran cantidad de historias de la Medellín de antaño. Y no podía ser de otra forma pues fue educado por grandes maestros de instituciones cristianas.

Nació en la clínica Los Ángeles de Medellín en 1940. Su padre Ramón Emilio Mejía Arcila, ingeniero electromecánico,  nació en Armenia mantequilla. Su madre Mercedes Bohórquez Hidrón fue maestra de escuela, nacida en Medellín.

Desde pequeño tuvo la ilusión de ser escritor y cuando estudiaba en el colegio San José con los hermanos cristianos deseó ser sacerdote, tanto que fue enviado al seminario de Yarumal, donde un día el rector viendo sus cualidades le recomendó que se fuera para el mundo, pues pensaba que su futuro estaba en medio de la sociedad, y así lo hizo.

Autodidacta, de los que no paran de investigar y aprender cada día cosas nuevas. Hizo varios cursos que ofrecía en ese tiempo la Hemphill Schools. Por decisión propia decidió educarse y aprender en el yunque de la vida, que a veces ofrece dolorosas experiencias, pero que forja grandes hombres.

Se ha realizado de esta forma como periodista y escritor, y lo ha hecho tan bien que ha recibido muchos reconocimientos. Frecuentente ha sido entrevistado en programas de televisión y de radio. Ha escrito en el periódico El Colombiano, sobre todo cuando era dirigido por doña Ana Mercedes Gómez Martinez. 

Ha escrito libros sobre ética y valores, su primer libro fue Horizontes despejados, su editor ha sido Óscar Valásquez Tamayo, de Grafoprint. También dicta conferencias sobre temas empresariales y gerenciales. Sobre este tema escribió recientemente el libro “Creación de nuevas empresas y aumento en ventas. Le preocupa ver que algunas empresas, cierran o vienen presentando balances negativos, y no solo por la difícil situación y la corrupción que presenta el país, sino por fallas administrativas y gerenciales. Ese es el objetivo de su reciente libro, que sugiere soluciones positivas.

El origen de la corrupción subyace en un sistema educativo que no inculca valores ni deja claro que no todo lo legal es ético. Se añade a esto un sistema judicial laxo, que impone penas cortas  a los defraudadores sin exigirles la restitución de los bienes o el dinero que han ilegalmente sustraído.

Don Ramón opina que las nuevas tecnologías informáticas deben usarse con responsabilidad, para que no solo se conviertan en distracción y sean aprovechadas para la investigación y la formación del conocimiento, sobre todo en las etapas iniciales de la formación de la población escolar y universitaria. Por eso está de acuerdo con la recomendación de la directora del Bienestar Familiar, de no darle teléfonos celulares a los menores de 14 años,  solo darle los modelos básicos que solo sirven para tenerlos siempre en contacto y sirvan para contactarlos telefónicamente.

Es que con la inseguridad que vivimos, darle a un niño un teléfono de alta gama no solo sería un objeto de distracción para el buen desempeño de sus estudios, sino que los pondría en gran riesgo, dado el creciente robo de estos aparatos.

Llegó la hora de despedirnos y salgo de la casa de don Ramón con la satisfacción de haber conocido a una persona de grandes valores morales y éticos, un paisa de esos que aún cree en el valor de la palabra. Un hombre paisa como los que menciona Jorge Robledo Ortiz en sus poemas. Y ahora tengo la certeza de que aún no se han muerto los abuelos.

video

domingo, 12 de marzo de 2017

LA PILILA REBELDE

Alberto López

Monaguillos del pintor valenciano José Lull
Mi madre era una persona bastante religiosa, pero nunca fue una intolerante que nos impusiera sus creencias. Éramos una familia católica (con Franco, por definición, todas lo éramos) pero cada hijo cumplía a su manera. Con excepción de la obligada misa dominical, no recuerdo que nunca me recriminara por no asistir a algún acto religioso en la parroquia. 

De niño, al atardecer, la acompañaba en ocasiones al rosario, pero pronto deje de ir, sin mayor objeción por su parte. Aquel susurro de viejas con la iglesia en tinieblas me daba sueño. Para ella la religión era un asunto personal, como pienso debe ser para todo creyente civilizado, crea en lo que crea.

Por entonces, todas las madres, influenciadas por la prédica católica-apostólica- guerrera de la Dictadura, deseaban que alguno de sus hijos fuera al seminario o a la academia militar para, como por entonces se decía, servir a Dios y a España. Mi madre, poco proclive a lo militar, me prefería cura, pero no recuerdo que me empujara mucho hacia ello. Donde sí nos empujaban era en el colegio.

Una vez al año, cuando la diócesis celebraba la cuestación económica del llamado Día del Seminario, llegaban de visita, jóvenes seminaristas, entusiastas, alegres y guapos, vestidos de negro con su elegante toga roja, con la sana intención de cazar ingenuos infantes para incorporarlos a la carrera eclesiástica (era una buena salida de trabajo) al servicio de la Santa Madre la Iglesia. 

Nos contaban lo bien que lo pasaban en el seminario, los deportes y las estupendas instalaciones que tenían, lo bien que se comía (entonces era un argumento de peso) la camaradería y no sé cuántas cosas más. A algunos, en general a los de condición más humilde, se los acababan llevando. A mí también me hicieron tilín, pero aguante el tirón y gracias a Dios hoy soy ateo.

José Ramón, el mayor, era el más religioso de mis hermanos. Pertenecía a la Adoración Nocturna, una organización católica con un cierto tufo mesiánico-fundamentalista, en la que los hombres se pasaban la noche en la iglesia rezando, dándose golpes de pecho y tumbándose de bruces frente al Santísimo. Cuando se encerraban en la iglesia, después que los fieles salían del oficio vespertino, mi voraz imaginación infantil veía a aquellos oscuros adoradores de la noche, como practicantes de algún rito tan secreto como innombrable. 

Vamos, más o menos, como en una novela de Dan Brown o en alguna película de terror de Boris Karloff, de las que pasaban en el programa doble de la sesión infantil del cine del barrio. Más adelante me enteraría que, cuando el cura se iba a dormir y dejaba solos a los adoradores, aparecían los bocadillos de tortilla y chorizo, la bota de vino, el café y la copa de coñac y comenzaban las partidas de mus hasta el alba. 

José Ramón siempre ha sido un poco fundamentalista en sus tomas de postura y en las opiniones que suele dar cuando discute. Uno de sus mayores placeres es llevar con arrojada vehemencia la contraria. El transcurso de los años en vez de volverlo más comprensivo y tolerante, lo han hecho aún más intransigente. Para el todo es blanco o negro. Recuerdo que mis otros dos hermanos, se reían de su fervor religioso que le llevaba a adorar al Santísimo tumbado en el suelo junto a otros hombres. Ahora es el único ateo de ellos tres, aunque por llevar la contraria en una discusión, es capaz de declararse más católico y apostólico que el mismísimo Papa.

Desde niño, el espectáculo de los ritos, la liturgia y los oropeles de la iglesia católica, me han impresionado y cautivado. El boato barroco y la puesta en escena de sus actos litúrgicos, el órgano, cuyo profundo sonido bajo las grandes bóvedas no se adivina de donde procede, el incienso con su humo blanco y su perfume invadiendo todo el espacio del templo, los cantos en latín, eran aspectos que me transportaban a un estado casi místico, donde el erotismo y el diablo andaban por allí enredando. 

Claro que estoy hablando de cuando las misas se hacían en latín y de espaldas a los fieles. Ahora ya no es lo mismo. Con el cambio al idioma vernáculo y con los oficiantes de cara a la parroquia, la liturgia ha perdido el misterio, destripando el oscurantismo mágico y convirtiendo el rito católico en un acto prosaico, como de living pequeñoburgués, tal y como hace tiempo hizo el protestantismo. Así que los parroquianos, sin ese misterio, se han vuelto descreídos, y alejándose de la madre iglesia, se orientan ahora hacia las ciencias ocultas, el horóscopo y la parasicología. Yo pienso que los obispos modernos, se han equivocado dejando la religión en los huesos, porque claro, para eso, ya estaba la ciencia. 

En mis años de infancia y adolescencia, las estatuas de los santos me producían sentimientos ambivalentes de rechazo y atracción, de miedo y erotismo, sentimientos que, a su vez, dejaban en mi espíritu infantil, un cierto poso de culpabilidad por el mismo hecho de tenerlos. Pienso que la iglesia católica ha sublimado a través de las imágenes santas, siglos de represión sexual, de los que han sido víctimas no solo los creyentes de a pie, sino también sus propios pastores, que han llevado la carga de la castidad mal que bien, a base de cilicios mentales y físicos, y de domar la potranca de la polla cuando esta se les encabritaba, a base de látigo y otros castigos.

Ejemplo de esta erótica eclesial católica, en la que la presencia de abundante sangre añadía un componente erótico más, son las imágenes de muchos Cristos crucificados herederos del periodo barroco, que nada tienen que envidiar a las del sangriento cine americano actual de Mel Gibson o de Tarantino, de la Virgen con el corazón al aire cruzado de flechas (nunca pude entender, como conseguían pintarlo sin que se le vieran las tetas), de las imágenes de santos mártires descuartizados representados con un detalle casi pornográfico, o de las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús con el corazón sangrante saliendo del pecho, que en aquel tiempo inundaron los hogares católicos españoles y cuya advocación que data del año 1919 con el Papa León XIII, promovía con nuevos bríos el nacionalcatolicismo franquista ya desde la Guerra contra la República. 

Es conocida la práctica por la que muchos soldados rebeldes, especialmente carlistas, llevaban Sagrados Corazones de fieltro adheridos a las guerreras (se les llamaba detentes) para detener las balas enemigas.

Mi madre, siguiendo las recomendaciones del estado católico, puso una de aquellas imágenes de chapa enlozada en la puerta de la casa con la figura en cuestión, como afirmación pública de que la familia que la habitaba estaba consagrada a aquella advocación, bajo el lema El Sagrado Corazón de Jesús reina en esta casa, a la vez que entronizaba una imagen de escayola comprada en la ferretería del barrio sobre una peana neogótica de caoba que hizo mi padre, en un lugar prominente de la sala de estar. 

El día de su entronización formal, nos vestimos toda la familia de domingo e hicimos venir el párroco para consagrar la imagen. Con motivo de ello, le ofrecimos una opípara comida, que me sirvió para que ya desde la infancia pudiera comprender, el significado de la socorrida frase popular: “vives como un cura” 


Recuerdo que, a la entrada de nuestra parroquia, había un gran Cristo crucificado casi desnudo, con un paño mínimo cubriéndole pudorosamente sus partes, y del que inconscientemente quedaba colgada mi mirada con una cierta complacencia erótica. Mis reflexiones iban, sobre cómo aquel pequeño trozo de tela podía sostenerse, y sobre lo que podría ocultarse tras él. Porque a mi inquisitorial mente infantil le surgían dudas, sobre si a Nuestro Señor le colgarían también como a mí, sus correspondientes cojones entre las piernas, cuando precisamente, aquella parte del cuerpo humano de la que en aquel entonces apenas se podía hablar y menos enseñar, ni en público ni en privado, era tan denostada por los curas, como símbolo fatal del pecado. 

Recuerdo que aquel trapo ocupo también por entonces mis infantiles sueños eróticos, ya que en uno de ellos veía al trapo soltándose poco a poco, hasta que en el momento clave de su caída final, me despertaba sin terminar la escena y con el pijama mojado. 

Cuando volvía de mi mirada colgada ante el crucificado, apartaba rápida y vergonzosamente la vista, consciente de mi pecado, que como decían los curas, debiera haberme llevado a arrancarme los ojos, tal y como hizo Santa Lucía siguiendo las indicaciones del Nazareno…si los ojos te escandalizan, arráncatelos… Pero no era yo solo quien se recreaba en aquella contemplación de desnudez, sino que aquel cuerpazo sanguinolento y medio en pelotas, también atraía a muchas beatas. 

Siempre había ante él, mujeres hincadas de rodillas, rezando fervorosamente (pensaba ingenuamente yo) con su cara oculta tras sus negras mantillas, a la espera de que el paño cayera milagrosamente y consiguieran ver los cojones a nuestro divino Redentor. Y es que, en todos los episodios de sufrimiento y éxtasis religioso de la iconografía católica, tan marcados por la estética barroca, hay un fuerte substrato erótico que sale por las costuras de la castidad moral.
Ejemplo de la influencia de esta erótica religiosa que pesó como una losa en mi infancia, es el episodio que voy a narrar a continuación.

Es sabido que la comida y el sexo han caminado siempre muy unidos, así que comer el cuerpo de Cristo, siempre me pareció eróticamente un asunto de lo más estimulante. Después de comulgar me arrodillaba compungido y ensimismado, y me elevaba espiritualmente hasta casi levitar. En fin, que, por aquellos años juveniles, yo que siempre me tomo las cosas muy a pecho, casi me convierto en un místico, como San Juan de la Cruz. Pienso que, a través de aquel misticismo infantil, me sucedía como a los santos con sus poesías, que sublimaban con ellas las demandas sexuales que el cuerpo les pedía. Y de ahí arrancaba, lo que se acabaría convirtiendo para mí en un verdadero desasosiego que, durante un tiempo, me trajo a mal vivir.

El asunto radicaba en que, en el momento del clímax de la consagración, cuando el sacerdote levantaba la ostia, me resultaba imposible controlar mi pequeña y rebelde pilila, que se iba empalmando en la medida en que se realizaba el sagrado alzamiento. Yo, claro está, no quería que me pasara aquello, pero no podía evitarlo. Me empalmaba sin remisión. Esto conllevaba un problema, pues si no andaba con cuidado, cualquier vecino del banco donde me sentaba, podía darse cuenta de mi estado de excitación por el bulto de la entrepierna. Así que hacía todo tipo de ejercicios de disimulo, para sujetar aquella carne trémula y sin control que pedía guerra.

Pero el asunto en verdad trascendente, era el pecado mortal que aquel alzamiento conllevaba para mi pobre alma infantil. Un pecado horrendo que desbordaba todo acto de concupiscencia y con el que tenía indefectiblemente garantizado, un billete de primera clase para el infierno. Un pecado, además, para el que no había penitencia ni perdón posible, pues, a ver quién coño era el majo que se presentaba, así, sin más, ante un confesionario y le soltaba al cura, que a uno se le empinaba la pilila cuando el sacerdote levantaba la ostia en la consagración. 

En fin, que, no me atrevía a confesar tan execrable pecado, por lo que, durante largo tiempo, estuve, ¡inconsciente de mí! viviendo en pecado mortal, con el riesgo de acabar para siempre en los infiernos si, como decían los curas, un accidente de coche o la caída de una teja en la cabeza acababa con mi vida.

Con el paso de los años, mi pilila, en la medida en que se iba convirtiendo, como Dios manda, en una polla adulta, se fue domando poco a poco y dejo de responder como una depravada a la provocación de la consagración. Entonces fue cuando relativice aquel pecado mortal, diciéndome a mí mismo que, no era tan mortal, porque el recalentamiento no respondía a mi voluntad ni deseo, sino a mi incontrolable y pervertido inconsciente. 

El pecado todo lo mas seria venial y además no era mío, sino de ella, que andaba como una loca a su puto aire y por su cuenta. Todo lo más que me podía pasar, era que, cuando llegara al cielo, San Pedro me pidiera cuentas y exigiera que para poder entrar me la cortaran, y enviaran aquel irreverente cacho de carne al infierno. Claro está que, el asunto también comportaba algunas sesudas dudas teológicas, porque en el catecismo no se hacían referencias a salvarse y condenarse por partes. La salvación era de uno, como un todo. Era o todo o nada. No era pues fácil imaginar unas partes del cuerpo caminando por el sendero del cielo y otras por el del infierno. 

Pero bueno, yo tenia la esperanza de que San Pedro fuera comprensivo, he hiciera conmigo una excepción cortándome la polla y echándosela a los demonios, para así salvar el resto de mi cuerpo y poder disfrutar de la contemplación de Dios entre los justos. Porque, razonaba yo: ¿acaso los ángeles, arcángeles, serafines y querubines tienen polla?... Que yo supiera, no. Y también estaban en el cielo… ¿verdad? Pues eso, yo podía ser otro querubín más sin polla. La cosa era no ir al infierno y llegar al cielo, aunque fuera incompleto. Total, para el uso que suponía se haría de mi pequeño instrumento entre los justos…En fin que, no me parecía una gran pérdida.

Estuve dando vueltas al asunto durante mucho tiempo sin conseguir salir de dudas, hasta que finalmente me armé de valor, di el paso, y me fui al confesionario, a consultar con Don José (el cura párroco que había bendecido el Sagrado Corazón de Jesús en mí casa) para ver si me iluminaba y me sacaba de aquel desasosiego que me estaba robando la paz del alma. Cuando después del protocolario, Ave María Purísima y el sin pecado concebida, se lo comencé a explicar, a medio camino de mi discurso, me soltó una ostia en la cara que me dejó dibujados los cinco los dedos de la mano, a la vez que con muy malas formas me echaba gritando de la garita: tu chaval no se si eres un pervertido o un idiota… anda por ahí y sal de la iglesia que ya hablaré yo con tu padre….

Cuando el cura le comentó a mi progenitor lo sucedido (me indignó mucho que trasgrediera el sagrado secreto de confesión) este admitió que yo era un poco raro, que ya me habían llevado al siquiatra por otros motivos parecidos, pero que el médico le había quitado hierro al asunto, asegurando que, si bien era un niño un poco nervioso y quizás en exceso sensible, todo se me iría pasando de manera natural con el crecimiento. El tratamiento recomendando en aquella ocasión fue que, jugara más al futbol, tomara una cucharada de aceite de ricino con las comidas y aumentara mi ración diaria de fruta Desde entonces no he tenido mucha confianza en los siquiatras.

En cualquier caso, a mi padre el asunto del párroco no debió preocuparle gran cosa ya que no me aplicó ningún castigo suplementario a los trompazos y coscorrones habituales a que me tenía acostumbrado. Más bien pienso que cuando el cura se marchó, se quedaría descojonando de risa, bajo la mirada silenciosa y desaprobatoria de mi madre para quien la autoridad eclesiástica era cosa muy seria. Como el resto de los padres del barrio, sabía que, todos los chavales nos matábamos a pajas soñando con las actrices del cine americano. La única particularidad de las mías (que en cualquier caso tenían la disculpa de producirse de manera involuntaria) era que, en lugar de las actrices, las provocaba el acto de la consagración. 

Pero no creo que pensara que yo lo hacía por hacerle un feo a Dios Nuestro Señor. Al final y a la postre debió suponer que, todo eran cosas de niños inocentes y que para convertirme en un cabrón de los de verdad, ya tendría más adelante, tiempo de sobra en la vida.

Ahora, siempre que entro en una iglesia atraído por su arquitectura, sobre todo si está vacía, me gusta sentarme en un banco del fondo, dejándome envolver por el silencio del espacio religioso, mientras mi mente se pierde en lo alto, contemplando los entrelazados flamígeros de los arcos de las bóvedas. Lo curioso es que todavía, la entrepierna, llama a veces al recuerdo de aquel episodio de mi candorosa infancia que, a punto estuvo de hacerme acabar para toda la eternidad, en las calderas de Pedro 

sábado, 11 de marzo de 2017

CONTAMINACIÓN EN MEDELLÍN

Lo sospeché desde un principio.


Los que vivimos en Medellín hace más de cuarenta años conocemos muy bien el pulso de la ciudad. Igual distinguimos su olor y sus épocas de salud y enfermedad.

En 1924 la ciudad sufrió una alertal ambiental debido a la contaminación de la quebrada Santa Elena, que dejó de ser ese torrente cristalino con orillas de hermosa vegetación que exalaba aromas de flores y tierra mojada; y pasó de eso a convertirse en una cloaca maloliente.

¡Y qué lujos se gasta el tal Santa Elena! Músicas alternadas de aguas y espesuras, coros de cuadrúpedos y de bichos, colinas turgentes entre escarpas de peñascos, senderos de poleo y yerbabuena entre pedrejones revestidos de cardos y de viravira. ¡Qué se yo!...
(Tomás Carrasquilla)

Años después.

"El progreso y la salubridad fueron factores claves para que en 1924 la oficina de Ingeniería Municipal iniciara el cubrimiento de la quebrada. La Playa no sería más un paseo para atravesar por puentes; se convertiría en una Calle Real".

Luego cuando Medellín se convirtió en la primera ciudad industrial de Colombia, sufrió graves daños ambientales debido a las exhalaciones de las chimeneas de sus grandes fábricas. Muchos años la ciudad convivió con esta situación, pues se consideraba cosa normal de las grandes ciudades del mundo.

Viví la época en la que las administraciones comenzaron a tomar medidas drásticas para mejorar la calidad  del aire de Medellín; cuando inmensas factorias contamiadoras fueron trasladadas a sitios alejados de la ciudad.

Empresas como Siderurgica y cementos Argos fueron pioneras de la emigración febril, la primera fue cerrada, mientras que la segunda fue trasladada. Después han sido muchas otras empresas las que han estado abandonando sus antiguos sitios, dejando espacios para otros proyectos más amables, como Ciudad del Río.

El río Medellín.

Cuando Medellín era un pueblo grande, dicen que el río era un sitio de recreación y pesca para los habitantes de la ciudad, de hecho hay  algunas fotos que lo corroboran. Pero con el desaforado crecimiento de la ciudad ya en los  años sesentas el río era una inmunda cloaca. Recuerdo que cuando cruzabamos sus puentes, todos los pasajeros del bus teníamos que cubrirnos la nariz por su nauseabundo olor.

Más o menos desde entonce se vienen limpiando sus afluentes y cauces librándolos de sedimentos y basuras. Pero sin duda la primera solución efectiva fue la inmensa Planta de San Fernado, que purifica en su primera etapa los contaminantes del río.

Es la primera gran planta de tipo secundario en el país, localizada en la ciudad de Itagüí, al sur de Medellín. Entró en operación en su primera fase en mayo del año 2000. Ahora se trabaja en la construcción de la segunda planta en la ciudad de Bello, al norte de Medellín.

LA NUEVA CONTAMINACIÓN.
Lo sopeché desde un principio.

La mala calidad de la gasolina y el ACPM son la causa de las emergencias ambientales que ha tenido Medellín hace unos años. Es inconcebible que Ecopetrol haya estado vendiendo combustibles tan dañinos, y más ahora que ha hecho tan grandes y costosas inversiones en sus refinerías. Algo huele  mal.

Por este motivo, el alcalde Federico Gutiérrez le envió una carta al presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, para que se produjera diesel más limpio, y le pidió:

“Distribuir una gasolina que pase de 300 partes por millón de azufre a 50 partes por millón, y un diésel de 50 partes por millón de azufre a 10 partes por millón”. 
Sin embargo, no es viable, pues al Valle de Aburrá llega diesel de 450 partes por millón de azufre desde hace un par de años. Cuando el Concejo, el Área Metropolitana y las administraciones municipales del Valle de Aburrá solicitaron mejorar la situación, Ecopetrol planeó, diseño y construyó una planta de desulfurización para entregar diesel más limpio, por lo que ahora tendría que hacer una inversión que demoraría, mínimo, dos años.

No me convence la disculpa de Ecopetrol, algo huele mal y no solo es el azufre y el plomo que nos están enviando.

Importante.

Medellín es la ciudad más exigente en la medición de la contaminación en Colombia, por ejemplo comienza una alerta naranja cuando está entre 35 y 55 microgramos de partículas de 2,5 por metro cúbico. Esa misma medida en Bogotá genera solo una alerta amarilla moderada. En Santiago de Chile una alerta naranja solo se anuncia cuando están en 80 microgramos de PM 2,5 por metro cúbico. En Beiging la aleta naranja solo comienza cuando alcanzan 200 microgramos por metro cúbico.

Algunas publicaciones han dicho erróneamente que Medellín es la segunda ciudad más contaminada del mundo; nada más lejos de la realidad. Por esto el alcalde Federico Gutierrez dijo en una entrevista a la revista Semana: "Nosotros hemos generado las alertas, en cierta forma por hacerlo bien estamos quedando estigmatizados".

Video de Caracol Televisión.

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viernes, 10 de marzo de 2017

VISITA DEL PAPA A COLOMBIA

Una invitación con tinte político.


Para nadie es un secreto que históricamente muchas visitas papales han coincidido con los álgidos momentos que viven los destinos de sus viajes. El papa Francisco  ha visitado cuatro continentes, Asia, Europa, África y América. Algunos viajes obviamente responden a sus actividades apostólicas; pero otros son atendidos por invitaciones especiales hechas generalmente por mandatarios de estado.

Así ocurrió en México, país que atravesaba, y sigue haciéndolo, una delicada situación social y política. Sin duda alguna su visita quería ser aprovechada para moderar las protestas contra el gobierno. Lo que no esperaban era que el papa Francisco en una de sus intervenciones les jalara las orejas a clérigos y políticos, apoyando el sentimiento popular.

Otras visitas papales tuvieron como destino otros países suramericanos como Brasil, Ecuador, Bolivia, Cuba y Paraguay, tampoco ajenos a desigualdades sociales y corrupción.

Hay mucha tela que cortar sobre este tema, pero me inclino a pensar que el papa, así acepte invitaciones con indudable tinte político, siempre nos dará sorpresas inesperadas.

El señor presidente de Colombia urgía de la visita del papa Francisco a nuestro país para que su presencia de alguna forma validara su proceder ante las negociaciones con un grupo insurgente, el mal llamado proceso de paz, que más parece una firma de capitulaciones.

El 26 de septiembre del 2016 el papa Francisco puso condiciones a su viaje a Colombia, y fue muy enfático en esto:

“En América he dicho que cuando el proceso de paz termine (en Colombia). Yo quiero ir cuando todo esté blindado, es decir cuando el plebiscito termine, cuando todo esté seguro, seguro, seguro, cuando sea seguro que todas las naciones estén de acuerdo, que no se hará un recurso. Cuando todo esté terminado.

Si esto es así, podré ir, pero si la cosa es inestable… pero todo depende de lo que diga el pueblo porque el pueblo es soberano.

Nos hemos acostumbrado a mirar más las formas democráticas que la soberanía del pueblo y las dos deben ir juntas. Por ejemplo, se ha hecho costumbre en algunos continentes que cuando termina el segundo mandato de un gobierno lo que se hace es buscar cambiar la constitución para tener un tercero, y esto es sobrevalorar la llamada democracia contra la soberanía del pueblo, algo que está en la constitución…

El proceso de paz se resolverá hoy, en parte con la voz del pueblo soberano, lo que diga el pueblo es lo que creo que se debe hacer”.

Se ha confirmado que su santidad nos visitará del seis al once de septiembre y que estará en las ciudades de Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena.


Un viaje con sabor político que de seguro nos dará esas sorpresas que todos esperamos.

sábado, 4 de marzo de 2017

VENDER UN LIBRO EN COLOMBIA

Es un parto de mula.


Ni más ni menos, vender un libro en Colombia es una hazaña. Según las estadísticas en el país solo se leen 1,9 libros por año, y generalmente mal leídos. Cuatro de seis estudiantes no entienden lo que leen, algo muy preocupante. 

En Chile y Argentina los lectores llevan a su casa un promedio de cinco libros por año, mientras que los alemanes y los noruegos llevan 17 por año. En Medellín tenemos una biblioteca por cada 107.144 habitantes, mientras que Bogotá  tiene una por cada 393.939 habitantes. 

Cañasgordas, Antioquia, mi amado pueblo, tiene una biblioteca para sus 16.763 habitantes, supera ampliamente a las grandes capitales, pero su promedio de lectores y de libros disponibles debe ser mucho más bajo.

Mi amigo Fabio Restrepo, reconocido actor de cine y televisión, me contó su experiencia en una de las ferias del libro de Bogotá. Editorial Planeta le había publicado su libro “Verdugo de verdugos”, que por cierto es muy entretenido. Un día se acomodó en su puesto para vender su obra, pero el asunto no anduvo nada bien, pues al concluir la jornada las ventas no fueron las esperadas. 

Cuando se organizaba para abandonar el sitio pasó el famoso escritor Héctor Abad Faciolince, el de “El olvido que seremos”. Saludó efusivamente a Fabio y le preguntó sobre las ventas  de su libro.

- Héctor, esto de vender libros es un parto de mula, solo vendí cuatro.
- ¿Cuatro? Le respondió el escritor con ojos de incrédulo.

Fabio se sintió algo avergonzado, pero Héctor Abad continuó…
- Pues te felicito, yo no vendí ni uno.

Youtuber Germán Garmendia 
A varios metros del puesto de Fabio había una gran tumulto que vociferaba, cosa que les llamó la atención.

- ¿Qué es lo que hay allá?, le preguntó Fabio  a un transeúnte.
- Mire, es el puesto de un muchacho, un Youtuber muy famoso que ha publicado un  libro. Ya le han traído varias cajas pues de inmediato se agotan.

Fabio y su amigo se quedaron pasmados, era sorprendente ver esto; un muchachito acabado de salir de la adolescencia ya era un éxito editorial. Héctor Abad y Fabio se miraron boquiabiertos, sin duda vender un libro en Colombia es un parto de mula, obviamente no para los Youtubers.

La Ñapa:
De hecho, muchos editores se quejaron de las malas ventas en aquel día que Germán y sus fans se tomaron el recinto ferial, que por una tarde estuvo más cerca de ser un festival para adolescentes consumidores de contenido digital, antes que de personas realmente interesadas en aprovechar la fiesta del libro por sus descuentos y conversatorios.
(Juan Pablo Calvás - 'Youtubers' o escritores. El Tiempo26 de abril de 2016)