jueves, 18 de diciembre de 2014

EL VERDADERO PAPÁ NOÉL



En mis recuerdos de infancia siempre recuerdo que era el niño Dios el que nos traía los regalos en la noche de navidad. Y así siguió siendo por muchos años.

Pero como las cosas cambian, un nuevo personaje irrumpió poco a poco en nuestro país para compartir el trabajo de distribuir los regalos a los niños en ese hermoso día.

Era un simpático señor gordo, vestido de rojo y con mejillas coloradas, cabello largo y barbas canas. Para tal tarea usaba un trineo tirado por nueve renos:

“Donner (Trueno), Blitzen (Relámpago), Vixen (Bromista, Juguetona, Traviesa, Lista o bruja), Cupid (Cupido, Zalamera o Linda), Comet (Cometa, Veloz), Dasher (Alegre, Brioso, Enérgico, o Vondín), Dancer (Bailarína, o Danzarína), y Prancer (Acróbata, Saltador o Pompón); y liderados por un reno con la nariz roja llamado Rudolph (Rodolfo); siendo este el último reno en agregarse a la historia a raíz de la publicación de Robert L. May 's, Christmas story en 1939.

Con el pasar de los años el viejo Noél se ha integrado a nuestra cultura, pero más a nivel publicitario. Es que en Colombia seguimos prefiriendo al niño Dios como repartidor de los traídos de navidad.

Pero quién es papá Noél. ¿Realmente existió?

Pues sí, y no era ni remotamente anglosajón. En realidad fue un hombre que nació en la que hoy es Turquía hace 1734 años.*
*(contados hasta el año 2014)

San Nicola di Vari.

Este es su verdadero nombre, curiosamente así se llamó un famoso cantante Italiano. Igualmente papá Noél en sus comienzos era llamado por su nombre de pila “SAN NICOLÁS”. Es una historia curiosa, igual que su evolución hasta llegar a ser el personaje que ahora conocemos.

Aquí la historia
(Referencia)

Se estima que Nicolás de Bari nació cerca del año 280 en Patara, una ciudad del distrito de Licia, en la actual Turquía.

Era hijo de una familia acomodada y creció bajo los tirantes deseos de sus padres. Su padre deseaba que siguiera sus pasos comerciales en el Mar Adriático, mientras su madre pretendía que fuera sacerdote como su tío, el obispo de Mira (Turquía).
A los 19 años fue ordenado sacerdote por su tio. Más tarde, al morir su tío fue elegido para remplazarlo.

De él, se cuentan cientos de historias, especialmente narrando sus milagros y sus bondades para con la gente pobre. Tal fue la admiración que sintieron por él que se convirtió en santo patrón de Grecia, Turquía, Rusia y la Lorena (Francia).

La leyenda de Nicolás de Bari

Su relación con los niños nace en una de las historias que indica que alguien acuchilló a varios niños, entonces el santo rezó por ellos y obtuvo su curación casi inmediata. Pero además, Nicolás tenía especial inclinación por los niños.

También fue nombrado Patrono de los marineros, porque, cuenta otra historia, que estando algunos de ellos en medio de una terrible tempestad en alta mar y viéndose perdidos comenzaron a rezar y a pedir a Dios con oraciones tales como: ¡Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos! En ese momento la figura de San Nicolás se hizo presente y calmó las aguas.

En oriente se le conoce como San Nicolás de Mira o Myra, pero en occidente como San Nicolás de Bari, ya que, cuando los musulmanes invadieron el territorio antes griego y que hoy es Turquía, los cristianos lograron sacar en secreto sus reliquias (1087) y las llevaron a la ciudad de Bari en Italia. En esta ciudad se obtuvieron tantos milagros al rezarle al santo que rápidamente su popularidad se extendió por toda Europa. Hay cientos de templos en todo el mundo dedicados a su figura. Ya en el año 550, en Roma se erigió uno en su honor.
Papá Noel y la Navidad

En los países europeos este personaje recibe el nombre de Papá Navidad, traducido a su lengua (Father Christmas, Père Noël, Babbo Natale), excepto en España y otros países de habla hispana, en los cuales se ha castellanizado la palabra francesa Noël como Noel: Papa Noel.

Pero ¿cómo se relaciona con los regalos de Navidad? En la antigüedad, en Roma, se realizaban fiestas – a mediados de diciembre- en honor a Saturno (Cronos para los griegos), al final de las cuales los niños recibían obsequios de todos los mayores.

En otra época posterior, cuando el mito de San Nicolás aún no se había corporizado, igualmente existían otras tradiciones, como la de los niños italianos que recibían regalos de un “hada” llamada Befana. En Cataluña y algunas zonas de Aragón es un tronco “mágico”, llamado Tió o Tió de Nadal o a veces Cagatió, aunque esta última es más bien la forma de denominarlo de los que no son naturales de la región, al no conocer bien la tradición y la cultura catalana y tener como referencia la canción con la que se hace “defecar” (expulsar) al Tió (Caga Tió, Tió de Nadal, no caguis arengades, que son salades, caga torrons, que son més bons!!!),esta canción, y otras, se entonan mientras se golpea al Tió con una vara para hacerlo “defecar”, no antes de haberlo estado alimentando durante los días previos con diferentes alimentos, como: pelas de fruta, galletas, turrones, restos de la comida, etc.

Entonces, el día 25 por la tarde, después de la comida tradicional de navidad, es cuando se le hace “defecar” de la forma anteriormente expuesta. Al golpearlo expulsa los regalos y dulces. Mientras que los pueblos de algunos valles vascos y navarros, los regalos los traía el carbonero Olentzero y en valles de Bizkaya y alrededores tambiéniratxoak (duendecillos) con gorros verdes de armiño. En ciertas zonas del centro de Galicia se oye la leyenda delApalpador, que llegaba el día de Navidad a palpar las barrigas de los niños, dejando castañas a los niños más delgados (para que engordaran) y carbón a los mejor alimentados (para que calentaran la casa). Con el tiempo y con los prodigios conocidos de San Nicolás, éste fue remplazando a algunos de estos personajes paganos.

La transformación: De “San Nicolás” a Santa Claus y Papá Noel

El viejo Papá Noel
 ilustración 1855
Se cree que esto sucedió alrededor del año 1624. Cuando los inmigrantes holandeses fundaron la ciudad de Nueva Ámsterdam, más tarde llamada Nueva York, obviamente llevaron con ellos sus costumbres y mitos, entre ellos el de Sinterklaas, su patrono (cuya festividad se celebra en Holanda entre el 5 y el 6 de diciembre).

En 1809 el escritor Washington Irving, escribió una sátira, Historia de Nueva York, en la que deformó al santo holandés, Sinterklaas, en la burda pronunciación angloparlante Santa Claus. Más tarde el poeta Clement Clarke Moore, en 1823, publicó un poema donde dio cuerpo al actual mito de Santa Claus, basándose en el personaje de Irving. En ese poema se hace mención de una versión de Santa Claus, enano y delgado, como un duende; pero que regala juguetes a los niños en víspera de Navidad y que se transporta en un trineo tirado por nueve renos, incluyendo a Rodolfo.

Posteriormente, hacia 1863, adquirió la actual fisonomía de gordo barbudo bonachón con la que más se le conoce. Esto fue gracias al dibujante alemán Thomas Nast, quien diseñó este personaje para sus tiras navideñas en Harper’s Weekly. Allí adquirió su vestimenta y se cree que su creador se basó en las vestimentas de los obispos de viejas épocas para crear este «San Nicolás», que en ese momento ya nada tenía que ver con San Nicolás de Mira.

A mediados del siglo XIX, el Santa Claus estadounidense pasó a Inglaterra y de allí a Francia, donde se fundió conBonhomme Noël, el origen de nuestro Papá Noel, quien tenía parecido físico con Santa Claus, pero vestía de blanco con vivos dorados. Igualmente a fines del siglo XIX, a partir de un anuncio estadounidense de la Lomen Company, se crearía la tradición de que Papá Noel procedería del Polo Norte; y se popularizarían completamente los renos navideños como medio de trasporte de Santa Claus.

Luego, a comienzos del siglo XX en 1902, el libro infantil The Life and Adventures of Santa Claus de L. Frank Baum, se origina la historia de cómo Claus se ganó la inmortalidad, al igual que su título de santo.


Igualmente, ya en el siglo XX, la empresa Coca-Cola encargó al pintor Habdon Sundblom que remodelara la figura de Santa Claus/Papá Noel para hacerlo más humano y creíble. Esta versión data de 1931. En este punto, sin embargo hay que aclarar que es solo una leyenda urbana la creencia de que el color rojo y blanco de Santa Claus tenga su origen en los anuncios que la marca Coca-Cola empezó a hacer a partir de 1931, aunque sí es cierto que contribuyeron a la popularización de estos colores y del mito mismo.

Hay muchas ilustraciones y descripciones casi fidedignas anteriores al anuncio como la de Thomas Nast (1869) o St. Nicholas Magazine (1926), entre otras; eso sin considerar además las antiguas representaciones religiosas del obispo San Nicolás de Mira ó San Nicolás de Bari, en las que es común el color rojo y blanco de la vestimenta religiosa, si bien es cierto que desde mediados de 1800 hasta principios de 1900 no hubo una asignación concreta al color de Santa Claus, siendo el verde uno de los más usados. Por lo tanto, se considera que la campaña masiva de Coca-Cola fue una de las principales razones por las cuales Santa Claus terminó vestido de color rojo y blanco, pero estos publicistas no fueron los primeros en representarlo con estos colores.

lunes, 15 de diciembre de 2014

LOS PERROS TAMBIÉN VAN AL CIELO

El papa Francisco al ver a un niño llorando por su mascota se acercó a consolarlo. Luego en su discurso en la plaza de San Pedro mencionó el asunto:

"Un día vamos a ver a nuestros animales de nuevo en la eternidad de Cristo. El Paraíso está abierto a todas las criaturas de Dios".

Para los que amamos los animales fueron palabras llenas de esperanza, para otros, incluyendo académicos del Vaticano esta declaración causó extrañeza y la tomaron solo como una metáfora consoladora. Lo cierto es que el Apóstol Pablo en una situación idéntica ya lo había dicho como lo menciona nuestro amigo Alberto López al final de su escrito.

Alberto López

LARA



Hacía cinco meses, que por circunstancias de mi trabajo no la veía. Yo me encontraba a muchos kilómetros en otra ciudad. Nunca habíamos estado tanto tiempo separados, bueno, solo cuando estuve en la cárcel, pero entonces ella era todavía muy pequeña y aunque se la veía nerviosa, porque en el estado de la gente que estaba en casa, su aguda sensibilidad percibía que tras mi ausencia se escondía un drama familiar, con esas edades pronto se olvida.

Pero cuando volví de aquel largo viaje, fue diferente, porque su alegría al verme no se mostró con los signos habituales a través de los que ella y los de su raza muestran su alegría. Cuando nos vimos uno frente al otro, nos miramos a los ojos como nunca antes lo habíamos hecho (ella es muy tímida y se ruboriza fácilmente) y sabiendo ambos que, uno para el otro éramos como dos mudos separados por una muralla infranqueable, pude apreciar su denodado esfuerzo para romper la barrera de su mudez a fin de conseguir hablarme en mi propio lenguaje. Pude apreciar como luchaba contra su propia faringe para intentar articular palabras como las mías. Una y otra vez emitía sonidos guturales con los que mostraba su alegría al verme de nuevo y con los que me quería decir todo el amor que sentía por mí.

Nos abrazamos cara contra cara, cuerpo contra cuerpo. Ella restregaba su lomo una y otra vez contra mí, empujándome cariñosamente, en un gesto que era muy de ella. Corrimos, saltamos y retozamos por el césped del jardín, mostrando así nuestra alegría por encontrarnos juntos de nuevo. Yo le besaba el hocico y ella que me inundaba el rostro con su lengua. En nuestros paseos, siempre tuve con ella largas conversaciones, porque era una escuchante atenta y educada. Yo le hablaba y le decía lo guapa que era mi mudita y todo lo que la quería. Ella intentaba corresponderme, pero su mudez era infranqueable. Consciente de ello se desesperaba sabiendo que el lenguaje de su cuerpo no era suficiente para hacerme sentir todo el cariño y el amor que sentía por mí.

Una y otra vez me ofrecía su mano, pero el lenguaje de las manos tampoco estaba a su alcance. Sus dedos eran demasiado cortos y apretados, y ello aumentaba su angustia. Sabia que en mi mundo estaba condenada al silencio de por vida.

Cuando me tuve que ir de nuevo por otro largo periodo, sus grandes y profundos ojos, sabiendo que estaba ante una nueva separación, me miraron con todo el peso de su silencio, cargando mi alma con el abismo que Babel abrió entre nosotros.

Tras once años de convivencia, por causa de una enfermedad incurable, tuve que sacrificarla para no alargar su sufrimiento. Han pasado dos años y sigo echándola de menos. La imagen de Lara sigue nítida en mi memoria y su recuerdo me sigue acompañando como si aún estuviera a mi lado.

Una de las acciones de las que más me arrepiento en mi vida, es haberla golpeado con el pretendido fin de domesticarla, cuando sé que en el fondo no era sino el objeto inocente de mis frustraciones.
Debo reconocer que, aquellos golpes a un animal indefenso, me envilecían.

Lara fue una hembra que nunca me traicionó, que siempre esperó mi regreso y que me perdonó con una largueza y desprendimiento como nadie lo ha hecho nunca. Llamar a esto instinto, como hacen algunos sabios etólogos de laboratorio, me parece simplemente ridículo.

En nuestra civilización urbana actual, hemos perdido la relación mágica que desde la prehistoria teníamos con los animales y ésta pérdida irreparable, ha conllevado en cierta medida, una pérdida de nuestra propia identidad y humanidad.

Me viene a la memoria, la escena del apóstol Pablo, quien en cierta ocasión ante un niño envuelto en lágrimas por la muerte de su perro le dijo: "Un día volveremos a ver a nuestros animales en la eternidad de Cristo".

Yo sé que Lara, desde su Paraíso, sigue mirándome con la esperanza de un futuro reencuentro. Yo sé que ella no me olvida.

domingo, 14 de diciembre de 2014

TODO SE OLVIDA

Alberto López



Lo primero que se olvida de un muerto es la voz.
Después, como el paisaje en la niebla
la imagen se difumina
y dejamos de recordar el rostro.

Para fijarlo recurrimos al retrato
pero la imagen congelada
sólo es un recuerdo instantáneo de otro recuerdo
recreado por la imaginación y el ensueño.

La luz del pasado se apaga poco a poco
se consume…como la vida.

Nos esforzamos en recordar
pero la imagen se resiste
solo conseguimos recuperar algunos trazos
algunas iluminaciones.

A veces queda un sonido en el aire
una frase pronunciada por alguien desconocido
un gesto de un niño jugando en la arena
un color del cielo al atardecer
un olor que pasa como un relámpago en la noche.

Ni siquiera recuerdos
sino destellos de recuerdos

Y es que la memoria se cansa… y engaña… y olvida.
Un niño pregunta mirando una vieja foto :
… Madre… ¿quién es este señor?
… Tu bisabuelo…que murió hace muchos años.

Vivimos en los demás
mientras nuestro recuerdo permanece.

Cuando tras dos o tres generaciones
dejan de recordarnos
solo somos olvido.

Para amarrar el recuerdo
unos se esfuerzan en dejar
tumbas, monumentos y cenotafios.
Otros poemas, pinturas, músicas y edificios.

Pero el tiempo todo lo barre
y la tierra, incansable en su retorno
vuelve a cubrir los recuerdos
con su manto de silencio.

Al final, en el cosmos
solo somos una mota de polvo
una chispa de luz
perdida en la inmensidad del espacio y del tiempo.

Al final, en el cosmos
no somos nada.
Ni siquiera recuerdo.
Al final, todo se olvida.

LAS INOLVIDABLES VISITAS DE NAVIDAD


Cuando llegaba la época de navidad siempre visitábamos a los abuelos. Entonces su casa se llenaba de repente con hijos venidos de todos los puntos cardinales, acompañados de sus esposos, esposas e hijos. Una cantidad nada despreciable de personas, pues en aquellos tiempos, familia paisa que se respetara, no tenía menos de diez hijos.

Era el retorno a nuestras raíces que año tras año hallábamos en esa hermosa casa de campo. Allí descubríamos en las noches que el cielo estaba inundado de estrellas, tantas que hasta nos asustaba, en la ciudad no veíamos ni la cuarta parte de las que veíamos desde la casa de los abuelos.

El cielo se fundía con la tierra, cuando miles de luciérnagas encendían sus titilantes lucecitas en la oscuridad de la noche y teníamos la sensación de flotar en el espacio, hasta el punto de confundirnos y perder la noción de donde era arriba y abajo.

Nuestra fascinación se veía interrumpida por los gritos que desde la casa nos llamaban a comer. Entonces con mis hermanos y primos corríamos para encontrar en la mesa un suculento y humeante plato de frisoles con coles y otro de arroz, chicharrón, tajadas, aguacate y arepa. La sobremesa era un vaso de leche, pero de la original, de la de la propia vaca que tenía el abuelo y acompañada de un pedazo de dulce macho, (Panela).

Al amanecer nos amarrábamos una canasta de la correa y nos uníamos a los recogedores de café y a las chapoleras, que con mucha paciencia nos enseñaban a distinguir los granos de café que debíamos recolectar.

Para todos era una aventura corretear a las gallinas y buscar los huevos que ponían en sus nidos escondidos entre la maleza.

Montaña arriba había un nacimiento de agua que mi tío había canalizado a través de unas largas canoas de guadua que la conducían hasta una poceta grande de almacenamiento cerca de la casa.

Energía eléctrica no había, pero disfrutábamos en la noche de la luz de una vieja lámpara Cóleman, ideal para ambientar las historias de brujas y espantos que se acostumbraban antes de irse a dormir.

Eran navidades llenas de amor y unión familiar, nunca imaginamos estar en ningún otro sitio.

En casa de los abuelos pasamos muchas navidades felices, hasta que ellos se fueron hacia ese cielo estrellado que tanto contemplamos, tal vez a mirarnos desde allí con sus dulces ojos de ángeles.


LA NAVIDAD DEL CHAVO

Un cuento para todos los que llevamos un niño en el corazón


Ilustraciónde El Chavo.com

En la vecindad no faltan a veces los conflictos, pero cuando llega la navidad todos comprenden que son como una familia y organizan la fiesta muy unidos.

Arman un árbol con guirnaldas y adornos y cantan villancicos. El Señor Barriga (Zenón Barrica y Pesado) lleva regalos para todos y los entrega mientras hacen las posadas.


Una vez le dio al Chavo un bonito juguete que lo hizo muy feliz. Pero el Chavo salió de la sala y luego regresó sin su regalo. Cuando le preguntaron que había hecho con su aguinaldo este les contó que lo había dejado en el pesebre de un niño muy pobre, todos se conmovieron con la nobleza del Chavo y lo abrazaron con lágrimas en sus ojos mientras Cantaban:


LAS POSADAS
(Villancico tradicional de México)

En nombre del cielo
os pido posada,
pues no puede andar
mi esposa amada.
Aquí no es mesón
sigan adelante,
yo no puedo abrir
no sea algún tunante.

No seas inhumano,
tennos caridad,
que el Dios de los cielos
te lo premiara.

Ya se pueden ir
y no molestar
Porque si me enfado
los voy a apalear.

Mi esposa es María
es Reina del Cielo
y madre va a ser
del Divino Verbo

¿Eres tu Jose?
Tu esposa es María?
Entren, peregrinos

No los conocía.

Lo equivalente a la novena de aguinaldos que hacemos en Colombia, en México son las posadas. Los vecinos salen por la calle y cada noche tocan la puerta de un vecino para pedir posada para la sagrada familia, como lo hicieron en Belén José y María. Cuando les abren la puerta todos cantan su tradicional villancico:

viernes, 12 de diciembre de 2014

PÁGUEME LA RENTA


Solo los que tenemos una vivienda en arriendo podemos comprender al Señor Barriga, el simpático personaje de El Chavo del ocho. Don Ramón siempre le saca una disculpa el día de pago de la renta y así “Don Zenón Barriga y Pesado” siempre sale burlado en su intento de recibir los carorce meses que le adeuda Don Ramón.

Esta situación que nos muestra el libreto de Roberto Gómez Bolaños (Q.E.P.D.) es lamentablemente un hecho más frecuente de lo que imaginamos.

 A veces caemos en la trampa que nos tienden personas  mal intencionadas que toman la propiedad en arriendo y que llenan todos los requisitos exigidos, pero que desde el comienzo llegan con la intención de acomodarse y vivir sin pagar el arriendo el mayor tiempo posible, para luego mudarse a otra propiedad para hacer lo mismo.

Los catorce meses que le adeuda Don Ramón al Señor Barriga se quedan pálidos ante muchos casos de inquilinos que adeudan hasta dos años o más de renta, aprovechando las débiles leyes que rigen para estos casos, la sobrecarga de casos de inquilinos morosos que se tramitan en los juzgados y la paciencia y credibilidad de los arrendadores que aún creemos en lo huevos del gallo, como el Señor Barriga.

LAS DISCULPAS
Desde que los tramposos existen, se hicieron las mentiras.

Que el viernes le cancelo todo sin falta, que me giraron un cheque sin fondos, que la semana entrante me pagan un contrato y con eso le pago, que esta semana no puedo porque se enfermó alguien en casa y tenemos muchos gastos, que estoy esperando un préstamo… Y así las disculpas se van volviendo el pan de cada día, mientras el arrendador debe asumir mes a mes el pago del impuesto predial de su propiedad  y dejar de recibir lo que le corresponde para su manutención.

Acudir a una inspección es perder el tiempo y la paciencia, pues en estas desde el comienzo aclaran que lo que allí se hace es una conciliación que no obliga a ninguna de las partes. La única opción entonces es acudir a un abogado para que inicie el proceso de cobro, cosa que puede tardar uno o dos años, que aprovechará el inquilino moroso para vivir sin pagar renta.

Se requieren leyes efectivas para proteger a los propietarios e impedir que esta infamia se siga repitiendo.

El programa de televisión séptimo día metió el dedo en la llaga y nos presenta la verdadera cara de esta situación que raya con una novela de suspenso.

Manuel Teodoro y Maria Lucía Fernández


martes, 9 de diciembre de 2014

FELIZ NAVIDAD



Cuando los corazones se llenan de amor.
Cuando la familia se reune en la paz del hogar...
Y sentimos que todos en el mundo somos hermanos...
Entonces "Es Navidad".

lunes, 8 de diciembre de 2014

HISTORIA DE LA RADIO EN URABÁ

Esta crónica nos la comparte Juán Arturo Gómez, un jóven que cansado de la vida de la ciudad se fue a vivir a un recóndito pueblito del Chocó, "Unguía", en medio de la selva, donde aún no llegaba la electricidad ni muchos otros servicios de los que gozamos en nuestras ciudades. Liviano de equipaje y con un computador portátil bajo el brazo llegó y sintió que ese era su lugar y allí se quedó. Comunicador social y conocedor de la tecnología de sistemas logró conectar a Unguía con el mundo, visibilizando la belleza de sus parajes y sus necesidades. Son muchas las cosas que ha logrado por lo que ha sido nominado al programa Titanes Caracol en la categoría "Tecnología y Conectividad". Hoy 8 de diciembre se cierran las votaciones y quedamos pendientes del resultado





LA RADIO DE URABÁ ES CIEGA, SORDA Y MUDA
Banana Stéreo.
Por:
Juan Arturo Gómez Tobón

Un hombre de baja estatura agita sus manos intentando llamar la atención a un lado de la vía principal de Apartadó en medio del ruido ensordecedor de las cornetas de los buses particulares, repletos de trabajadores bananeros, de camiones cargados de fruta para la exportación y del agite producido por ser un viernes.

Finalmente este logra captar la atención de un profesor y tres estudiantes de la Universidad de Antioquia. Ellos cruzan la vía, esquivando puestos de comidas, chazas, venteros ambulantes y decenas de personas humildes, que aún siendo las seis y 45 minutos de la noche salen de las instalaciones del Banco Agrario.

Juan, uno de los estudiantes, saluda a una mujer negra de unos sesenta años que llevaba una bolsa, una vieja manta, un tarro plástico y una botella. Entonces habla con ella unos segundos para lanzar después, en medio del grupo, estas palabras llenas de dolor y rabia, como buscando solidaridad con algo que lo conmueve: “Es una desplazada de Unguía a la que le mataron a la hija y al yerno cuando su nieto tenía solo nueve años; y hace fila desde ayer para recibir el subsidio de víctimas”.

El profesor y los estudiantes rodean a un hombre robusto y fuerte, con ropa y zapatos sucios y que hace veintitrés años llegó a Urabá buscando cercanía con la música antillana que había sido traída por los marinos llegados al puerto de Turbo, pero finalmente este hombre terminó radicándose en Chigorodó por culpa de su otro pasatiempo, la radiodifusión.

El hombre les dice, en tono humilde: “Por favor espérenme unos minutos en el centro comercial Plaza del Río, mientras yo me cambio, pues estaba haciendo la adecuación de un local”.

La historia de la radio en Urabá empezó, como muchas otras buenas ideas, en un momento de ocio de don Javier Bustamante Hoyos una mañana de 1991, mientras se tomaba un tinto en una cantina del parque de Chigorodó a la espera de sus compañeros de tertulia y escuchando Radio Libertad, la única emisora que se podía sintonizar en Urabá y de propiedad de las FARC.

Entonces a un tecnólogo en seguridad industrial, aventurero y gomoso por la electrónica en radiodifusión, lo asaltó la tentación de crear una emisora. Luego al debatir la iniciativa con el grupo de amigos en medio de las ideas, producto de su entusiasmo, uno de ellos lanza una expresión que los deja a todos en silencio: “Vea, sí vamos a montar la emisora, lo único es que hay es ser como Shakira, ciega, sorda y muda, solo así pasaremos de agache”. Todos quedaron en silencio y se miraron entre sí, y desde entonces esa sentencia quedó flotando en el aire, hasta el día de hoy, “para poder pasar de agache”.

Sentados ya en una mesa del único centro comercial de Apartadó, don Javier Bustamante Hoyos, con voz pausada pero firme, como quien mide cada palabra antes de decirla empieza a contar su historia: - Un día mi padre en mi pueblo, Caramanta, me encontró destapando el viejo radio Philco, tratando de encontrar a los muñequitos que hablaban, entonces me llevó a la emisora del pueblo para aclarar mis dudas, pero esa visita aumentó más mi curiosidad. Yo me quedaba horas tratando de entender cómo unos tubos de vidrio, que tenían una luz adentro, lograban que la música viajara a todos los lugares. Ante los reclamos de mi madre que pensaba que eso era una perdedera de tiempo, yo le decía: “Al que  le gusta le sabe”.

Todo empezó allá, desde niño me cautivó la magia de las ondas hertzianas. De aventura me vine para Urabá en búsqueda de la mata del Reggae y resultó que yo era la mata”.

Karen, una de los estudiantes, saca una grabadora mientras don Javier la mira sin inmutarse, y al tiempo que la deposita sobre la mesa la joven le lanza una pregunta para ver hasta qué límites el pionero de la radio en Urabá estaba dispuesto a hablar: - “¿Cómo fue hacer radio  en  los años de mayor violencia en Urabá?”. Sin dejar entrever la más mínima expresión en su rostro responde: “En esos tiempos solo nos limitábamos a pasar música y mensajes sociales, y como la emisora contó con aceptación de los oyentes los grupos armados nos identificaron.

Un día llegó un señor con un papelito envuelto de forma extraña y me dijo: “Lea esto por la emisora”, yo lo abrí, vi que era un mensaje de la guerrilla, yo lo miré y le respondí: - Vea, acá todo mensaje lo autoriza el comandante de policía, vaya donde él y yo se lo leo con mucho gusto. Eso de hacerme el tonto siempre me ha funcionado”. Todos sueltan una carcajada, pero el señor Bustamante, de forma extraña, empieza a hablar de fútbol.

A los pocos segundos, una mesera llega con la cena solicitada por el grupo y Bustamante prosigue: “Al día siguiente llegó un hombre con una actitud de malas pulgas, de poncho al hombro, botas. Del cinto de su pantalón sobresalía la cacha de un revólver. Sin saludar se llevó la mano derecha al arma, mientras con su mano izquierda me entregaba de nuevo el papel y con voz autoritaria me dijo: “Tiene cinco minutos para leer esto, nosotros estamos cerca” y apuntando con el revólver, de no ser así, la próxima vez esta hablará por mí”.

El  profesor y los estudiantes se quedaron congelados y a la expectativa, mientras don Javier  hacía una pausa para degustar un café expreso.

Dayana, una de las estudiantes, quiebra el ambiente de suspenso diciendo: “Pero continúe, ¿qué pasó después?”

Don Javier la mira y continúa: “A los diez minutos de leer la nota la emisora estaba rodeada por el ejército; y de las escaleras que conducen al estudio nos llegó  el sonido del pisar fuerte de botas subiendo por ellas. Recuerdo muy bien el apellido Rojas, del rostro y la figura no tengo memoria. En el umbral de la entrada al estudio gritó un oficial del ejército: ¡Esta emisora es clandestina y me la cierran ya! Yo apagué los equipos, me levanté de la silla y con  tono de súplica le dije: “No la cierre, mire que esto le sirve mucho al pueblo. Leí la nota porque tenía un revólver apuntando a mi cabeza. Deme un plazo de ocho días, yo consigo el permiso”. Él me respondió, ya en tono amable: “No le decomiso los equipos, pero no me transmite más”.

“¿Pero usted no siguió transmitiendo?”, pregunta nuevamente Dayana, y don Javier esbozando una sonrisa cargada de satisfacción responde: ¿Dejar de transmitir?, ¡nunca!, la emisora desde el veinticuatro de febrero de 1992 no ha dejado de transmitir ni un solo día. Yo bajaba la antena y desmontaba los equipos de transmisión, para dar la impresión de que les hacía mantenimiento, pero solo dejaba de transmitir unas horas”.

En el rostro del profesor Jaime López se observaba su asombro, y las caras de los estudiantes denotaban admiración por ese señor y sus historias. El silencio de ellos era el tributo a las palabras de don Javier. Las preguntas no fueron ya necesarias, porque sus interlocutores entendieron que preguntar era interrumpir.

“En otra ocasión llegaron dos hombres, bien vestidos antes de las seis de la mañana, y de forma decente expresaron la necesidad de hablar conmigo, les abrí la reja y a ellos los siguieron como cuatro hombres armados de fusiles. Yo estaba preparando a dos personas para abrir la emisora en Arboletes, pensé que me iban a matar, porque ellos no articulaban palabra alguna. Dos se pararon en la puerta, otro en la ventana que da a la calle y los otros me obligaron a subir al estudio, allá me amarraron, el locutor se asustó y salió corriendo; y cuando bajaba las escaleras a toda prisa, le hicieron dos tiros con un AK-47, todo quedó en silencio. El que parecía ser el comandante de ellos les hizo una seña y  se retiraron”.

Don Javier como rememorando ese triste episodio se quedó un momento en silencio. Luego continuó mientras se acomodaba en la silla: “Amenazas he recibido muchas", pero la mayoría son de envidiosos. He logrado sobrevivir porque no ando de la mano de nadie, ni con el uno, ni con el otro, siempre en el medio. Hacer radio es difícil, porque la señal llega a todos y es el único medio de comunicación masivo democrático, por eso los políticos, los grupos armados y las fuerzas del Estado tratan de controlarlo.

Banana Stéreo es una emisora comunitaria desde 1997, la licencia la recibí de manos del gobernador de la época, el doctor Álvaro Uribe, como reconocimiento por ser el pionero de la radio en Urabá; Las cosas desde entonces han sido más fáciles, pero aún no están dadas las condiciones para hacer radio comunitaria, el constante accionar de grupos al margen de la ley y la corrupción, siguen siendo males de nuestra región. Por eso en Urabá la radio, sigue siendo: ciega, sorda y muda”.

Perfil

Con internet, hemos logrado conectar a Unguía con el mundo”. Juan Arturo Gómez Tobón ha sido nominado como uno de los 25 titanes del 2014. La votación estará abierta del 27 de octubre al 8 de diciembre.
Unguía, Chocó.

Cada vez que recorro el Atrato mi vida se devuelve 20 años, cuando entré con una caja de libros y un computador.

El internet para mí es la ventana que pudimos abrir para que el mundo conociera toda la problemática de esta región.

En el 2010, el invierno fue muy duro. La escuela de las carmelitas misioneras sufrió mucho. Teníamos que hacer algo. Empecé a escribir por internet a todas partes, y desde Alemania recibimos la respuesta.

Cuando el Gobierno lanza el programa Vive Digital, yo empiezo a escribirle al ministro para que nos asigne uno. Hoy, tenemos uno en la comunidad indígena.

Me preocupé por dos niños que sufren de labio fisurado. Busqué en internet dónde había programas gratuitos para estas cirugías.


A Unguía le debo todo. En Unguía me recuperé de la droga, acá tengo mi hijo, acá volví a tener una razón de vivir.


domingo, 7 de diciembre de 2014

LA MISIÓN DE MORCILLO

Estaba aún muy pequeño cuando por primera vez vi a un obispo. Sentado en una gran silla tapizada en terciopelo rojo su figura parecía un visión casi extraterrestre, exacerbada aún más por el perfume y el humo del incienso que inundaba el lugar. Todos los asistentes formaban una larga fila que avanzaba en silencio reverencial para que cada uno al llegarle el turno se arrodillara frente al imponente personaje, que con mitra en testa y báculo en mano extendiera su brazo para que le besaran un grueso anillo de oro que tenía una hipnótica piedra roja incrustada. Es que era tiempo de la gran misión, un movimiento que había paralizado al pueblo que entonces solo se movía en función de procesiones y solemnes sermones apocalípticos, en los que se resaltaban la palabras "castigo y condenación eterna". Nunca como esa vez había sentido el infierno tan cerca, ni había sentido tanto  miedo.

Alberto López nos cuenta la visión de su experiencia en su natal España.


El primer arzobispo de Madrid - Alcalá, Monseñor Casimiro Morcillo,
bendice la Universidad Laboral de Alcalá de Henares en
presencia del Jefe del Estado y de varios de sus ministros

Frente a la lápida de mármol blanco, con letras labradas en oro, que recogía la lista de los mártires locales muertos por Dios y por España, colgaba en el pórtico de la iglesia de mi barrio, una cruz de madera negra que llevaba escrito en su parte superior la palabra Gloria, en la inferior Infierno, en el brazo izquierdo Juicio, en el derecho Muerte, en el cuerpo horizontal Santa Misión General del Nervión, Noviembre 1953 y en el vertical RRPP Capuchinos.

La Iglesia del Régimen las llamó Misiones Populares, robando su nombre de aquellas otras Misiones Pedagógicas y culturales del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que durante la República, propagaron el conocimiento del arte y la belleza por los rincones más apartados del país. Pero ahora tenían unos objetivos bien distintos. Se trataba, por una parte, de recristianizar a tantos españoles urbanos que, en el denostado periodo republicano, habían cometido desviaciones tales como, vivir juntos sin contraer matrimonio canónico, no estar bautizados o haberse divorciado y por otra, de aplastar a la hidra de cuatro cabezas que había llevado a España al desastre de la Guerra Civil (se referían al liberalismo, el comunismo, el separatismo y la masonería) y que de nuevo volvía a sacar su patita, entre las grietas de la sociedad industrial que iniciaba su despegue.

Tomadas por un ejército de predicadores energúmenos, que extendían los actos religiosos y sus sermones hasta el último barrio, mina, fábrica o institución, aquellas Misiones transformaban durante unos días la ciudad de la Ría en templo. Los discursos de los sagrados oradores giraban en torno a conceptos trascendentales tales como, la muerte, el pecado mortal, el castigo, el infierno y la condenación eterna. En fin que se trataba de acojonar al personal, para que a través del miedo se alejara de las llamadas revolucionarias del ateísmo y volviera al redil de la iglesia. Masivas procesiones nocturnas, rosarios a horas intempestivas por las calles, confesiones y comuniones colectivas, escenificaban el arrepentimiento y la posterior salvación, con apoteósicos acontecimientos finales ante un gran altar levantado en la plaza o en el campo de fútbol. Los actos estaban amparados por las autoridades civiles y militares (junto con las eclesiásticas formaban parte de la Junta de Honor de cada Misión) que, con sus órdenes, obligaban a movilizarse al pueblo para que asistiera en masa a los actos.

En la historia de la Iglesia española de aquellos momentos, hay un personaje clave hoy justamente olvidado, que explica el gran impulso dado entonces a la acción misionera para recristianizar España y consolidar un apostolado seglar. Me refiero al Obispo Casimiro Morcillo, vinculado a Franco desde los primeros momentos del Gobierno golpista en Burgos, que, a lo largo de los años siguientes, sería el obispo preferido del Dictador y con quien mantendría una línea directa. Morcillo jugará además, el papel de puente entre las autoridades civiles, las militares y las eclesiásticas, encargándose de solucionar los conflictos y problemas de convivencia que, con el paso del tiempo, se producirán entre ellas.

La vida de Morcillo es, por encima de cualquier otra consideración, un ejemplo de dedicación, fidelidad y entrega absoluta a la Iglesia española, tan vinculada íntimamente al estado nacionalcatólico, que, se puede decir, formaba parte de su estructura. Esta entrega solo se verá truncada, cuando el estado confesional comience a entrar en conflicto con la revisión conciliar del Vaticano II. Entonces Morcillo tendrá que escoger entre el Papa y Franco y lo hará por el Dictador. En su carrera eclesiástica, esta elección le costará cara.

Seminario menor de Medellín -  Años 20
Nacido en una humilde familia religiosa de once hermanos, el futuro arzobispo de la capital, es el ejemplo de sacerdote (bastante habitual por entonces) al que, desde niño, los padres encaminan hacia el seminario, como forma profesional de ganarse la vida. Era una época en que, la máxima ambición de toda madre católica, era tener un hijo sacerdote. Es el caso también de Giuseppe Roncalli, el futuro Papa Juan XXIII, un modelo, por cierto, de carrera eclesiástica, bien distinto al de su antecesor, el cardenal Pacelli (Pío XII) perteneciente a una familia aristocrática, cuya historia había estado unida al papado y a la nobleza negra, y sobre cuyo controvertido periodo (marcado por unas relaciones excesivamente contemporizadoras, con los regímenes autoritarios de aquellos años) la Iglesia actual prefiere pasar página.

Aunque los inicios de la trayectoria religiosa de los niños, Casimiro y Giuseppe, resultan parecidos, sus posiciones en el momento de ordenarse no pueden ser más divergentes. Ambos de origen humilde, son enviados al seminario en torno a los diez años y ambos finalizan sus estudios en torno a los veintidós, así que su infancia, adolescencia y juventud, las vivirán en el seno de su santa madre la Iglesia. Pero la iglesia española, no es la misma que la italiana.

Mientras que el estado confesional limitará ideológicamente el pensamiento del joven Casimiro, quien asumirá las directrices del nuevo Régimen nacional católico salido de la guerra civil, la trayectoria del sacerdote Roncalli ira por otros derroteros más abiertos, conociendo de manera directa la primera Guerra Mundial como sargento médico y capellán militar, desarrollando su trabajo apostólico con nuevas ideas ecuménicas en Bulgaria, donde entrará en contacto con otras comunidades cristianas como la ortodoxa, ocupándose de socorrer a los judíos ante la persecución nazi cuando es nombrado Vicario en Estambul, enfrentándose como nuncio apostólico en el París en 1944 al problema creado por los obispos colaboracionistas con el Régimen de Vichy, y por último, asumiendo como cardenal la diócesis de Venecia en 1953, en una Italia en plena efervescencia política de las izquierdas, tras el fracaso del fascismo. Una trayectoria pues, bien distinta a la provinciana que vivirá Morcillo en una España gris, mojigata, revenida, aislada y cerrada a cal y canto a las nuevas ideas democráticas que, se extendían por Europa tras el hundimiento del nazismo, y en la que pronto destacará por su fidelidad de hierro al nuevo Régimen, la fortaleza e intransigencia de sus ideas, su voluntad de trabajo y su capacidad organizadora en las nuevas tareas que le va a ofrecer la iglesia nacional católica.

Hay un episodio que pone bien pronto de relieve su figura. Corrían los primeros meses de 1937 y la guerra se encaminaba hacia la derrota de la República. Buscando salvar al catolicismo nacionalista vasco del anticlericalismo del Gobierno republicano, el Vaticano, a comienzos de mayo, intenta la mediación internacional, para llegar a un acuerdo con el Gobierno Vasco que ponga fin a la guerra en Vizcaya. Franco, a su pesar (entrar en Bilbao sin tener que presentar batalla y salvar la industria siderúrgica, al objeto de aplicarla como industria de guerra, son dos argumentos de peso) dará su consentimiento, pero dejando claro que no quiere saber nada con el Gobierno de Valencia.

Así que el Vaticano, saltándose al Gobierno de la República, propicia unas conversaciones directas con el Vasco, en las que, por parte de éste participan, el Lendakari Aguirre, el canónigo Alberto Onaindía, el Delegado vasco en París Iturzaeta, Francisco Horny y Areilza desde San Juan de Luz, Julio Jáuregui y Andrés Irujo… y por parte del Vaticano y del Gobierno de Burgos, el cardenal secretario del Estado Vaticano Pacelli (futuro Pío XII), el cardenal Magliorre, el primado de España cardenal Gomá; el nuncio en la España franquista obispo y después cardenal Antoniutti; el cónsul de Italia en San Sebastián Pietro Marchi; el cardenal Verdier arzobispo de París, el jesuita Pereda; Antonio González; el Conde de Torrubia, el futuro cardenal Herrera Oria, y por último, un joven y desconocido sacerdote, de nombre Casimiro Morcillo. Pacelli, el gestor intrigante de estas conversaciones, envía un telegrama con la propuesta aceptada por Franco, pero por equivocación (algún historiador ha argumentado al hipótesis de que no hubo tal equivocación, sino que, un cura italiano, leal con la República española, traicionara a Pacelli) el envío se hace a través de Valencia y los servicios de inteligencia de la República lo interceptan.

Largo Caballero convoca un consejillo restringido para tratar el asunto, donde se decide que el mensaje quede en el más riguroso de los secretos y las conversaciones fracasan. Hasta 1940, Aguirre e Irujo no llegarían a saber nada de esta propuesta.

Morcillo tenía entonces treinta y tres años y solo llevaba doce ordenado como sacerdote… ¿Quién lo colocó allí?... ¿Cuál era su papel?... El catedrático e historiador de la Universidad de Compostela Gabino Mañeiro Foz, quien se ha ocupado de biografiar al personaje que nos ocupa, ha dejado escrito que: para entonces, el sacerdote Casimiro Morcillo ya era el espía religioso de Franco...
Elevado al episcopado cinco años después, como obispo auxiliar de Madrid (el titular era Eijo y Garay) sería con su empuje organizador, el alma de la reconstrucción de la diócesis tras la guerra civil. En el Sínodo de 1948, ya dirigiría los trabajos previos.

Cuando en 1950 se crea la Diócesis de Bilbao segregándola de la de Vitoria (Mañeiro argumenta que el objetivo era cortar de raíz cualquier intento de crear una diócesis vasca) se pone a Morcillo al frente de ella. Se le escoge no solo por su inquebrantable adhesión al Régimen, sino también por su gran capacidad de trabajo como organizador y dinamizador (Congreso de misiones de Barcelona de 1929; Consiliario Nacional de Acción Católica 1932; organizador el primer Domund en el Burgos de 1939).
… No es pues casualidad – argumenta Mañeiro – que, al año de llegar a su nuevo cargo, se organizara en 1951 la Misión de Vitoria (el Obispo entonces era Bueno Monreal, quien había sustituido a monseñor Mújica, expulsado por Franco en septiembre de 1936) que de alguna manera será el ensayo general para acometer dos años después, en noviembre de 1953, la gran Misión de la ciudad de la Ría, a la que se llamó la Santa Misión General del Nervión, la mayor y más importante de todas las que se organizarían en España.

El éxito de Morcillo fue completo, aunque contaba para ello con un viejo conocido, convertido en el mejor de los apoyos posibles, el cardenal Pacelli, elevado para entonces al solio pontificio, con el nombre de Pío XII.
…Sin apenas oposición – continúa Mañeiro – Morcillo (de quien se decía que había comenzado a estudiar vascuence) consolidará la rotura de la provincia eclesiástica vasca reorganizando la diócesis de Bilbao, construyendo iglesias y centros parroquiales, desde donde inició la reconquista de los pueblos y barrios de la Ría, relanzando la Acción Católica y el apostolado seglar…
Sin embargo, su éxito se vería empañado con el fracaso de dos de sus proyectos más queridos: el gran Seminario de la diócesis recién creada y la nueva Catedral de la ciudad.
En el periodo republicano, aislado en medio del campo, no muy lejos del nuevo cementerio de Derio, se había iniciado la construcción de un moderno edificio destinado a sanatorio siquiátrico provincial.

Distintos problemas en su ejecución primero y la guerra después, paralizaron las obras, dejándolas en el esqueleto de su estructura. Morcillo soñó recuperar lo construido, para destinarlo a Seminario de su diócesis, y con la colaboración de la Diputación, lo rediseño para el nuevo destino, ateniéndose al gusto estético del Régimen triunfante. Todas las reminiscencias racionalistas y ateas del proyecto original fueron eliminadas y sustituidas por el lenguaje neoherreriano oficial.

El resultado fue un mazacote torpe y pesado que, con el paso del tiempo, fue agudizando su fealdad. Tras unos pocos años de gloria que siguieron a su inauguración parcial, el joven clero vasco lo abandonó, el descenso de vocaciones terminaron casi por vaciarlo y la fábrica de curas, por falta de materia prima, bajo la persiana. Tras años de total abandono (estuvo a punto del derribo) actualmente es propiedad de la administración provincial que, lo ha transformado en un hotel de segunda, un centro de empresas y otros usos sin relieve alguno. Desprovista de toda gloria, la fábrica de curas soñada por Morcillo, vegeta entre la mediocridad arquitectónica, las dificultades para su uso (dada las enormes proporciones y dimensiones de sus espacios habitables) y la inviabilidad económica, a la que lastra su costosísimo mantenimiento.

La nueva Catedral que, en detrimento de la vetusta catedral gótica refugiada entre las callejuelas del Casco viejo, quiso levantar Morcillo en el Ensanche, a modo de emblema del nuevo nacional catolicismo, respondía también por sus grandes dimensiones y por su lenguaje arquitectónico pretendidamente escurialense, a la magnificencia propia de las obras del nuevo Estado fascista.
Para acometer financieramente ambos proyectos, el Obispo puso a toda su organización a pedir limosna en los templos, las escuelas y las calles, en verdaderas campañas apostólicas que, si bien al principio fueron respondidas generosamente por los fieles, al de unos años, el cansancio y la pobreza del país, fueron dejando los ingresos reducidos, a poco menos que nada. Esta vez Morcillo había calculado mal las posibilidades de seguir exprimiendo los desfallecidos bolsillos de la masa de donantes, y las obras (que tragaban como un pozo sin fondo) por la escasez de recursos, se fueron ralentizando y eternizándose.

Al de unos años de inaugurarse el seminario, con las obras todavía sin finalizarse, ya no quedaban seminaristas, y cuando la catedral se consagró (con los andamios sin retirar) la llegada del concilio Vaticano II, había abandonado por obsoleta la construcción de grandes templos, que en la España de Franco seguía todavía levantando su Iglesia triunfante.
Con el edificio del Seminario, poco o nada se podía hacer, no había uso alternativo de repuesto y el inmenso edificio se abandonó al vandalismo, los ocupantes marginales y las ratas. Pero con la fallida Catedral, era diferente.

El templo casi finalizado, ocupaba un céntrico y privilegiado solar del ensanche, y alguien en la Diócesis, con sentido del negocio, se dio cuenta de la oportunidad. Eran momentos de un gran boom inmobiliario, por la carencia de viviendas, así que el Obispo de turno, ni corto ni perezoso, vendió el solar al mejor postor para que hiciera dos enormes torres, y (por lo que pudieran decir) una pequeña iglesia, que a fin de no restar volumen edificable a las viviendas, el Ayuntamiento consintió que se hiciera bajo la calle, como si se tratara de una paleocristiana catacumba romana. En resumen que, nunca mejor dicho, se pegó un pelotazo de la hostia. Además, al Obispado, el negocio le salió redondo, ya que del capital acumulado durante tantos años mediante limosnas, nadie pidió la devolución, no se pagaron impuestos y tampoco se tuvo que amortizar. El epígono de Morcillo, empleando un dicho de éste, se quitó el asunto de en medio, argumentando que: … En asuntos de fe, para amortizaciones ya estaba el cielo…

El contenido de la carta pastoral del Obispo, con la que se iniciaba la Misión, fue muy comentado y valorado por autoridades y medios de comunicación (se leyó durante varios días, en todas las radios, al final del rosario) como ejemplo de adecuación a las nuevas problemáticas que, planteaba la sociedad industrial. Morcillo ya había dado muestras de su capacidad literarias, en otras cartas pastorales anteriores a sus queridísimos hijos vizcaínos que, con visos de modernidad, orientaban su prédica sobre las nuevas relaciones sociales. Sus títulos resultan muy ilustrativos al respecto: Teología del Trabajo; Teología de la empresa; Deontología del empresario; Teología de la técnica; Cristo en la fábrica…En fin que, como recientemente ha dicho el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, en una elegía con la que se quiere reivindicar su figura:
… Ya desde sus comienzos al frente de la Diócesis de Bilbao, había dado muestras de una moderna sensibilidad, para afrontar las relaciones entre empresarios y trabajadores, resultando un adelantado de las doctrinas sociales y sindicales de la Iglesia…

Tras cinco años de éxitos en una difícil Diócesis rojoseparatista, sería finalmente recompensado, con su nombramiento como arzobispo de Zaragoza… ¡El Pilar de Zaragoza!… ¡Aquella sí que era una catedral como Dios manda!... Pero Zaragoza solo sería un peldaño más, en el ascenso imparable de su carrera eclesiástica. Al fallecer en 1964 el arzobispo de Madrid Eijo y Garay, el propio Franco le escogerá para ocupar el lugar más alto de la jerarquía eclesial española, convirtiéndolo en el primer arzobispo de Madrid. Poco después vendrían sus nombramientos como procurador en Cortes y Consejero del Reino por designación directa del Jefe del Estado, y la imposición de manos de su Excelencia, de la gran cruz de la Orden de Carlos III.

Con la muerte de Pío XII y la llegada de Juan XXIII, los nuevos aires de la iglesia ya no le serán tan favorables. El Concilio Vaticano II de octubre del 62, cogió a los obispos españoles con el pie cambiado. Su papel en las sesiones fue irrelevante, debido a su escasa preparación intelectual, su anclaje en el pasado y su intransigencia doctrinal. Todo lo que hasta entonces habían predicado en sus templos, se les venía abajo. Desconcertados ante lo que se trataba en aquella asamblea romana, que parecía estar copada por cardenales y obispos comunistas y protestantes, volvieron a su España católica, abandonando por un tiempo las sesiones conciliares, para tomar respiro y consultar con los jerarcas del Régimen.

Aunque por presiones políticas, Pablo VI tendrá que nombrarle arzobispo de Madrid, no contará con el apoyo del Vaticano para su nombramiento como segundo Presidente de la Conferencia Episcopal, donde sin embargo llegará, con el respaldo de los obispos más recalcitrantes. Pero el tema dejará sus secuelas y según el profesor Mañeiro:
… Será por ello privado del capelo cardenalicio, siendo el único entre los Subsecretarios del Concilio que no lo conseguirá...
Por primera vez en su vida, había ante puesto su lealtad a Franco a la de su madre, la Iglesia, lo que también haría su obispo auxiliar, Guerra Campos (el llamado Ultimo Cruzado) quien dirigía con mano férrea su secretaría en la Conferencia Episcopal y a quien situó como consiliario de la Junta de Acción Católica, a la que por cierto no tardó en descabezar por sus: actitudes temporalistas y escasez de espiritualidad. Pero el camino de la historia se orientaba imparablemente hacia otros derroteros y el ciclo de Morcillo tocaba a su fin para dar paso a la época de Tarancón, donde la nueva doctrina conciliar de apertura a la sociedad y compromiso temporal se impondría finalmente.

Morcillo es un personaje al que, personalmente, solo vi una vez en mi vida, pero que ha quedado grabado de forma indeleble en mi memoria infantil. Fue quien me confirmó en la fe católica. Lo recuerdo como si fuera hoy en día. Los frailes y las monjas de los colegios, nos prepararon a chicos y chicas del barrio con sumo esmero, para una celebración religiosa por todo lo alto. Iba a venir el Obispo que presidía la Diócesis recién creada.

Los curas de la parroquia estaban que no meaban, ante la llegada de aquella autoridad eclesiástica, ojito derecho de Franco y del Papa, que no paraba de organizar concentraciones religiosas, desarrollar campañas para recaudar fondos con los que engrandecer a la Santa Madre la Iglesia, ordenar sacerdotes y construir templos para Dios.

La idea que los niños de entonces teníamos de un obispo (y más con aquel apellido) era la de un cura regordete, simpático, alegre, de cara redonda y colorada, con gusto por la mesa y el buen vino, en fin, de alguien que hiciera honor a la frase: “vive como un obispo”. Sin embargo nos llegó un personaje totalmente diferente, menudo aunque espigado, de rostro enjuto y cerúleo, seco, con pinta de estar matándose a pajas, sonrisa escasa y forzada, austero como su campo castellano y triste, como el permanente recordatorio proclamado por el nacionalcatolicismo, de que: a este valle de lágrimas, hemos venido a sufrir… Un retrato suyo colgaba de la pared en mi escuela, junto al de su protector Pío XII. A pesar del abismo social que les separaba, ambos desprendían un aire parecido de seriedad, sequedad y estiramiento que los aproximaba entre sí, y los hacía antipáticos ante nuestros ojos infantiles. Cuando Pío XII murió y el fraile sustituyó su foto por la del nuevo Papa, un vejete regordete que nos miraba sonriente, los chavales intuimos que, algo estaba a punto de cambiar en la Iglesia.

Era verano y hacía mucho calor. La iglesia se encontraba atiborrada de feligreses trajeados ajenos al parecer al ambiente sofocante. El incensario se había aireado reiteradamente dejando la nave perfumada. El altar mayor estaba profusamente engalanado con flores como para la boda de algún estraperlista. Todas las lámparas estaban encendidas. Proliferaban colgaduras y banderas de España y del Movimiento, estandartes de la Acción Católica, la Adoración Nocturna, las Hijas de María, los Tarsicios y de no sé cuántas organizaciones más.

El coro de la parroquia, acompañado por un armonio, cantaba en latín algo que nadie entendía. Los curas, mariconeando, exhibían sus mejores puntillas.

Las niñas y los niños, limpios y repeinados, nos fuimos acercando lentamente en dos filas separadas, hacia el trono elevado sobre el presbiterio, donde nos esperaba el Obispo. Uno a uno nos fuimos postrando ante el representante de San Pedro, para confirmar nuestra pertenencia a la Santa Madre, la Iglesia Católica y Apostólica de Roma. Con una sonrisa paternal de repertorio, Casimiro Morcillo nos recibía adelantándonos su anillo para besarlo. Después marcaba en nuestra frente una cruz con la unción de aceite y bálsamo, a la vez que pronunciaba las palabras sacramentales:
Recibe por esta señal de la cruz el don del espíritu santo

Finalmente, nos daba un chalito en el rostro que sellaba el sacramento de la confirmación. Me quedó grabada su mano fina y asexuada, el olor agrio y revenido de su cuerpo a sudor y a sacristía, el sonido de las sedas de su ropaje al inclinarse hacia mí, para decirme, no sé qué… Cuando de nuevo se incorporó en toda su majestad, para otorgarme su bendición y posó su mirada de acero en mis ojos, me recorrió por el espinazo un relámpago de miedo…Tengo sesenta y siete años y todavía me acuerdo.

Alberto López