miércoles, 25 de mayo de 2016

EL AGUADUCHU

"Da gusto leer escritos como este, que contiene una gran fuerza narrativa. Alberto López nos describe el aguaduchu de Bilbao, nos transporta a ese momento en el que la fuerza de la naturaleza nos hace recordar nuestra pequeñez en el universo". 

Bilbao, Aguaduchu de 1983

Alberto López

El ambiente cargado de humedad
espesaba el bochorno de la noche
mientras la gente volcada en la calle
celebraba las fiestas patronales
entre gritos, música y fuegos artificiales.

De pronto un solitario estruendo seco
retumbó en la noche de la Ría
como si fuera el grito de un monstruo en celo
que ascendiera de las profundidades marinas
haciendo temblar como un junco a los hombres y a las cosas.

Al poco, una sinfonía de truenos
se derramó sobre los tejados
acompañada de relámpagos que
desgarrando el cielo
se filtraban por sus grietas
Iluminando las aguas pardas que
impulsadas por la marea viva
subían encabritadas y amenazantes hacia la ciudad vieja.

Alguien comento:

Es el aguaduchu…ya viene… ya viene…

Despeinando la ciudad
un viento racheado comenzó a bramar
hasta convertirse en una furiosa galerna
que acompañada por el ruido de cristales rotos
arrastraba todo lo que encontraba a su paso.

Los paraguas volaban como cometas
las sillas y las mesas de las terrazas de los bares
corrían por las calzadas
acompañadas por carros de basura
y coches de niño.

En su loca carrera hacia sus casas
buscando donde guarecerse
las gentes se pegaban como lapas contra las paredes
para evitar ser arrastradas por la ventisca.
Nadie se atrevía a cruzar la calle.

La plaza desierta se había cubierto
de restos de banderitas, farolillos, guirnaldas y gallardetes.
El tambor de la banda, rodaba hacia un lado y otro
en busca del músico que lo había abandonado.
La enseña nacional, humillada por la lluvia
yacía abandonada en el suelo
sin que ningún patriota se arriesgara a recogerla.

Las novias se abrazaban a los novios
los niños a sus padres
y los perros callejeros aullando a la muerte
corrían como condenados
en busca de algún agujero donde enjaularse.

Despegando de los tejados
las tejas planeaban como avioncitos de papel.
Los cables de la luz bailaban un vals
mientras las antenas de televisión se inclinaban
como caballeros corteses
y la veleta de la iglesia giraba enloquecida
olvidándose de señalar el norte.

Una luna chismosa
se asomaba a hurtadillas
entre los visillos de nubes
animando a las aguas a rebelarse
contra las barreras que encarcelaban su cauce.

Y el viento de pronto se paró.
Y como un mal presagio
se impuso un silencio amenazador.

Es el aguaduchu…ya viene…ya viene...

Unas gotas gruesas y calientes
como lágrimas de plomo fundido
llegaron bailando sobre los tejados
como vanguardia del temporal
rompiendo la efímera tregua.

El perfume a tierra mojada
se mantuvo unos minutos
hasta que el cielo comenzó a caerse sobre la tierra
con una cortina de agua
gruesa como el telón de un teatro
acompañada de canicas de hielo
que explotaban violetamente al llegar al suelo.

Es el aguaduchu…ya viene…ya viene…

Las luces de las farolas
Iluminaban la intensa lluvia
haciendo brillar el asfalto
como si fueran proyectores
de un campo de concentración.
Pero de pronto la energía cayó
y toda la ciudad, como boca de lobo
quedó a oscuras.

Algunos barcos, rompiendo amarras
dejaron de sufrir
y se lanzaban a la deriva, Ría abajo, en busca del mar.
Los pequeños gasolinos y pesqueros bailaban el rock
mientras algunos botes se soltaban de las boyas
haciéndose astillas contra los pretiles del cauce.

Con las narices pegadas al vidrio
de las ventanas bien aseguradas
los niños, a la luz de las velas
contemplábamos fascinados, como la borrasca
haciendo de las aguas del cielo y del mar una unidad
convertía a la orgullosa ciudad
en una comadreja acobardada enroscada en su refugio.

Es el aguaduchu…ya viene…ya viene…

Las viejas rezaban
los niños pequeños lloraban.
los viejos rememoraban en voz baja
el gran diluvio de aquel año
que cubrió los bajos de la ciudad vieja
hasta casi arruinarla.

La naturaleza en toda su magnificencia
clamaba venganza
lanzando rugidos de furia en la oscuridad
que aterrorizaban a los orgullos hombres que
como a Segismundo en la cueva
se habían atrevido a encadenar a la Ría
entre los pesados muros de la civilización.

Es el aguaduchu…ya viene…ya viene…

lunes, 16 de mayo de 2016

CARRERA CONTRA EL TIEMPO

El desprendimiento de retina es una urgencia.



A fines del mes de julio del 2015 acudí a mi EPS para que me atendieran una molestia que tenía en mi ojo derecho. Les pedí que me dieran una cita prioritaria pues años antes me habían hecho una intervención láser para tratar algunos agujeros en mi retina, lo que me hacía temer que de nuevo algo andaba mal. La respuesta fue que ya no atendían consultas prioritarias y que estas solo se pedían telefónicamente. Me proporcionaron un teléfono por el que la solicité y como era viernes me la dieron para el lunes siguiente.

Ese fin de semana fue angustioso para mí, tanto que resolví pagar la atención de un retinólogo particular que efectivamente detectó un desprendimiento lateral de retina en curso. Su opinión fue que se debía proceder con urgencia antes de que comenzara a desprenderse la mácula, y de esto dejó una constancia escrita acompañada con los resultados del examen.

Al fin llegó el día lunes y acudí a la cita de la EPS. Para mi sorpresa al entrar al consultorio me encontré a una médica que estaba esperándome para un chequeo de hipertensión, al contarle el motivo de mi visita ella dijo desconocer esa situación. Así fue que tuve que aguantarme el sermón que acostumbran hacerles a sus pacientes mientras el tiempo pasaba.

Salí apurado de allí rumbo a los consultorios de la IPS Unidad Visual, unas calles más abajo. Aún sin tener cita fui atendido prontamente por un optómetra que me hizo un chequeo detallado de fondo del ojo. Su sorpresa fue tal que salió corriendo para regresar rápidamente con otro colega que igual al observar mi caso quedó sorprendido. Me entregó una solicitud de examen con un retinólogo de la IPS Robledo. Ya en esa IPS luego de un largo turno me autorizaron la consulta para el día siguiente. Tantos días perdidos para un problema que debe resolverse quirúrgicamente en tres días o máximo cinco. Mi angustia llegaba a extremos astronómicos.

Ya el desprendimiento había avanzado y una cortina negra tapaba mi visión en mi campo visual izquierdo. Pero mi mácula aún estaba bien y la visión central seguía nítida. Tenía la esperanza de que luego de la consulta con el nuevo especialista ordenaran prontamente la cirugía requerida.

Cuan equivocado estaba, de nuevo, luego de una larga espera me atendió el doctor Vélez. El examen fue largo y minucioso para llegar a la conclusión conocida… Desprendimiento de retina con compromiso de mácula. El doctor muy preocupado me acompañó hasta el escritorio de asignación de autorizaciones recomendándole al empleado agilizar ese trámite por tratarse de un problema muy serio.

El encargado comenzó a chequear el monitor  para después de un rato decirme:
- Listo, su cita queda para el día 30 de octubre en la clínica Clofán.
¿Cómo?, le respondí yo. A lo que él me respondió:
- Es la única fecha que tenemos.

Salí de allí con el ánimo por el suelo y así seguí el resto del día.

Dos días después muy temprano me dirigí al consultorio del doctor Vélez, la puerta estaba abierta y aproveché para entrar y preguntarle qué opinaba de la fecha que me habían dado para atender mi problema. Él al verme se incorporó de su silla y me preguntó:
- ¿Ya lo atendieron?
- No doctor, me dieron la cita para el treinta de octubre…
- No puede ser, me dijo, mientras me acompañaba de nuevo al escritorio para aclararle al funcionario encargado la urgencia de mi caso. Luego de esto se retiró mientras el encargado tecleaba y miraba el monitor. Diez o quince minutos después me reiteró la fecha: Treinta de octubre.

- Le reclamé y le insistí la prioridad de mi caso que requería de una atención inmediata, que era urgente.
- Él entonces se paró y recostándose en la pared cruzó sus brazos y con actitud de prepotencia me dijo de forma cortante. Aquí no hay urgencias, treinta de octubre, eso es lo que hay.

Cuando salía del lugar, no sé si más indignado que asustado, el doctor me llamó y disimuladamente me entregó un papel con una dirección y un teléfono.
- Allí está la sede principal, me dijo, y continuó, váyase ya mismo y les explica su situación. Es que en realidad es una urgencia. Le agradecí su consejo y salí a la calle para tomar un taxi. No se imaginan lo difícil que es bajar unas escalas con la visión de un ojo obstruida en un lado por una cortina absolutamente negra. Eran ya como las once de la mañana y el sol había decidido ese día calentar al estilo Cartagena.

Era una carrera contra el tiempo para evitar que mi mácula se desprendiera, o aún peor, que con tantas demoras podría perder mi ojo.

La mácula es la parte central de la retina, está en la zona donde esta se conecta al nervio óptico, que unido al cerebro lleva las imágenes para su procesamiento. Un científico dijo que la mácula y el nervio óptico son parte del cerebro. Las zonas aledañas de la mácula nos dan la visión periférica del entorno, borrosas, mientras que la mácula nos da la vista fina, esa que nos permite ver detalles, como leer. Si se desprende perderíamos la nitidez y todo lo veríamos borroso, Si se desprende, aún después de una cirugía, lo más probable es que no se recupere.

Ya en la oficina principal de la IPS averigüé por la oficina a la que debía ir. No tardé en encontrarla, allí me atendió una señora muy atenta que escuchó todo mi rollo mientras miraba los resultados de los exámenes. Se retiró y entró a otra oficina para consultar con alguien y luego de poco tiempo regresó y me expresó que iban a contactar a un retinólogo para resolver lo de la fecha de atención y que me llamarían por teléfono.  Yo no entendía nada, ya me habían examinado un especialista particular, un buen optómetra y un  retinólogo de esa IPS, con tantas vueltas el tiempo se me iba agotando.
Datos interesantes


La espera desespera.

Ya había consultado en internet páginas que explicaban todo lo referente al desprendimiento de retina, sabía lo delicado que esto era y las consecuencias que traía el no recibir atención urgente.

Fueron días de gran ansiedad y angustia. Fui a la EPS en la que estoy afiliado hace muchos años para exponerles la situación y me contestaron que eso no era responsabilidad de ellos y que solo comprometía a la IPS a la que le encargaban los pacientes con problemas visuales. Esto era cosa de locos.

Mientras tanto el desprendimiento avanzaba y la sombra visual crecía sin que me dieran respuesta para autorizar la cirugía. Es que para las empresas de salud ya no somos pacientes, solo somos cliente$  con un número de código.

Días después al llegar a casa me dijeron que habían llamado para decirme que tenían novedades en la IPS, que habían cambiado la fecha de la cirugía del treinta de octubre al primero de septiembre, que me esperaban para atenderme. ¡Al fin autorizaron la cirugía!, pensé.

Al día siguiente madrugué y fui a la IPS para indagar sobre la novedad. De nuevo a reclamar un ficho de atención y a esperar mi turno. Mis ojos se centraron en observar la pantalla que anunciaba los números de los fichos, me parecía que si me descuidaba pasarían mi número sin enterarme y perdería la atención. No sé cuánto tiempo pasó hasta que al fin apareció en la pantalla mi turno. Ahora lo que me preocupaba era si aún estaba a tiempo de obtener buenos resultados de la cirugía, ya eran muchos los días de espera, teniendo en cuenta lo que recomendaban los expertos: “De tres a cinco días luego de detectarse el desprendimiento”

Ya en la taquilla de atención me informaron que efectivamente la nueva fecha para la cirujía era el primero de septiembre, que debía ir a la clínica para que el cirujano me hiciera otro examen. ¿Otro?

Al reclamarle la anterior autorización en la que costaba la fecha anterior, 30 de octubre, se negaron a devolvérmela aduciendo que ahora solo quedaría la nueva autorización. Eso me pareció extraño, era como ocultar evidencia de su error.

Pero qué más daba, para el primero de septiembre faltaba casi una semana, más tiempo perdido. Me sentía insignificante en manos de estas personas que les importaba un rábano el riesgo que estaba corriendo con mi grave problema visual.

LA VITRECTOMÍA

Foto de IMO, Instituto de microcirugía ocular
Aproveché esos días para indagar más sobre el desprendimiento de retina y encontré que la cirugía más recomendaba era la vitrectomía:

“La vitrectomía es un procedimiento quirúrgico, mediante el cual se extrae el humor vítreo de un ojo y se sustituye, generalmente, con un gas o líquido. ...
wikipedia

Este procedimiento se lleva a cabo con delicados instrumentos, que son introducidos dentro del globo ocular a través de pequeñas incisiones en su pared externa (esclera).

Algunos de los instrumentos que se utilizan son: una luz de fibra óptica para iluminar la retina, una cánula de irrigación que mantiene la presión intraocular, y un instrumento que corta y extrae el vítreo. También se utilizan tijeras, pinzas y multitud de otros instrumentos seleccionados para cada caso.
Tratamiento/vitrectomia/

Igual encontré en algunos blogs historias de otras personas que habían pasado por situaciones semejantes contando con detalle el proceso de su desprendimiento de retina hasta llegar al desenlace luego de la cirugía.

Los resultados de los pacientes que habían sido atendidos prontamente eran casi siempre de resultados muy satisfactorios, pero los que tardaron más tiempo de atención que el recomendado no eran muy alentadores, y ahí estaba yo, en esa lista de espera indeseada.

Exámenes previos

Antes de la intervención se realiza un examen ocular detallado, y con frecuencia, una ecografía que muestra el estado de los tejidos oculares.

También se pueden sumar otras pruebas, como son:

Tomografía de Coherencia Óptica Retiniana (OCT): escáner que se utiliza para captar imágenes tomográficas del ojo en alta definición
Angiografía fluoresceínica: prueba de contraste para ver posibles pérdidas de fluido o daños en vasos sanguíneos de la retina
Test electrofisiológico: prueba que registra la estimulación eléctrica del ojo para detectar problemas en la retina y en toda la vía óptica hasta la corteza cerebral.

Igual encontré en algunos blogs historias de otras personas que habían pasado por situaciones semejantes contando con detalle el proceso de su desprendimiento, hasta llegar al desenlace luego de la cirugía.

Los resultados de los pacientes que habían sido atendidos prontamente eran casi todos de resultados muy satisfactorios, pero los que tardaron más tiempo de atención que el recomendado no eran muy alentadores, y ahí estaba yo, en esa lista de espera indeseada.

Alberto Kiese
Me pareció muy interesante la descripción que hace en su blog el futbolista argentino Alberto Kiese, que sufrió desprendimiento de retina luego de recibir un balonazo mientras jugaba un partido cuando militaba en el equipo Deportivo Azogues, de la primera división del fútbol ecuatoriano.

Él cuenta detalladamente todo el proceso, desde el momento de la lesión, hasta el postoperatorio. A pesar de la pronta y buena atención que recibió, hasta mi última lectura, el resultado desafortunadamente no era nada alentador.
El caso de Kiese

Retomando mi caso recuerdo esos días que viví tratando de obtener la autorización de una cirugía urgente que, de haber sido atendida a tiempo, garantizara casi sin duda una óptima recuperación de mi visión. En cambio tantos trámites con ires y venires reducían cada día mis esperanzas.

LA CIRUGÍA
Septiembre 1 de 2015

Esta etapa considero que fue tratada correcta y prontamente. Tanto la clínica como el especialista que me atendió garantizaban que estaba en muy buenas manos, el resultado de la intervención dependía ahora más del tiempo de atención desperdiciado causado por la negligencia de la IPS Robledo que de la pericia indiscutible del cirujano.


CONTINUARÁ


lunes, 9 de mayo de 2016

LA ENCARNACIÓN DE UN ÁNGEL

Escuché no recuerdo donde ni cuándo que en algunas ocasiones los ángeles encarnan para vivir por un tiempo en la tierra. Que seguramente para cuidar y guiar a alguien, o para enseñar algo nuevo.

Que siempre pasan desapercibidos y no se manifiestan, lo que ahora llamamos bajo perfil. 

Sospecho que a veces ni ellos mismos están muy seguros de su dignidad y que hasta se sorprenden de ser tan diferentes del común. 

Para nuestra suerte puede que los tengamos más cerca de lo que imaginamos. Tal vez un vecino, un amigo, o un desconocido que sorpresivamente nos empujó a tiempo para evitar que un automóvil nos atropellara. Quién sabe.

Benditos sean esos ángeles que viven con nosotros, esos que dan todo sin pedir nada, Esos que siempre perdonan antes de pedirles perdón, esos que nunca odian porque son seres de amor y luz. Para ellos este coro que flota en el aire y que hoy escuché.


Y los ángeles cantaron:

“Bendito eres tú que has llegado al mundo a conocer las sensaciones de la carne. Esas que ninguno en nuestras huestes ha sentido. Conocerás el amor y el odio, el placer y el dolor, la risa y el llanto.

Disfrutaras los aromas que son para el disfrute humano, pero igual percibirás el hedor de la carroña. Te extasiarás cuando te llegue la fragancia de las flores, el vaho de las hojas y el olor del pomar y del guayabo. La emanación de la tierra mojada te invitará a la siembra y a la recolección de la cosecha.

Escucharás los dulces sonidos del viento que silba entre las ramas y el murmullo del agua que corre entre las rocas. Descubrirás el placer de la música y el canto, y tú mismo podrás cantar y hacer la música.

En las noches al mirar al cielo, te conmoverá la inmensidad del universo, pero al tiempo, la luz de una luciérnaga te hará notar la grandeza que mora en lo pequeño.

Conocerás el amor, disfrutando en su tálamo mullido. Disfrutarás una divina sensación cuando lleguen tus hijos, a los que les harás conocer la letra de este coro.

Conocerás seres de luz que han encarnado y te acompañarán en el camino; pero igual verás a muchos de las huestes del maligno.

Es que en el planeta donde vivirás ahora, esas dos fuerzas se enfrentan desde antaño, y eres por lo tanto un celestial soldado.

Aprenderás tantas cosas que te sorprenderán y que por senderos de la ciencia te encaminen. Esas te darán fuerzas y poderes para crear y hacer visibles tus ideas.

Bendito tú que has llegado al mundo. Recorre sin temores tu destino. Mira, escucha, huele, siente, habla, canta, piensa, aprende y lucha, pero sobre todo… ama.

Un día sabrás que tu ciclo ha concluido y que es hora de volver a casa”.

La armonía del coro celestial se fue desvaneciendo hasta confundiese con el canto de las aves y comprendí que para mi suerte un ángel me acompaña.

domingo, 8 de mayo de 2016

GRACIAS MAMÁ

Feliz día de la madre.

video

A MI MADRE

¡Oh, cuan lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormías!

¡Con que grato embeleso recojías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera
con maternal orgullo repetías! 

Hoy que de la vejez en el quebranto,
mi barba se desata en blanco armiño,
y contemplo la vida sin encanto,
al recordar tu celestial cariño,
de mis cansados ojos brota el llanto,
porque, pensando en tí, me siento niño

Un golpe dí con temblorosa mano
sobre su tumba venerada y triste;
y nadie respondió ... Llamé en vano
porque ¡la madre de mi amor no existe!

Volví a llamar, y del imperio frío
se alzó una voz que dijo: ¡Si existe!
Las madres, nunca mueren ... Hijo mío
desde la tumba te vigilo triste ...

¡Las madres, nunca mueren!
Si dejan la envoltura terrenal,
suben a Díos, en espiral de nubes...
¡La madre, es inmortal!

Autor: Vicente Riva Palacio

sábado, 7 de mayo de 2016

ASTROPUERTA MAYO 2016

Hola:
El evento celeste del mes, y tal vez del año, es el tránsito de Mercurio el día 9, visible en América y Europa. Este es un suceso poco frecuente y sólo se puede observar con telescopios adaptados con filtros especiales para el Sol o con técnicas muy precisas. Este evento es muy peligroso para la visión si no se está seguro de lo que se hace.

El sábado 7 de mayo a las 2 pm dictaré una charla sobre el tránsito de Mercurio y cómo observarlo en el Auditorio del Planetario de Bogotá a las 2 pm. Invitados además al Planetario de Bogotá desde las 9 am el día 9 para observe el evento con nuestros telescopios.

Mi artículo sobre el tránsito de Mercurio más abajo.
Enseguida los principales eventos del mes.
Saludos
Germán Puerta
Bogotá, Colombia
Astropuerta
@astropuerta


Principales eventos celestes de Mayo 2016

Jueves 5 – Lluvia de meteoros de las Eta Aquaridas
Viernes 6 –Luna nueva
Domingo 8  – Ocultación de la estrella Aldebarán por la Luna visible en el sur de Europa y Asia
Lunes 9 – Tránsito de Mercurio visible en América y Europa
Viernes 13 – Luna en cuarto creciente
Domingo 15 – Conjunción de la Luna y Júpiter
Sábado 21 – Luna llena
Domingo 22 – Oposición de Marte
Domingo 29 – Luna en cuarto menguante

Principales efemérides históricas de Mayo 2016

Domingo 1 – 1949: Gerard Kuiper descubre a Nereida, luna de Neptuno
Jueves 5– 1961: Alan Shepard, primer estadounidense en el espacio exterior
Sábado 7 – 1925: Operación del primer proyector de planetario en Munich, Alemania.
Sábado 14 – 1973: Lanzamiento de la estación espacial Skylab
Lunes  30 – 1975: Fundación de la Agencia Espacial Europea
Nota: Esta información puede transmitirse libremente

El Tránsito de Mercurio
Mayo 9 de 2016
por Germán Puerta Restrepo

El lunes 9 de mayo de 2016 el planeta Mercurio efectuará un tránsito por el Sol. El “tránsito”, el pasaje de un astro frente a otro, -en este caso Mercurio por el Sol-, es relativamente raro. El anterior tránsito de Mercurio se presentó en 2006 y los siguientes serán el 11 de noviembre de 2019 y el 13 de noviembre de 2032.

Vistos desde la Tierra los tránsitos por el Sol únicamente los pueden efectuar Mercurio y Venus, por ser los únicos planetas en órbitas interiores. Hay entre 13 y 14 tránsitos de Mercurio por siglo, mientras que los de Venus son apenas 2 en más de una centuria.

Los tránsitos de Mercurio y Venus han sido estudiados desde el siglo XVII por científicos como Pierre Gassendi, Jeremiah Horrocks, Edmond Halley y Mikhail Lomonosov, y fueron importantes para determinar el tamaño real de los planetas, la distancia precisa de los planetas y del Sol, y permitieron descubrir la atmósfera de Venus.

Los eventos principales que ocurren durante un tránsito se denominan “contactos”, análogos a los de un eclipse anular de Sol, y no pueden observarse a simple vista, únicamente con telescopios o con técnicas especiales.
El Cuadro presenta los tiempos del evento en Hora Universal (UT) y en Hora de Colombia en horas, minutos y segundos. El evento total dura 7 horas, 30 minutos, 5 segundos.

Tránsito de Mercurio
Mayo 9, 2016
Evento                    UT                        Colombia

Contacto I            11:12:19                  6:12:19
Contacto II           11:15:31                  6:15:31
Tránsito Central    14:57:26                  9: 57:26
Contacto III         18:39:14                 13:39:14
Contacto IV          18:42.26                 13.42:26
                                                                                             
El Tránsito Central es el instante cuando Mercurio cruza más cerca del centro del Sol.
El tránsito de Mercurio del 9 de mayo de 2016 será completamente visible en gran parte de América y Europa, y parcialmente al oeste de América, África y gran parte de Asia. En Colombia el evento se observara en todas sus fases.
 
Secuencia del tránsito de Mercurio del 8 de noviembre de 2006

Observación del tránsito de Mercurio

El diámetro aparente del planeta Mercurio es solo 1/158 del diámetro aparente del disco solar, por lo que solo es posible la observación del evento con telescopios o grandes binoculares.

Los requerimientos visuales y fotográficos para el tránsito de Mercurio son los mismos para registrar las manchas solares o los eclipses parciales de Sol.  Todos los instrumentos deben estar equipados con filtros especiales diseñados para observación solar.

No trate de observar o fotografiar el tránsito de Mercurio si no está equipado con los filtros adecuados, o si no está seguro de lo que está haciendo. Apóyese en los planetarios, observatorios astronómicos y grupos de aficionados para una segura observación. Atención máxima con la presencia de niños.
Nunca observe el Sol directamente a simple vista o a través de instrumentos ningún instante, pues es letal para la visión.

El Sol y el tránsito de Mercurio no se pueden observar con: gafas oscuras, negativos de película, radiografías, vidrio ahumado, plásticos de colores, discos CD, vidrio de soldadura No 12 o menos y con otros métodos caseros.

Ver más en:
Osae.info Tránsito de Mercurio 2016
Eclipsewise 2016

Transmisión en vivo del Tránsito de Mercurio en:

SlooH
http://www.cosmos.esa.int/web/bepicolombo/mercury-transit
Esa
The Virtual Telescope Project 2.0

viernes, 6 de mayo de 2016

RECUERDOS DE LOVAINA

Cuando los recuerdos se vuelven relatos espectaculares

Simón Posada Tamayo plasma sus recuerdos en Universo Centro, fantástico periódico de Medellín. Nos habla de Lovaina, ese sector prohibido del que solo se hablaba entre susurros en el Medellín de antaño. Me pareció tan buena esta historia que la traje al blog sin permiso de los amígos de "El Guanábano", Pascual Gaviria y Juan Fernando Ospina.


Fotos: Juan Fernando Ospina
Lovaina, merengues y preservativos.
Simón Posada Tamayo. 
Fotografías: Juan Fernando Ospina

Uno de los recuerdos más antiguos que tengo proviene de cuando tenía tres o cuatro años. Estaba acostado en una cama y mi mamá y mi abuela me ponían algún remedio en la uña del dedo pequeño del pie derecho. Mi abuela me había pisado con su tacón y me había roto la uña por la mitad. También tengo otro recuerdo de esos días, que no sé si ocurrió antes o después del de la uña. Yo estaba sentado en un triciclo al borde de unas escaleras, y mi abuela me decía que no me fuera a lanzar. Y creo que me lancé. Pero no lo recuerdo con claridad. Y mi abuela tampoco.

Pero hay algo que sí tengo claro de mis dos recuerdos más antiguos: ambos ocurrieron en una casa de la calle Barranquilla, en Medellín. Y esa casa tenía un pasillo largo, donde yo jugaba con mi primo Andrés a estrellarnos en moto, y las motos no eran otra cosa que los cojines de los muebles de mi abuela. En ocasiones los cojines se abrían por los golpes y la espuma se regaba por el piso, como las tripas de una fruta que cae de un árbol. Y en esas ocasiones, mi abuelo Próspero siempre nos decía:—Dejen de joder. Más bien tengan esta plata y vayan a comerse una puta de doscientos pesos a Lovaina.

A mis tres, cuatro o cinco años de edad, esa frase me daba mucha felicidad, porque con esos doscientos íbamos a la tienda de la esquina y nos comprábamos una Sprite helada con papitas de limón, o un Bon Bon Bum que me comía untándolo con Quipitos. A esa edad, yo no sabía qué era una puta. Pero sí sabía qué era Lovaina: un lugar prohibido, al que yo nunca debía ir, que quedaba al pasar la calle Barranquilla y que olía a jabón. Desde el balcón de la casa de mi abuela podía oler y ver el jabón y el agua que los lavadores de carros echaban todo el día. Y los miraba con envidia, porque para mí ser lavador de carros era el mejor trabajo que alguien podía tener. ¿O quién no habría querido jugar con agua todo el día en su niñez?

En una ocasión, con los doscientos pesos que mi abuelo me dio compré un paquete de merengues. Me gustaban tanto que miré los ingredientes para intentar hacerlos yo mismo y hubo un ingrediente que no conocía: preservativos. Le pregunté a mi abuelo qué eran los preservativos y me llevó a su cuarto, abrió el cajón de las medias y sacó una tira de condones de colores. —Mire mijo, cuando usted vaya a comerse una puta de Lovaina, tiene que ponerse esto en el pipicito para que no le den enfermedades de esas que llaman de transmisión sexual.

Desde entonces, donde sea que esté, cuando veo un merengue, me acuerdo de mi abuelo, de Lovaina y fantaseo con que ese merengue lo prepararon batiendo unas claras de huevo con azúcar y unos cuantos condones.

Así, todos los caminos llevaban a Lovaina, un lugar que yo no entendía dónde quedaba. A veces hablaban de Lovaina como una calle y, otras, como un barrio. —Próspero, ¿dónde queda Lovaina? —le preguntaba yo a mi abuelo, al que siempre llamé por su nombre. —Es esa que está allá —me dijo una vez que estábamos en la esquina de la calle Barranquilla con la carrera Balboa, es decir, calle 67 con carrera 50A.

La calle que me señaló no era Lovaina, sino la carrera 50A más adelante, donde se convierte en una calle lúgubre, gris, porque en ella se alza el muro oriental del Cementerio de San Pedro. Y siempre que subía por la calle Barranquilla para visitar a mi abuela, miraba al fondo de las calles para ver, con morbo y curiosidad, a Lovaina, aunque no fuera la Lovaina de verdad.

Y sí que sentía morbo y curiosidad, porque fue allí, en esa esquina de la calle Barranquilla, donde me sentí atraído por primera vez por una mujer. Fue a los cinco o seis años de edad, y no fue por una mujer en el sentido más estricto de la palabra, sino por las decenas de travestis que desfilaban por toda la calle semidesnudos, mostrándoles una que otra teta a los hombres que pasaban a toda velocidad conduciendo por allí.

Pero sería a los ocho o nueve años cuando mi mamá me explicó qué era un travesti. Pasamos en el carro por allí, me quedé mirando a los travestis, en especial a uno que se vestía como la Mujer Maravilla. Mi mamá me dijo que eran hombres que les gustaba vestirse de mujeres, y que se amarraban el pipí con un caucho para que no se les viera. Así ha sido toda la vida mi mamá, sin ningún filtro para decir las cosas. Recuerdo que me quedé pensando en esa imagen por días. Incluso miraba mi propio pipí y pensaba cómo lograban amarrárselo con un caucho.

La primera vez que fui a Lovaina debió ser a finales de enero o principios de febrero de 1991. Lo sé bien porque por esos días todo Medellín visitaba el Cementerio de San Pedro para conocer, quizá, la tumba más excéntrica que haya tenido la ciudad: la de los hermanos Armando Alberto y David Ricardo Prisco Lopera, de los sicarios más sanguinarios al servicio de Pablo Escobar, que fueron dados de baja en un operativo con cerca de cien policías el 22 de enero de ese año. La tumba tenía una particularidad: contaba con un equipo de sonido que, cuando lo visité, tocaba música de Los Panchos.

—Camine mijo, vamos a ver el mausoleo de los Priscos —me dijo mi abuelo. En el camino me habló de cada una de las calles por las que pasábamos. Atravesé Barranquilla por primera vez, luego Lima, Italia, Venecia y, por fin, Lovaina, que corresponde a la calle 71. Más allá la 72, de la que ninguno de mis tíos ha sabido nunca el nombre, y después Turín y Revienta.

La calle Lovaina era atravesada por las carreras Bolívar, Neiva, Popayán, Santa Marta, Balboa, Palacé y Venezuela, y todo este amasijo de países nació como extensión del barrio Pérez Triana. Y yo, que en ese entonces ya tenía siete años y más o menos sabía dónde quedaban algunas ciudades del mundo, no entendía cómo en tan pocas calles se podía pasar de la blanca Popayán a la calurosa Santa Marta, y de la nublada Lima al país que un año antes, en 1990, había celebrado el primer mundial de fútbol del que tuve plena consciencia.

Lovaina era para mí, entonces, un lugar perdido, esquizoide, un lugar que era, a la vez, calle y carrera, calle y barrio, olor a jabón e indigentes, drogadictos y ladrones, putas y cementerio. ¿Por qué las prostitutas se fueron a vivir y trabajar al lado del cementerio más tradicional de Medellín? Quizás porque los vivos nunca han querido vivir al lado de los muertos, y las mujeres que ejercían la prostitución en esa época estaban muertas en vida: habían quedado embarazadas, habían perdido la virginidad antes del matrimonio y, por eso, no podían casarse y hacer familia. Y eso, en esa época, era toda la vida a la que tenía derecho una mujer.

De hecho, las leyes urbanísticas de principios de siglo en Medellín no permitían que los prostíbulos estuvieran a menos de 160 metros de distancia de escuelas, hospitales e iglesia. Más o menos a partir de 1925 —existe registro de cuatro burdeles en Lovaina en 1927—, muchas de las mujeres embarazadas y que perdieron la virginidad antes del matrimonio de todos los pueblos de Antioquia y otras ciudades del país — Cali, en especial—, llegaron a Lovaina. Y viudas con hijos, como María Duque Villegas, que viajó con sus dos hijas desde Yarumal, Antioquia, a la casa de Lola, ‘La Polla’, uno de los burdeles más famosos en los años cuarenta. Fue allí donde le quitó la virginidad al pintor Fernando Botero y él, en homenaje, pintó la obra La casa de María Duque, que tenía un apodo memorable, el ‘Alma meter’, porque hay varios universitarios de la época que han dado fe de que perdieron la virginidad gratis con ella. Y hasta expresidentes.

El periodista Reinaldo Spitaletta, en su crónica La nostalgia de Lovaina, relata que el expresidente Belisario Betancur visitaba la casa de Esperanza Restrepo y participó en algunas peleas a puño limpio; que el escritor Manuel Mejía Vallejo quedó en calzoncillos apostando su ropa jugando a la botella; que el periodista Enrique Santos Montejo, conocido como ‘Calibán’, visitó la casa de Ligia Sierra y le dedicó una de sus columnas de prensa, y que Marta Pintuco, quizá la puta más famosa de Medellín, prestó su casa para crear las bases del Frente Nacional en una reunión política. Por cuenta de ese desfile de intelectuales, se dice que la calle recibió su apodo por la Universidad de Lovaina, una de las más antiguas del mundo.

Leyendo archivos históricos y crónicas sobre Lovaina, me encuentro con un nombre que me es familiar: Aura Cardozo, conocida como ‘La Pipí’. Recuerdo que iba de visita los domingos a la casa de mi abuela, con blusas de flores, faldas de seda que le llegaban a la pantorrilla, sombras púrpuras en los ojos y fumaba cigarrillo con una elegancia de película: usaba sus dedos como pinzas, como si los cigarrillos fueran palitos untados de mierda. En una ocasión, peleé con mi papá porque no me quería dar cuatro mil pesos para comprar un libro de Indiana Jones y fue ella, minutos después, sin que nadie se diera cuenta, quien me puso en la mano un billete enrollado de cinco mil pesos. —Le pagó la universidad en España a un muchacho del que se enamoró —me cuenta mi abuela, pero no sabe qué pasó con ella. La última vez que la vio, habitaba una casa enfrente de Policlínica. Vivía de arrendar habitaciones a inquilinos que le robaban cosas de su cuarto.

Esta vez recorremos Lovaina y las calles aledañas en el carro de mi tío Diego. Hoy, el sector está repleto de talleres de carros, y las calles son una sola mancha de aceite. En medio de una calle, veo a dos jóvenes de no más de dieciséis años. Uno está sentado en una silla Rimax y el otro está apoyado en una pared, con la camiseta subida por encima de su gran panza. En un parpadeo de ojos, veo cómo se estira hasta un contador de luz, saca un paquete, se acerca a un carro, entrega algo, vuelve a la pared y cuenta el dinero. A principios de 2014, los combos se disputaban siete plazas de vicio en el sector. El 22 de agosto, la policía incautó cincuenta mil dosis de marihuana, veinte mil de base cocaína y más de 29 millones de pesos en efectivo.

Pasamos por Revienta, una callejuela angosta que está tres calles al norte de Lovaina. Mi abuela ha vivido en más de cincuenta casas en toda su vida, y una de ellas fue allí. Nos detenemos en la casa, que tiene una fachada amarilla. En ella, mi mamá vivió cuando tenía seis años. Entre las tapias —las paredes todavía son de bahareque— mi mamá atrapaba alacranes, o escorpiones, no sabe muy bien, y con mi tío William los ponían en el centro de una hoja de papel periódico, que quemaban por todos los bordes. Cuando las llamas llegaban casi al centro, los escorpiones, o alacranes, se envenenaban con su propio aguijón.

—Y en la casa de enfrente —recuerda mi mamá— vivía un señor que era joyero, y en la pared de su taller de trabajo tenía montones y montones de escorpiones clavados en la tapia con alfileres. Ahora vamos por Turín, una calle al norte de Lovaina. Allí, en una casa de fachada verde, todavía está la ventana por la que mi mamá y mis tíos vieron, empinándose entre la multitud, la transmisión por televisión de la llegada del hombre a la Luna.

—En esa casa vivía un niño al que le decíamos ‘Garrincha’. Sus padres tenían mucha plata. A veces me dejaban entrar a ver televisión, y el maldito de Garrincha se sentaba al lado mío a intentar quitarme el lunar con la uña —dice mi mamá refiriéndose a un lunar que tenía debajo de las clavículas–. Una vez me emputé, me le monté encima y lo agarré a puños. Después, él era todo enamorado de mí.

Mi abuela recuerda que hace cerca de cuarenta años, las casas de Lovaina tenían bombillos rojos, azules y amarillos. Así reconocían los clientes a los prostíbulos. A su alrededor todo lo que había eran potreros, donde la abuela salía a tender la ropa y donde mi mamá cazaba mariquitas y escarabajos dorados y en las noches se oían los grillos. Eran buenos tiempos.

Spitaletta cuenta que las prostitutas bañaban a los hombres antes del sexo, con agua con alcohol y permanganato de potasio, y la cuenta a pagar la dejaban de manera discreta bajo la almohada. “Implicaba una total falta de respeto exigirle a la mujer extravagancias en la cama. Nada podía hacerse por fuera de los conductos regulares”, escribe Spitaletta.

Algo similar me dice Alfredo, un amigo de la familia. Después de cumplir una condena por narcotráfico en Estados Unidos, regresó a Colombia sin un peso en el bolsillo. Una mañana de domingo de 2013, se encontró con mi abuela en un concierto de música clásica en el Teatro Metropolitano.

Alfredo llegó tan pobre de Estados Unidos que vive en un hogar de paso de la Alcaldía. Cuando le contó su historia a mi abuela en el teatro, ella le dijo que pasara todos los viernes a la casa. Siempre le da un plato de sopa de pasta o fríjoles, y cinco o diez mil pesos.

Me siento a almorzar con Alfredo. Siempre lleva consigo un bolso negro, en el que mete un libro, un cepillo de dientes, una billetera, un pastillero, un lápiz, un borrador y un lapicero, todo empacado en perfecto orden en bolsas Ziploc. Me cuenta que la policía siempre ha sido corrupta, pero que no se acuerda el nombre del policía corrupto de esa época en Lovaina. Recuerda también que veía a Pablo Escobar caminando con ‘La Kika’.

—Ese tipo fue el que se tiró Lovaina, porque ese sector era elegante, y todo se hacía con discreción y elegancia —dice—. Él empezó robándose las lápidas del Cementerio de San Pedro, después se metió al contrabando, después vendía marihuana y ahí fue como aprendió y se metió a la coca. Ese tipo era un gamín.

Además, me cuenta la historia de Emilio Pompis, un ladrón que conoció en Lovaina y con el que se encontró años después en Nueva York. —Íbamos en el metro de Brooklyn, y yo veía cómo le metía la mano en el abrigo a un hombre, sacaba la billetera, sacaba la plata y volvía a meter la billetera en el bolsillo del abrigo. Las cosas en esa época se hacían muy bien, no como estos matones de ahora que hablan “uuuujuuuuentoncesqué ujuuuu” —dice, y pone la boca como un chimpancé.

Fue en ese tiempo, a finales de los años setenta, que llegó el primer secador de pie al Salón Mariela, una institución de la peluquería en Medellín, donde Omar y miles de peluqueros estudiaron los últimos gritos de la moda. Con el secador de pelo, murieron los peinados recogidos y las cebollinas, y llegó la influencia del glam rock, con David Bowie y Alice Cooper como los modelos a seguir.

Las casas de prostitutas dejaron de ser los lugares de encuentro de intelectuales para ser barras de show de striptease, con mujeres con pelos cepillados y mullets. Se impuso la era de la “teta voleada”, como le dice el historiador Carlos Andrés Orozco. Ya Marta Pintuco y María Duque estaban en decadencia; llegó el reinado de los travestis y de lugares como ‘La cueva del oso’, un sitio con paredes pintadas de negro, que en un balcón tenía un oso gigante de peluche en el que los jíbaros escondían la marihuana; y los primeros gramos de coca y bazuco que se empezaron a tomar la década de los ochenta.

—Nunca he trabajado con travestis, porque ellos mismos se arreglan. Pero después de las prostitutas, llegaron todos los pillos y matones. A esos les gustaba el siete —dice Omar, sentado en su silla de peluquería.

Hoy en día cobra cinco mil pesos por un corte de pelo, pero ya trabaja muy poco. Se queja de que hay peluquerías que cobran dos mil pesos por un corte, que el oficio va para abajo y que la gente prefiere arriesgarse a que les corten las orejas en las academias por un corte gratis a dejarse tratar por un profesional con experiencia como él.

Mi abuelo Próspero murió, la peluquería ha cambiado y yo empiezo a perder el pelo en la coronilla. Lovaina no es ni sombra de su pasado. Se destruyó.








 Periódico Universo Centro Número 66, junio 2015
Enlace a la publicación original: 

martes, 3 de mayo de 2016

HOGAR Y CASA

Hogar y casa, dos cosas tan diferentes como decir tratado de paz y acuerdo con parte del conflicto.

La huella de un ave en un círculo es el símbolo de la paz

¿Qué es un hogar?

La palabra hogar se usa para designar a un lugar donde un individuo o grupo habita, creando en ellos la sensación de seguridad y calma. En esta sensación se diferencia del concepto de casa, que sencillamente se refiere a la vivienda física. La palabra hogar proviene del lugar donde se encendía el fuego, a cuyo alrededor se reunía la familia para calentarse y alimentarse. (WikipediA)

Un cuento casi de terror.

Hubo un hogar en el que sus hijos comenzaron a tener conflictos entre ellos y  a tener diferencias con sus padres. Dejó de ser un hogar para convertirse en una casa que albergaba a padres e hijos desunidos.

Esto comenzó cuando algunos hijos no reconocieron la autoridad de su padre y quisieron usurpar su posición de poder para someter al resto de la familia.

Sus motivaciones podrían validarse cuando el que ostenta el poder olvida el bienestar de los hijos y se dedica a derrochar el presupuesto aportado por todos los miembros de la casa.

Pero sucedió que algunos solo querían disfrutar las monedas de la alcancía familiar y obtener otras más amenazando a sus hermanos para que les entregaran las suyas.

Entonces se agruparon otros que querían lo mismo, atraídos por esta actividad que rendía tantos beneficios.

Así entonces quedó la mayoría de los convivientes de la casa entre la espada y la pared.

Algunos padres habían intervenido tratando de mantener el orden de la casa, muchas veces más por mantener su poder y el bienestar de sus hijos preferidos, por cierto pocos, que por acto de justicia.

Un padre decidió dialogar con el hijo más rebelde, dando a entender que de concretarse un acuerdo con él, la paz retornaría al hogar.

Y todos los hijos que se habían atrincherado en sus cuartos se alegraron, aplaudiendo y gritando vítores.

Padre y malos hijos se encerraron en la sala principal y comenzaron  negociar las condiciones, o sea la forma en que se repartirían la alcancía y el poder, hay para todos, decía el padre, mientras les obsequiaba almendras.

Afuera en el patio los otros malos hijos se sentían excluidos, vociferaban y golpeaban de nuevo a sus otros hermanos exigiéndoles monedas a cambio de no pegarles más. Rompían las porcelanas de la casa haciendo pataletas y hasta amenazaron con quemar la casa. Todos se encerraron de nuevo en sus cuartos llenos de miedo al ver que la paz seguía siendo una utopía, pues la paz más que una firma o una palabra es un sentimiento.