martes, 22 de abril de 2014

COLOMBIA SE ACHIQUITA

En mi época escolar me sorprendieron ciertos procesos históricos de Colombia, siendo muy niño aún no se habían formado los departamentos de Quindío y Risaralda que se separaron del departamento de Caldas relativamente hace poco. (Quindío en 1966 y Risaralda luego).
Nos enseñaban también que el departamento de Caldas había formado parte del territorio del Estado soberano de Antioquia, y así fue hasta el 17 de abril de 1905 cuando se creó por decreto el departamento de Caldas siendo su capital la ciudad de Manizales.

Y todo esto nos enseñaban en la escuela, y otras cosas más, como cuando el profesor nos recomendaba que no olvidáramos lo relacionado con el tratado Esguerra - Bárcenas que mencionaré más adelante y que hasta ahora entiendo el por qué de esa recomendación.

SOBRE SAN ANDRÉS

Al pasar el tiempo surgieron otros departamentos como San Andrés, Providencia y Santa Catalina, desde el 26 de octubre 1912 había sido una intendencia y siempre fue objeto de litigios.

Colombia y Nicaragua resolvieron el asunto sobre sus diferencias respecto a San Antrés y sus aguas territoriales el 24 de marzo de 1928, con el tratado Esguerra - Bárcenas por medio del cual Colombia reconocía a Nicaragua soberanía sobre la costa de Mosquitos y Nicaragua reconocía la soberanía de Colombia sobre San Andrés. Providencia y Santa Catalina. El protocolo que confirmaba este tratado se firmó el 5 de mayo de 1930.

El general Rojas Pinilla declaró a San Andrés puerto libre en 1953, cosa que convirtió a la isla en el centro comercial y turístico que ahora conocemos. Estados Unidos desistió de su pretensión sobre los cayos Roncador y Quitasueños en 1972 y desde entonces Colombia ejercíó su soberanía sobre ellos, y digo ejercíó por lo que anotaré más adelante.

Perdimos a Panamá, perdimos aguas marítimas y territorio insular con Venezuela, territorio con Perú y ahora de acatarse el fallo de la Haya mares y territorios con Nicaragua.

Si comparamos al país con una finca, que pensarías de un administrador al que al pedirle informes te diga que todo va bien, que solo se perdieron algunas hectáreas, y que año tras año igual te diga lo mismo. Eso no lo toleraría nadie, pero en Colombia parece que pensáramos de forma diferente, como si no nos importara que cada vez el país se vaya quedando más chiquito.

Hace mucho quería escribir sobre esto, pero afortunadamente encontré que otros ya lo habían hecho. Por esto voy a pegar un artículo que me ha parecido extraordinario, escrito por  Rubén Darío Acevedo Carmona en la página Infobae: Colombia se empequeñece. Vale la pena leerlo.


COLOMBIA SE EMPEQUEÑECE
Por: Rubén Darío Acevedo Carmona
De Infoabe.com

Colombia es tierra abonada para derrumbar paradigmas o ir a contracorriente de la historia. Ilustro con tres casos: 1. Mientras en el mundo el comunismo se murió, en Colombia renació; 2. Cuando en América Latina la lucha armada guerrillera fracasó o dejó de ser efectiva, en Colombia las guerrillas cobraron vida y energía y hoy portan el deshonroso título de ser las más longevas del mundo; 3. A diferencia del sentido común que dice que al perro no lo capan dos veces, a Colombia la caparon al perder a Panamá en 1903. Ahora la capan entre Nicaragua y la Corte Internacional de Justicia, a la que nunca debimos someter el litigio sobre el archipiélago de San Andrés. ¿Para que la tierra sin el agua que la rodea?

Las notas que vienen a continuación no tienen la pretensión de ofrecer una minuciosa descripción acerca del empequeñecimiento paulatino de Colombia a lo largo de su vida republicana, sino hacer unas reflexiones y acotaciones que ilustran el descuido y la abulia con la que se han manejado nuestras fronteras.

Mapa de Colombia Federal entre 1856 y fines del siglo XIX
En 1863, en Rionegro, Antioquia, después de muchos fallidos ensayos, de guerras y trifulcas, nuestro país se dotó en definitiva, así se creyó, de una Constitución federal con la concurrencia de 9 estados libres y soberanos en términos absolutos. Se abolió el Ejército nacional, existían en realidad nueve constituciones. El país se dio el nombre de Estados Unidos de Colombia. Cuentan que el famoso escritor francés Victor Hugo llegó a decir que dicha constitución era para ángeles. Razones tenía: por ejemplo, no podía ser reformada sino por unanimidad. El experimento duró escasos 23 años. Rafael Nuñez, un liberal extraño que abandonó las filas de los radicales y federalistas, se alió con el intelectual conservador ultracatólico e hispanista Miguel Antonio Caro para darle sepultura a la Constitución federalista de Rionegro e instalar una nueva que consagró el régimen centralista y procatólico. Vinieron conflictos, persecuciones y guerras. La mas famosa de todas, por su duración y sus efectos destructivos, la de los mil días (1899-1902), dejó el país en la ruina física, económica, militar y moral. De tal suerte que cuando los panameños proclaman su independencia en 1903 con el apoyo de la Armada norteamericana, nada se pudo hacer para evitar la separación. El presidente José Manuel Marroquín, que era el vicepresidente, propició un golpe de Estado en 1900 contra el titular Manuel Antonio Sanclemente, un anciano que frizaba casi los 90 años, que gobernaba desde Villeta porque le hacía daño la altura de Bogotá. Marroquín, uno de lo gramáticos, era presidente de facto. Dicen que se dedicó a leer poesía para digerir la pérdida de Panamá y que al entregar el mando también dijo algo así: “De qué se quejan, me entregaron un país y les devuelvo dos”.

Mapa de Colombia sin Panamá (1905-1908)
En 1932 por el mes de septiembre, el país se vio sorprendido por la noticia de una invasión peruana al puerto de Leticia sobre el Amazonas. No teníamos aviación, no había carreteras, no había dinero disponible debido a la Gran Depresión que afectó nuestras exportaciones. Al cabo de varios meses, pudieron llegar algunos soldados que remontaron el Amazonas en cañoneras compradas de afán en Europa. Otros llegaron cerca, hasta Mocoa por una carretera construida en tiempo récord entre Pasto y dicha población. Recuperamos Leticia y cedimos la guarnición de Güepí y la isla Chavaco. Gobernaba el patricio liberal, experto diplomático Enrique Olaya Herrera. La negociación tuvo lugar en 1934 bajo el mandato de López Pumarejo, otro liberal, quien nombró a Olaya Herrera jefe de la delegación nacional. El resultado es que se ratificó el tratado Salomón-Lozano firmado en 1922, por el que Colombia conservó Leticia y se ganó el trapecio Amazónico pero se mantuvieron perdidos kilómetros de selva que Perú se había apropiado en 1911 cuando sus tropas atacaron la zona de La Pedrera. No hay claridad el balance de estas disputas.

Mapa de Colombia antes de la guerra con Perú (1916-1928)
Bajo el Gobierno del conservador Laureano Gómez y de su designado presidencial que lo reemplazó buen tiempo, Roberto Urdaneta, el canciller colombiano Juan Uribe Holguín (ancestro de la canciller actual María Angela Holguín), apartándose del criterio de expertos colombianos envió la siguiente nota al Gobierno de Venezuela: “El Gobierno de Colombia declara que no objeta la soberanía de los Estados Unidos de Venezuela sobre el archipiélago de los Monjes…”. Hoy sabemos que en el mar que los rodea hay grandes cantidades de petróleo y gas. Nada que hacer. En el siglo XIX se había entregado una porción de La Guajira al mismo país. Así mismo, en diferentes tratados entregamos gran parte de nuestra Amazonía a Brasil.

Mapa de Colombia después de la guerra con Perú (1955-1963)
Colombia, pues, se está empequeñeciendo. Lo confirma la Corte de la Haya con el fallo sobre delimitación marítima en San Andrés, a todas luces injusto porque cercena territorio sobre el que hemos ejercido soberanía por dos siglos sobre sus islas, islotes, cayos y mar circundante.

Mapa de Colombia hasta el 19 de nov de 2012
¿Qué vamos a hacer?”, se pregunta la gente en medio de creciente indignación. Solo hay dos salidas: una es acatar el fallo y echarnos a llorar. Otra es no acatarlo y esperar que el mundo, la ONU, el ALBA, los Castro y Chávez se nos vengan encima. Sería necesario que los gobernantes y dirigentes colombianos tuviesen la personalidad, la necesaria dignidad y el coraje suficiente para encarar las consecuencias, una gran avalancha de críticas, amenazas, sanciones y aislamiento a las que seríamos sometidos. Esas virtudes son flor silvestre de nuestras élites. Con excepciones, tampoco las han tenido para librar la batalla contra el terrorismo porque al parecer hay conciencia de culpa de que algo se debe, en algo fallamos y hay que pagar. Como si la soberanía y la paz fuesen valores de manejo antojadizo. Falta valor y falta dignidad. Es de pronto perdonable que uno que otro intelectual anárquico o existencialista o posmoderno o progre niegue la patria y se burle del “patriotismo transnochado” y del sentimiento de pertenencia porque les parece que la patria es una noción de modé, anticuada y conservadora y que eso de los límites es asunto intrascendente y caprichoso. Estoy seguro de que si el raponazo hubiese sido a favor de EEUU, estarían blandiendo banderas tricolores, quemando las del país norteño y gritando “abajo el imperialismo yanqui” bajo la dirección de la Marcha “Patriótica” y el “patriótico” Cepeda.

Pero, no es eso lo que espera la gente de a pie, común y corriente, la que celebra goles de la selección, la que canta el himno nacional en las ceremonias, la que muestra su cédula con orgullo en las extranjerías y los bancos, la que iza la bandera en las fiestas patrias, la gente que tiene sentido de pertenencia, a la que no le da lo mismo levantarse con setenta mil kilómetros cuadrados de territorio menos, la que lava su ropa sucia en casa, la que no quiere la guerra ni es ultranacionalista. Lo que quiere saber de su dirigencia es que señale el rumbo por seguir.

domingo, 20 de abril de 2014

FERNANDO VALLEJO vs. GARCÍA MÁRQUEZ

‘Cursillo de orientación ideológica para García Márquez’.

Publicado en El Expectador. Domingo, 20 de abril de 2014
Este ensayo de Fernando Vallejo en su momento fue rechazado por el editor de "El malpensante" que le dijo: ‘uno no ataca a un elefante con un cortauñas’. Luego fue editorial Alfaguara la afortunadamente incluyó este texto el el libro "Peroratas". Aunque me cuento entre los admiradores de la obra de Gabriel García Márquez, no puedo desconocer que este ácido análisis de Cien años de soledad que hizo Vallejo tiene razones muy válidas. Como siempre me ha gustado oír opiniones aquí se las dejo:

El siguiente es el mensaje que envió a este diario Andrés Hoyos, director de la revista ‘El Malpensante’:

“En el ‘Alto Turmequé’ del domingo hay una imprecisión que quisiera señalar. Dicen allí que El Malpensante rechazó un ensayo que Fernando Vallejo nos propuso en 1998 por ser un ataque contra García Márquez y Cien años de soledad, lo cual es sólo parcialmente cierto. De hecho, publicamos por esos días otro ensayo de Vallejo llamado ‘Cursillo de orientación ideológica para García Márquez’, donde Fernando arremete contra el comportamiento político de su famosísimo compatriota sin la menor contemplación (ver: EL MALPENSANTE. El que no publicamos pretendía demoler Cien años de soledad diciendo que es una novela escrita en tercera persona y otras cosas que ustedes citan en la nota. Yo era el director en esa época y recuerdo que mi respuesta a Vallejo fue: ‘uno no ataca a un elefante con un cortauñas’. Dicho esto, me parece estupendo que Alfaguara haya publicado el ensayo de marras para que sean los propios lectores quienes decidan si el elefante muere o no”.

El siguiente es el texto completo del ensayo “Un siglo de soledad”, rescatado por Alfaguara para el libro ‘Peroratas’, ya en librerías, y cuya publicación exclusiva en El Espectador fue autorizada desde México por el escritor Fernando Vallejo con este mensaje: “¡Cómo voy a atacar yo a un elefante! Ni con un cortauñas ni con nada. Yo no soy como el Borbón bribón que tienen los españoles, que hace poco mató a uno de esos hermosos animales con un rifle y salió como un héroe en primera plana en El País de España. Yo amo a los animales. En prueba los cien mil dólares del premio Rómulo Gallegos, que los di para los perros abandonados de Venezuela; y los ciento cincuenta mil del premio de la FIL, que los di para los de México. Muchos años después del incidente de El Malpensante, recuerdo la remota mañana en que el coronel Andrés Hoyos me rechazó el artículo sobre nuestro genio máximo escrito para nuestra revista máxima. Bogotá era entonces una aldea de cien mil habitantes que vivían de huevos prehistóricos”.


UN SIGLO DE SOLEDAD

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».
En uso del derecho a malpensar que me confiere esta revista, voy a hacerte unas preguntas, Gabito, muchos años después, sobre tu libro genial que así empieza. ¿Muchos años después de qué, Gabito? ¿De la creación del mundo? Si es así, yo diría que tendrías que haberlo dicho, o algún malpensado podrá decir que se te quedó tu frase en veremos, como una telaraña colgada del aire. Pero si no es después de la creación del mundo sino «después de aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo», entonces algo ahí sobra. O te sobra, Gabito, el «remota» pues ya está en «muchos años después», o te sobra el «muchos años después» pues ya está en el «remota».
Pero no te preocupés por la sintaxis, Gabito, que con las computadoras y el Internet ¿hoy a quién le importa? Al que te venga a criticar con el cuento de la sintaxis, decile que ésas son ganas de malpensar, de joder, y mandalo al carajo, que vos estás por encima de eso. Soltales un «carajo» de esos sonoros, tuyos, como los de tu coronel Buendía.

Y en efecto, la originalidad de tu frase inicial, así a algún corto de oído le suene sintácticamente coja, es soberbia, y no está en la sintaxis sino en la escena luminosa que describes. Un viejo que lleva a un niño a conocer el hielo, ¿no es una originalidad genial? ¿Cómo se te ocurrió, Gabito? ¿Cómo se dio el milagro? ¿De veras fue como lo has contado en repetidas ocasiones a la prensa, una tarde calurosa en que ibas camino de Acapulco con Mercedes?

¿En qué ibas pensando camino de Acapulco con Mercedes esa tarde calurosa? Aunque yo soy un pobre autor de primera persona que a las doce del día no recuerdo qué desayuné, y no un narrador omnisciente como vos que todo lo sabés, oís y ves, y que leés los pensamientos y nos podés contar lo que recordó el coronel Buendía muchos años después, apuesto a que sé en qué ibas pensando esa tarde calurosa camino de Acapulco con Mercedes. Ibas pensando en Rubén Darío, en su autobiografía, en la que el poeta nicaragüense, muerto en 1916, cuenta que su tío abuelo político, el coronel Félix Ramírez, esposo de su tía abuela doña Bernarda Sarmiento, lo lleva a conocer el hielo:

«Por él aprendí pocos años más tarde a andar a caballo, conocí el hielo, los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia». ¡Te plagió, Gabito, te plagió ese cabrón nicaragüense! ¡Y con semejante frase tan fea! Y no sólo te robó el hielo y el grado de coronel, sino hasta la expresión genial tuya de «muchos años después», pues el «pocos años más tarde» de ese sinvergüenza ¿no viene a ser lo mismo, aunque al revés?

Y después dicen que los colombianos somos ladrones. ¡Ladrones los nicaragüenses! Cuando te acusen de plagio me llamás a mí, Gabito, yo te defiendo. A cambio vos me vas a enseñar a ser autor omnisciente y a leer los pensamientos. Como ves, ya empecé a aprender, vos me diste el ejemplo, ya sé en qué ibas pensando camino de Acapulco con Mercedes esa tarde calurosa en que se te ocurrió lo del hielo: en ese nicaragüense ladrón. Pero explicame ahora la segunda frase de tu libro genial: «Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos».

¿Huevos prehistóricos? ¡Prehistóricos serán los tuyos, güevón! No hay huevos «prehistóricos». Los huevos son del Triásico y del Jurásico, o sea de hace doscientos millones de años, cuando los pusieron los dinosaurios, y nada tienen que ver con la prehistoria, que es de hace diez mil o veinte mil. Los bisontes de las cuevas de Altamira y de Lascaux sí son prehistóricos. Sólo que los bisontes no ponen huevos. ¿O en el realismo mágico sí? En esto de los huevos prehistóricos sí metiste las patas, Gabito. ¡Por no consultarme a mí! ¿Qué te costaba, si yo también vivo en México, llamarme por teléfono desde Acapulco? Yo tengo en México dos o tres libros de paleontología con unos huevos de dinosaurio fosilizados, magníficos, muy útiles para tu creación del mundo y de tu Macondo.

Pero aclarame aunque sea otra frase, la tercera, Gabito: «El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo». Si vos estás escribiendo en español –una de las contadas «lenguas de civilización» de que habla Toynbee, y que ha producido la máxima obra literaria, el Quijote, después de la cual sigue la tuya, si no es que es al revés–, ¿no se te hace que se te fue un poquito la mano con eso de que muchas cosas carecían de nombre y que para mencionarlas había que señalarlas con el dedo? ¿No hay ahí una inadecuación entre la lengua tuya, la del narrador (así sean tan genialmente pobres su léxico y su sintaxis), y el mundo que describes? Para mí que te hubiera quedado mejor tu libro en protobantú o en una lengua de la Amazonia.

Pero claro, en protobantú nadie se llama Aureliano Buendía con nombre y apellido, ni mucho menos tiene grado de coronel. Gabito: ¿No se te hace raro que en Macondo muchas cosas no tengan nombre pero las personas sí? Y para colmo con grado militar. En un mundo tan primitivo, Gabito, tan recién bañado por el primer aguacero cual es el caso de Macondo, ¿de dónde salió la jerarquía militar? Pues donde hay un coronel hay generales y mayores y cabos. Pero esto no es un reproche, Gabito, yo a vos te tengo buena voluntad. Nada más te lo recuerdo por si algún cabrón malpensado algún día te lo saca a relucir, estés preparado y sepás qué responder. Respondele: «Animal, ¿no ves que estamos ante el realismo mágico? Por eso es mágico. Si las cosas tienen explicación, ¿dónde está la magia? ¿Qué chiste hay pues?».

De todas formas, Gabito, si cuando escribías tu creación del Universo me hubieras consultado sobre este asunto de los nombres de los personajes, yo te habría aconsejado que para evitar malpensamientos de cabrones los señalaras con el dedo. Además eso de llamar a los personajes cada vez que se mencionan con nombre y apellido en realidad no es manía tuya, es de Rulfo y de Mejía Vallejo: Pedro Páramo, Pedro Canales, Anacleto Morones, Fulgor Sedano, Susana San Juan... Vos que sos tan imaginativo y genial ¡qué vas a copiar a ese par de güevones!

Ahora bien, si no querés señalar a tus personajes con el dedo, pues mencionalos siempre con nombre y dos apellidos para que te distingás de ellos. Por ejemplo: Mauricio Babilonia Asiria, Pietro Crespi Rossini, Pilar Ternera Mesa. Con este cambio tu comienzo te quedaría así: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía Iguarán habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo». Mejora mucho en originalidad. Incluso el «Iguarán» lo podés cambiar por «Iguana»: el coronel Aureliano Buendía Iguana. Suena más paleontológico, más a huevo prehistórico.

Llegados a este punto, Gabito, te quiero preguntar una última cosa, pero si no me la querés contestar no me la contestés: ¿De veras plagiaste a Balzac? ¿O eran elucubraciones sin fundamento de ese guatemalteco envidioso de Miguel Ángel Asturias? ¿Te acordás con la que salió ese güevón? Que dizque vos sacaste a tu coronel Aureliano Buendía del Baltazar Claës de La búsqueda del absoluto de Balzac, quien arruina a su mujer tratando de fabricar oro pero en vez de oro sólo fabrica un diamante. ¡Cómo lo ibas a plagiar si tu coronel Aureliano Buendía no fabrica diamantes sino pescaditos de oro! El tono, claro, de las dos novelas, la tuya y la suya, se parece mucho. Ustedes dos escriben como comadres chismosas, en prosa cocinera. Pero eso está bien para el tema de ambos. Además, ¿quién te puede probar Gabito que le robaste a Balzac el tono? Robarle un autor a otro el tono es como robarle un hombre a otro el alma. Y si a ésas vamos, también a vos te lo robó Salvador Allende. Ah no, fue su sobrina, ¿cómo es que se llama?

En fin, Gabito, para terminar porque ando corrigiendo unas pruebas y muy apurado, una última inquietud, ahora sobre el título de tu libro genial. ¿Por qué le pusiste «Cien años de soledad» en vez de «Un siglo de ausencia» como el bolero? Yo hubiera preferido «un siglo» ya que estás hablando en números redondos y que tuviste el acierto de que no fueran ciento uno o noventa y nueve, lo cual es otra genialidad. ¿Cómo se te ocurrió? Claro que «años» me suena mal. «Año» me suena a «caño», «coño». Yo sería incapaz de poner la palabra «año» en el título de un libro mío. La eñe es fea letra, hay que desterrarla del idioma. En cuanto a la soledad, mejor cambiásela por «ausencia», pues en español «Soledad» también es nombre propio, y así algún malpensado puede pensar que tus «Cien años de Soledad» son los cien años que doña Soledad lleva sola: doña Soledad Acosta viuda de Samper, doña Sola, doña Solita, ¡ay!


Gabito: No te preocupés que vos estás por encima de toda crítica y honradez. Vos que todo lo sabés y lo ves y lo olés no sos cualquier hijo de vecino: sos un narrador omnisciente como el Todopoderoso, un verraco. Y tan original que cuanto hagás con materiales ajenos te resulta propio. Vos sos como Martinete, un locutor de radio manguiancho de mi niñez, que con ladrillos robados a la Curia se construyó en Medellín un edificio de quince pisos propio. E hizo bien. Las cosas no son del dueño sino del que las necesita. Además vos también estás por encima del concepto de propiedad. Por eso te encanta Cuba y no lo ocultás. El realismo mágico es mágico. ¡Qué mágica fórmula!


Cuando Gabo escribía el libro, lo llamaba "La casa"

Captura de el l libro editado por Rey Naranjo narra desde sus viñetas la historia de vida de García Márquez, desde su nacimiento en Aracataca hasta la traducción al chino, en 2011, de Cien años de soledad, que vendió más de un millón de ejemplares, pasando, obviamente, por la entrega del premio Nobel. Ver aquí el libro completo Gabo, novela gráfica.

sábado, 19 de abril de 2014

LA MORDIDA DEL PERRO

Interesante lo que escuché esta mañana en un programa de televisión. El psicólogo Felipe Camacho hablaba de la analogía de las experiencias humanas.

Un hombre caminaba por la acera cuando vio un perro tras la cerca de una casa, como le llamó la atención y le pareció muy bonito se detuvo y extendió su mano para tocarlo. Intempestivamente el animal mordió su mano causándole un gran dolor y sufrimiento por lo que tuvo que ir urgentemente al hospital.

De alguna manera, decía el psicólogo, el hombre necesitaba de esa dura experiencia para trascender en el camino de su vida.

Días después este hombre volvió a pasar por esa calle y vio al perro que lo había mordido, prudentemente pensó  que debería o bien pasar por la misma acera sin tocar al animal, o cruzar la calzada para alejarse lo más posible de él. En este caso el hombre había aprendido la lección al elegir evitar el sufrimiento.

Pero en muchos casos otras personas no dudan en volver a tocar el perro y ganarse otra dura mordida, y así una y otra vez.

El psicólogo dijo que al contarle esta historia a un amigo, este se mostró en desacuerdo expresándole que esa no se la creía:
- ¿Quien va a ser tan tonto de volver a tocar al perro que lo mordió?

Y este le respondió: Te la pongo de otra forma, tú eres muy irascible y sabes que cada que tienes un ataque de ira te descompones, se te sube la presión, te da taquicardia. En conclusión, sabes que cada vez que te permites ese sentimiento puedes hasta morir de un infarto. ¿Y qué haces?, ¿tratas de evitarlo? Pues no lo haces y esta es otra forma de que te muerda el mismo perro, una y otra vez. Igual sucede en otras situaciones a las que nos enfrentamos constantemente. Sabes que los excesos arruinan la vida, pero tú te los permites y hasta los propicias: Exceso de alcohol, exceso de comida, exceso de drogas, etc. El mismo perro o mejor muchos perros te muerden constantemente porque tú extiendes tu mano para tocarlos y no aprendes a evitar el sufrimiento que te causan. Has elegido sufrir y eres tan terco que sabiendo que te daña, te duele y te lleva al sufrimiento, continuas haciéndolo, sigues tocando al perro que está tras la cerca, ¿Comprendiste?
El amigo bajando la cabeza no tuvo otra opción que reconocer la verdad que le habían traído estas palabras y decir:
- Ahí si me mataste.


jueves, 17 de abril de 2014

LA CHICA DEL RÍO


Hoy os dejo otro de esos pequeños cuentos que dicen mucho en muy pocas palabras.
Eloy Moreno.

Dos monjes caminaban de vuelta hacia el monasterio tras haber pasado una semana de meditación e instrucción en las enseñanzas que debían regir su vida de retiro.

El último día, ya avanzada la tarde, escucharon los llantos de una mujer que estaba sentada al lado de un río. Se acercaron para ver qué ocurría y allí descubrieron a una joven con las ropas completamente empapadas.

-¿Qué te ocurre, muchacha? -pregunto uno de ellos.
-He ido a la ciudad a comprar y a la vuelta me ha sorprendido la crecida del río. Al intentar pasar, en cuanto he metido el pie en el agua, me ha arrastrado la corriente y he tenido suerte de poder volver a la orilla. Pero tengo que llegar al otro lado pues mi madre está sola en casa y necesita de mi ayuda. ¿Podríais ayudarme a cruzar el río?

Ambos monjes se miraron y, tras un momento de duda, uno de ellos cogió a la joven en brazos y consiguió dejarla en la otra orilla.

-Muchas gracias, buen hombre, muchas gracias.
-No es nada -contestó y volvió junto a su compañero.

Nada más encontrarse éste le increpó su acto:
-¡No sabes lo que has hecho! Hemos jurado el voto de castidad, no podemos tocar a una mujer.
El compañero asintió y continuaron en silencio.

Durante el camino de vuelta volvió a increparle varias veces hasta que, finalmente, ante el silencio por respuesta, acabaron el camino totalmente en silencio.

Cuando ya estaban a punto de entrar en el monasterio, volvió a insistir:
-Sigo pensando que no deberías haber cogido en brazos a esa mujer, has roto uno de los votos.
-Amigo -le contestó- yo hace ya muchas horas que dejé a la mujer en la orilla, en cambio parece que tú aún la llevas encima.

martes, 15 de abril de 2014

¿DE QUÉ TE ARREPIENTES?

"El que se arrepiente de haber pecado es casi inocente"
(Séneca)


En esta semana de reflexión en la que los cristianos nos hacemos un examen de conciencia creo que esta es la pregunta precisa que debemos hacernos. Por más que tratemos de obrar correctamente la naturaleza humana es débil y de vez en cuando indefectiblemente metemos la pata.

Lo que me sorprende es que cuando leemos o vemos en la televisión algunas entrevistas hechas a personajes destacados esa es una de las preguntas que no falta.
¿De qué te arrepientes?, le preguntan a un político, y él responde sin ruborizarse: De nada.
Igual respuesta la escuchamos de actrices, actores, empresarios, amas de casa. Parece que nadie se arrepiente de nada y es entonces cuando soy invadido por el demonio de uno de los pecados capitales: La envidia.

Me hacen sentir estas respuestas como el peor de los seres humanos, candidato a irme de vacaciones al mismísimo averno. Es que yo si tengo muchas cosas de que arrepentirme. Desde la más tierna infancia ya estaba haciendo cosas de las que aún me arrepiento, como esa vez que arrastré del pelo a una amiguita del barrio que quería obligarme a jugar a la casita, es que yo odiaba ese juego en el que tenía que hacer de papá mientras la niña cocinaba un su estufa de juguete o le cambiaba los pañales a sus muñecas. Y de ahí en adelante perdí la cuenta de las cosas de las que me arrepiento, unas chicas y otras gordas. Como es entonces que toda esa gente de las entrevistas asegura que no se arrepienten de nada, los envidio realmente.

Una de dos, son ángeles encarnados en la tierra o es que perdieron la conciencia del bien y el mal y para ellos todo vale. Me inclino ahora por la segunda opción y pensando eso ya nos los envidio, los compadezco.

El empresario dice que no se arrepiente de nada, ni siquiera de pagar salarios de hambre a sus empleados pues solo le basta cumplir con el pago de un salario mínimo acordado por unos señores que tampoco se arrepienten de nada.
Viendo esto voy sintiéndome menos pecador y mis faltas se van tornando en leves.

¿Y los otros entrevistados?, pues de seguro también mienten, y eso de que no se arrepienten de nada solo significa que no les importa. Defraudar el erario público no es un delito, a menos que te pillen, y el que defrauda lo hace en el supuesto que nunca lo harán. Quien engaña vendiendo con ganancias exageradas tampoco se arrepiente, es que así funciona el comercio. El banquero que cobra intereses de usura, a lo sumo se arrepentirá de no haberlos puesto un poco más altos. El que empeña los recursos del País en condiciones desventajosas a cambio de favores o recompensas pasadas bajo la mesa de que va a arrepentirse, malo sería no aprovechar la oportunidad y hacer lo contrario si lo haría llorar. Es que la canción Cambalache compuesta en 1934 por Enrique Santos Discépolo no puede ser más acorde a este tema. De que te vas arrepentir si tu concepto de la vida está más centrada en el tener que en el ser.

Pero siempre se está a tiempo de despertar y de ser generoso cuando se está en la opulencia, de compartir la prosperidad en forma de salarios justos y dignos, de negociar los recursos en condiciones ventajosas, de tratar al otro con respeto sin importar su condición social o económica, esa debe ser la regla.

Hacer cosas buenas te hará sentir bien y tener la conciencia tranquila no tiene precio ni se consigue en ningún almacén.

Ahora en serio, ¿De qué te arrepientes?

lunes, 14 de abril de 2014

LOS YETIS EN LA HISTORIA DE MEDELLÍN

Luis Fernando Garcés 
En esa bucólica Medellin de los años sesentas irrumpió el sonido de una nueva música, los adultos y los curas se escandalizaron, pero la gente joven se regocijó y se sintió identificada con la nueva tendencia. El pelo largo fue entonces una de las modas en los muchachos y la minifalda de las chicas. Gonzalo Arango de alguna manera había abonado el terreno a través de sus ideas desde su movimiento nadaista, todo estaba dispuesto para el cambio de mentalidad de la ciudad, pasábamos de esa especie de medioevo a la liberalidad de pensamiento.

Encontré una entrevista que le hizo la emisora Morada Stéreo a Luis Fernando Garcés, integrante del grupo de rock "Los Yetis" que nos contará esa historia de la ciudad en esos años y que nos maravilla a medida que transcurre.



domingo, 13 de abril de 2014

LA CASA

Una lectura muy apropiada luego del Foro Urbano Mundial y WUF7 UN-Habitat. Medellín.
El arquitecto y escritor español Alberto López nos comparte en el blog una historia muy interesante. 
¿Son las viviendas modernas las adecuadas para ser habitadas por el ser humano?
¿En que momento perdimos el rumbo para llegar a vivir en las colmenas de concreto de nuestro tiempo? La conclusión es sin duda que cada día nuestro hábitat se deshumaniza.

CASAS
Alberto López


Casa Farnsworth
El proyecto de esta vivienda fue elaborado por el arquitecto Mies van der Rohe en la ciudad de Plano, Illinois, entre 1946 -1951, para la doctora Edith Farnsworth, como segunda vivienda para los fines de semana. Su coste, superior al presupuestado, acabó provocando un grave distanciamiento entre la clienta y el arquitecto. Aquella acusó a éste de haberse excedido en el encargo. Mies, el exquisito, consideró que la rica señora carecía de sensibilidad ante su arquitectura, mientras la doctora argumentaba que cuando se instaló en la casa la cubierta rezumaba agua hacia el interior y la calefacción producía un efecto de condensación de vapor sobre las paredes de vidrio. Dado que la vivienda carecía de refrigeración en la estación cálida se producía en su interior un efecto invernadero, que la hacía poco menos que inhabitable.

La total transparencia de las paredes, permitía dominar el interior para cualquiera que pasara por la carretera de acceso, lo que impidía la mínima intimidad. La disputa llegó a los tribunales que, finalmente, fallaron a favor del arquitecto, condenando a la doctora a pagarle el sobreprecio del coste de la obra. Harta de la casa, la doctora acabó vendiéndola unos años después. En el 2004 grupos conservacionistas hicieron una campaña para recaudar fondos y rehabilitarla. Hoy sigue sin habitarse, pero se ha convertido en un icono para los exquisitos amantes de la arquitectura moderna que, pueden visitarla en grupos guiados.

”No guardo el cubo de la basura debajo de mi fregadero. ¿Quiere saber por qué? Porque cualquiera puede ver la “cocina” completa desde la carretera de camino y el cubo arruinaría la imagen de la casa entera. Así que lo escondo en el armario un poco más allá del fregadero. Mies habla de “espacio libre”, pero su espacio está muy fijado. No puedo poner ni una percha en mi casa sin considerar cómo afecta al resto de la casa desde afuera. Cualquier disposición de los muebles se convierte en un gran problema, porque la casa es transparente, como una radiografía.

Edith Farnsworth citada en Joseph A. Barry, “Report on the American Battle between Good and Bad Modern”, House Beautiful, mayo 1953, 270. [2]

La casa del hombre, la domus romana, es el sitio, lugar, hogar, espacio de la existencia donde habitamos y donde la memoria de las generaciones queda depositada y guardada. La pluralidad y la riqueza de los espacios, de sus formas, de sus materiales y de los objetos que la pueblan acompañando a los hombres, son la precipitación de su historia y forman parte de su biografía. La casa se convierte así en el cofre de la memoria de los hombres. En ella se guardan los objetos que se acumulan a lo largo de la vida y que pasan de padres a hijos y de unas generaciones a otras. Por eso nos atraen las casas antiguas, por su memoria.

En 1951, en la célebre cátedra que dictó en Darmstat, Martin Heidegger equiparó el ser al habitar. Hurgando en las palabras del alemán antiguo, el filósofo argumentó que el verbo construir (bauen) aparece subrepticiamente en la conjugación de la primera y segunda personal del singular del verbo ser (Ich bin, Du bist), de ahí su conclusión: “estar en la tierra como mortal significa habitar”. Así fue durante siglos, pero vino el espíritu de lo moderno, el culto al movimiento y al progreso y con él llegaron las nuevas ideas que convirtieron las casas en objetos sin raíces despegados del suelo, un ejemplo más de la pérdida de identidad en nuestra actual cultura, donde la separación entre el ser y el habitar nos lleva al desarraigo.

La casa se quiso refundar así misma desde cero. Menos es más, predicaría el arquitecto profeta Mies Van der Rhoe tomando una cita de San Agustín, en la búsqueda de la perfección geométrica y del espacio continuo, transparente y vacío donde hasta los muebles molestaban (de ahí el requerimiento de que los proyectara el arquitecto autor del edificio) lo que llevaba a ocultarlos entre las paredes o a dejarlos como esculturas en medio del espacio, más para ser mirados que para utilizarlos.

Vivir en casas antiguas, en las casas de nuestros antepasados, se consideró un atraso. Era mejor abandonarlas o destruirlas y levantar sobre ellas otras casas nuevas, blancas, puras, transparentes, cristalinas, sin las cargas de telarañas de la historia.
Otro tanto se hizo con los muebles de bellas y preciosas maderas que el abuelo encargó a un viejo ebanista que los construyo con la conciencia y el cariño de realizar verdaderas piezas únicas. Muebles y objetos cuidados y acariciados por amorosas manos de varias generaciones, que restauraron una y otra vez las heridas que fue dejando en ellos los años y la historia.


Muebles y objetos que una nueva generación los consideró demasiado grandes y pesados, excesivamente decorados y barrocos, cargados de líneas curvas, por lo que fueron abandonados o malvendidos para ser sustituidos por muebles livianos, modernos, de líneas duras, rectas, de geometrías metálicas, en colores vivos que se consideraron alegres, como si la alegría no estuviera en el interior de las personas si no en los propios objetos. Muebles pulcros y austeros en su perfección formal, muebles protestantes, puritanos y perfectos en sus puras líneas, que solo podían conseguirse con la máquina y con los nuevos materiales, el acero, el vidrio, el plástico.


Para Le Corbusier uno de los apóstoles del llamado Movimiento Moderno, la línea recta era la del hombre, frente a la línea sinuosa o curva del asno. Así que nadie se fijó en la enseñanza del rocín cuando subiendo por la ladera de la colina se adaptaba de forma inteligente a las curvas de nivel para hacer más llevadera su carga. El hombre, pagado de su sabiduría, escogería continuar por el camino más corto, violentando la colina con la fuerza bruta de la ingeniería, la tecnología y la máquina, arrasando para ello la elevación, aplanando el terreno o causando una llaga por donde cruzaría la carretera desangrando el paisaje y la naturaleza. A eso, el hombre moderno lo llamó, urbanismo y progreso.

La casa racionalista y funcionalista no quiso nada con el pasado, solo estaba interesada en hablar de su tiempo. Quiso olvidar lo que sabía de antes, quiso negar la carga de la memoria imaginando ella misma una nueva historia, a partir de un punto cero sin recuerdos. La casa moderna no quiso remitir a nada que no fuera ella misma, no quiso ser objeto de nadie, sino de sí misma, no quiso ser ni de sus habitantes, que pasaban por ella sin llegar a tocarla, sin poder añadir ni quitar nada, pues todo en ella, muebles y objetos, incluso las personas, todo, estaba previsto, todo estaba objetivamente diseñado según las necesidades, para estar en su sitio. Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. El diseño total, desde el picaporte a la ciudad, pasando por todo tipo de edificios, la ambición que alimentó desde el Renacimiento la locura del arquitecto demiurgo que pretendía enseñarnos a como debíamos vivir, se hacía por fin realidad.

La casa moderna no quiso tener padres ni abuelos, quiso ser ella misma, forma primigenia naciente sin ayudas del mar de la geometría. Quiso ser la madre de una nueva historia. Quiso ser el origen pero nos llevó al final. Quiso hablar un nuevo lenguaje y nos llevó al silencio. Quiso ser la más pura, con los mínimos elementos. Quiso ser menos para ser más, pero acabó siendo menos, hasta no llegar a ser nada o casi nada.

La casa moderna odiaba los recuerdos. En ella no cabían los ecos. Los antepasados con sus objetos habían sido expulsados, ya no tenían cabida ni en el desván, entre otros motivos, porque la casa moderna lo había eliminado cortándolo de cuajo con la cubierta plana. La casa se hizo cúbica y transparente. El paradigma fue la casa sin muros, la casa de cristal. Así se perdió el lugar donde se guardaban los sueños y los objetos de la infancia. Así se perdió la casa como instrumento para la ensoñación, como fortaleza y reducto de nuestra intimidad y nuestra individualidad. En la casa moderna todo quería ser puro y cristalino, era el reino de la levedad y de lo transparente. Allí no había rincones, los niños no tenían donde ocultarse para poder jugar y con el paso del tiempo se les olvidó jugar.

La casa perdió su verticalidad y se extendió horizontalmente. Perdió el sótano y perdió el desván. Se hizo espacio horizontal continuo, isotrópico. Se hizo, empleando el término lecorbusierano, “máquina de habitar”. Así se inventó la caja apartamento que, los arquitectos modernos ofrecieron al negocio capitalista de la construcción y que permitió crear el mercado inmobiliario, donde se vendían metros cuadrados de espacio construido sin ninguna cualificación, cual si fueran metros de tela para hacerse un traje o de papel higiénico para limpiarse el culo.

Los fantasmas de la casa que desde siempre habían estado habitándola en armonía, generación tras generación, no pudieron habitar la nueva casa que construyeron los nietos, pues ya no quedaban rincones ni lugares sin destino o uso específico donde ocultarse o jugar con los habitantes al escondite, y tuvieron que emigrar, unos a un barrio pobre y marginal del centro, y otros a una semiderruida casa en el pueblo.

A las gentes que las habitaban, los rostros se les fueron volviendo cenizos porque en aquél espacio no era posible soñar y así se les olvidó lo que era tener otros intereses e ilusiones que trabajar para ganar dinero, poder conducir un buen coche para ir a comprar al hipermercado (nuevo símbolo de la modernidad “democrática) y ver un concurso en la televisión o un partido de fútbol el sábado por la noche cuando los hijos mayores ya se han ido a la discoteca y los pequeños están durmiendo, soñando con un juego de ordenador, donde se trata de matar al mayor número de terroristas posible.

Mientras el profeta de la geometría, que había predicado la pureza del “menos es más”, contra lo que consideraba las telarañas de la historia, vivía y moría en Chicago, fumándose los puros habanos de siempre, en un gran apartamento barroco y antiguo del centro, cargado de objetos y de recuerdos y rodeado de sus propios fantasmas.